jueves, 17 de noviembre de 2011

DELIRIUM


Me llamo Esteban. Tengo cincuenta y cinco años, vivo solo, completamente solo. Soy un alcohólico. Dije que vivía solo, mentira. Vivo con mi única compañera mis botellas de whisky, de ron, de brandy, la que tenga más a mano. Una vez lo tuve todo, mi estudio de arquitecto, mi mujer Joanna, mis hijos, Corina, Alejandro y Sebastián. Eramos la típica familia feliz, ideal, eramos la envidia de todo el mundo; pero ya se sabe que eso es una falsedad, una falacia; no hay parejas ideales, ni el amor es eterno. Bueno, ya sé, lo confieso , la culpa fue mía, metí la pata, un día conocí a Vera, y todo se fue al carajo; de eso hace una eternidad, toda una vida se ha ido, diez años, mis hijos ya son unos hombres, mi hija una chica hermosa, casi no los veo, la madre desde que nos separamos les calienta la cabeza de este "monstruo" que la hizo infeliz, que le arruinó la vida. Seré una porquería me imagino, ¿seré el único que ha metido la pata? ¿el único que le ha metido los cuernos a su mujer? No soy Superman, ni San Francisco de Asís, soy Esteban a secas, empinando el codo todos los días. Vera me volvió loco, lo asumo, era la mejor amiga de Joanna... la puta, sí, metí la pata, me tuve que ir a enamorar, mejor dicho a calentar, porque fue una calentura, nada más, lo juro, me fui a fijar justo en su mejor amiga, Vera era algo despampanante, una diosa, con un cuerpo escultural, hacía tiempo que yo sentía que me miraba, a veces estábamos sentados en la mesa y disimuladamente hacía gestos sensuales que me hacían sudar frío, se pasaba la lengua por los labios, se llevaba la frutilla a la boca, se pasaba los dedos por los senos, ay .... no pude soportar más esas insinuaciones.... terminamos en un motel y repetimos varias veces las escapadas; vaya amiga que tenía Joanna....

Y así fue como empezó el principio del fin. Mi mujer, bah, mi ex, nunca se acostumbra uno, mi ex al fin se enteró, no sé cómo, si nos vio, si se lo contaron, total que un día me vi con las maletas en la calle. Le pedí perdón hasta el infinito, lloré como un chico, no hubo caso, me mandó a la porra; Vera por supuesto se hizo humo... Y así llegué hasta acá, a esta cueva oscura que tengo de apartamento. Perdí la noción del tiempo después del divorcio, porque por supuesto mi ex presentó la demanda al día siguiente. Le tuve que dejar la casa, mi auto, me quedé sin nada, solo con una depresión brutal. Como todos los divorciados. Yo la quería, de estoy seguro, algo la quiero todavía, pero no sé que me pasó. No tengo perdón, lo sé. Para colmo en el trabajo estoy casi arruinado, esa es mi vida, sin un motivo para seguir , para luchar, yo solito me cavé la fosa, así es como llegué a donde estoy.

Ahora estoy en este túnel sin salida, al cual ni idea como llegué, excusas no me faltaron, ¿en dónde, en quién podía ahogar tanta amargura, aflicción, impotencia, remordimientos? Nunca había tomado mucho, solo en fiestas, pero así es como se empieza, una copa un día, dos otro día, tres ... y así sucesivamente. Quise dejarlo una vez, fui a la triple AAA, estuve como una semana, no probé un trago en ese tiempo, pero no aguantaba, la mujer que limpia me escondió las botellas para que no cayera. No soporté, me fui a un bar, le pedí una copa al barman, me la llevé a los labios para sentir el olor a whisky, empecé a sudar, las gotas se asomaban a mi frente, me temblaban las manos, me la llevé a los labios para remojarme un poquito, y probé... Al carajo AAA, me lo empiné todo, después otro trago, después otro, le pedí al tipo la botella. Así reinicié mi romance con el alcohol. De eso hace como un año, hoy soy un cero a la izquierda, no tengo voluntad ni para lavarme los dientes. Me desayuno con ron, almuerzo con vodka, ceno mezclando todo, hasta perder el sentido. De vez en cuando me traigo alguna zorrita para tener un cuerpo de mujer a mi lado, y después que se va me quedo con la botella que tiene también cuerpo de mujer, me calienta más. Pero de un tiempo a esta parte me suceden cosas raras, oigo voces extrañas, a veces veo bichos raros, inmundos, que caminan por la pared, por el cuarto, salen de la poceta del baño, me subo a la cama y ni loco me bajo de ahí, les tengo pánico, pero siento que quieren subirse. Voy a gritar, quiero gritar, pero no puedo, se me cierra la garganta, me paraliza el terror, el asco, la muerte.

Ahora mismo que estoy pensando en todo esto, que está saliendo la luna, que todo se va tornando oscuro, me entra ese pánico, ese miedo frío que me sube por la punta de los pies hasta los ojos; me quiero esconder en alguna parte, este lugar me aterra, todo me aterra, no quiero entrar a mi cuarto porque seguro que ahí están las arañas, los alacranes, las cucarachas, las víboras, tengo terror de estar solo, tengo terror de mí mismo. Y ahí esta la botella esperándome en la mesa, en un bar, en una vidriera, ella depende de mí como yo de ella, haciéndome insinuaciones de puta, contorneando su cuerpo lleno de líquido tibio, de alcohol, ofreciéndome el sexo de su pico para chuparlo, saborearlo, y hacerla mío. Sabe que la necesito, que no puedo vivir sin ella, si la dejo vuelve, me encuentra en cualquier esquina, en cualquier bar, me sigue, no me dejará en paz nunca, me robó la voluntad de vivir, de trabajar, de sentir. Sabe que soy un cobarde, un miserable, un fracasado, un bastardo, que se arruinó la vida, que se la arruinó a los demás, sabe lo que soy, que soy algo nulo, sabe que soy Esteban a secas, ahogado en litros de caña, sabe que soy una basura, un alcohólico...

viernes, 9 de septiembre de 2011

DEL PASADO


Ahí estaba otra vez frente a ti, viéndote a través de la bruma de los años, como si no hubieran pasado, tuve miedo de saber que todo aquello ya estuviera muerto. Te miraba hablar y comprendí tantas cosas, toda una vida pasó frente a mí, como una película. Recordé el día en que te dejé, el día que te dije adiós, dejándote parado en el umbral; me fui casi corriendo, tragándome las lágrimas, te dejé porque entre nosotros estaba todo dicho...eso pensé aquel día. Me alejé, y fue la mayor estupidez. ¿Cómo saber que lo comprendería quince años después? Allí estabas, tú, el hombre de mi vida, con el que escribí una historia, al que quise, al que amé, al que perdí... El que los años regresaron, quien sabe por qué. Lloré intensamente por ese tiempo que se fue, el que desperdicié por ir tras ilusiones, tras sueños estúpidos, de los que solo recogí mala siembra.

Hubiera querido detener ese momento, esas pocas horas que podía estar a tu lado; siempre fue así, las horas siempre han sido cortas para estar contigo, y el tiempo de esperarte fue eterno. Tu beso no se hizo esperar, ese beso dulce de antaño que abordó mi boca, que me hizo revivir el primer beso que me diste, ¡aquel beso! sentí el sabor de tu amor, ese que estuvo siempre para mí, seguías siendo tú, el de un pasado extinto que volvía a despertarme; ¡siempre tú!, ¡siempre tú en mí!. Ni los años, ni el olvido te vencieron. No pude eternizar el beso, tuve miedo de descubrir que aún te amaba, que te había perdido por nada... Y ya es demasiado tarde para mirar al futuro, quizá me quede esto solo de ti, un reencuentro que me hizo llorarte aún más, amor de mi pasado.

Fuimos caminando esa tarde y tomaste mi mano, así como lo hacías antes, fue una pequeña felicidad que retornó, que me hizo sentir viva nuevamente; en estas horas muertas y desoladas a las que regreso siempre, todavía el calor de tu mano y la calidez de tu boca, me recuerdan que estoy viva, mas no puedo evitar tragarme otras lágrimas. Ya estoy aquí de nuevo, a setecientos kilómetros de distancia, queriendo rescatar esas horas, pero ya ves, el destino siempre me aleja de ti, solo me deja la angustia de no saber si te volveré a ver. Quizá por eso algún día me fui, porque todo siempre fue así... Encontrarte, perderte, reencontrarte, volver a perderte. Y el corazón se desangraba con esas heridas de tus ausencias.

Del pasado y al pasado te me vas, allí incólume te quedas, esperándome tú a mí, y esperándote yo, porque esta vez no me voy; me quedo a la espera de otro reencuentro que me devuelvan tu beso, tu voz, aunque no vuelvas, aunque me eternice esperando, en ese pasado vivo y muero junto a ti, oyendo el sonido de un vals, el que me unió a ti, mi amigo, mi amante, mi compañero, mi amor. Es poco el tiempo que nos queda, solo nos acompaña el recuerdo y las horas de un pasado que vuelve a hacerse hoy. No querré irme de ti, nunca más, eres...eres... sigues siendo... te llevé oculto, hoy quiero sacarte a la luz, que sepa todo el mundo lo que eres... un pasado dormido que hoy revive mi corazón, que hoy regresa a mí por esas cosas incomprensibles de la vida, no te irás al ayer, lo sabes y lo sé, no te irás....

martes, 14 de junio de 2011

DEMENCIA


Desde cuándo llegué hasta este lugar, ¿ayer? ¿hace cuánto? No lo sé, ya perdí la noción del tiempo, no me acuerdo de nada, estoy encerrada en un cuarto blanco, todo blanco, no hay ventanas, ni puertas, ni muebles, solo una luz encandilante que proviene del techo. Estoy sola, absolutamente sola; trato de caminar algunos pasos, no sé para qué, no tengo adonde ir. A veces grito fuerte, para que venga alguien, pero nadie me oye. Si existe un infierno debe ser como éste, donde las horas están atrapadas en el tiempo, como un reloj dibujado en la pared; un infierno blanco donde no hay ayer, ni mañana, ni antes ni después. Por qué estoy aquí, nadie me lo dice, solo oigo mi voz, como si en este mundo solo existiera yo. Quisiera dormir, cerrar los ojos, pero una luz incandescente, sin cesar, me encandila, me tortura, mantiene mis párpados abiertos; ¡quiero salir de aquí! ¡ayúdenme! Nadie viene, nadie oye; pateo las paredes, quiero clavarme las uñas, arrancarme el pelo, me desespero… pero algo me sujeta, me contiene; quisiera verme en un espejo, saber como soy, a lo mejor me recuerdo. Mi mente está en blanco, no tengo memoria; no sé si soy hombre o mujer, si tengo un pasado, que fecha nací, de donde vine. Nadie hay que me responda. Soy una cosa, un ente, un ser vivo o tal vez muerto. Grito nuevamente desesperada, pero dentro de mí, me odio, me detesto, si hay Dios dónde está, para salvarme de este limbo eterno, de este túnel blanco sin salida. Quiero arrancarme las entrañas y no tengo manos, no me las veo, están mutiladas… este lugar es asqueroso, fétido, quiero vomitar, quiero ver otros colores, estoy harta de blanco, blanco, blanco; voy a vomitar sobre mí, quiero huir de aquí, correr, correr, correr, traspasar las paredes, que termine esta pesadilla sin fin; si estoy muerta quisiera estar enterrada mejor con los gusanos devorándome. Un incipiente terror se apodera de mi mente, ¿y si estoy viva? ¿Y si estoy loca? Jajajajajajajaaja, eso debe ser, me lavaron el cerebro, me encerraron aquí perennemente. Voy a seguir gritando, aullando a la nada, al silencio, ¡la puta que los parió! No acabará este silencio, esta muerte en vida, enterrada viva en esta cárcel blanca, estoy cansada, agotada de gritar, de implorar, me acostaré ahora acurrucada como un feto, como un ovillo, ya no me moveré más, no quiero saber más, mi mente quedará en blanco…

HOJAS DE OTOÑO



jueves, 19 de mayo de 2011

EL PERDÓN




Perdonar es de humildes y es de grandes,
es saber reconocer que estamos equivocados,
es poder hacer nuestro orgullo a un lado;
perdonar es arrancarnos la altivez, la soberbia
y olvidar sinceramente los rencores pasados.

Pedir perdón a Dios es lo primero 
para que El nos perdone
y seamos capaces de perdonar luego.
Quien sea capaz de llevar en sus labios
esa palabra que nos cuesta aprenderla,
nunca tendrá un corazón duro,
pedir perdón y perdonar nos hará buenos seres humanos.

Pedir perdón engrandece el corazón,
porque es humillarse, no arrastrarse,
ante el amigo que ofendimos,
pedir perdón se hace difícil
cuando dejamos que el tiempo pase
y la grieta del rencor se hace grande.

Que el orgullo no nos separe de nadie,
que no se nos haga demasiado tarde,
para correr con los brazos abiertos,
y dejar que las lágrimas escapen
cuando con un murmullo aflore
de nuestros labios la palabra contenida
Perdón....perdóname

Tanto tenemos para perdonarnos,
porque al fin todos somos iguales,
con los mismos odios, las mismas pasiones,
Perdonar a quien nos destrozó,
a quien volvió un infierno nuestra vida.

Perdonar y olvidar deben ir juntos
si no sabemos cómo hacerlo
que solo mirar el crucifijo nos baste;
oigamos al Señor Jesús decir:
"Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen"

martes, 1 de febrero de 2011

QUIERO VIVIR







..."Por eutanasia, en sentido verdadero y propio, se debe entender una acción o una omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor"; esta acción constituye siempre "una grave violación de la ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana" Juan Pablo II. Encíclica Evangelium Vitae.


sábado, 15 de enero de 2011

MORIR POR AMOR



Se conocieron en una tarde de lluvia, en una esquina, él le ofreció su paraguas para acompañarla hasta la parada del autobús; y al mirarse una chispa se encendió, sonrisas, el roce de las manos; Ivana, de ojos negros inmensos, lo cautivó; Alberto, no podía dejar de mirarla, ella bajaba los ojos, un poco avergonzada; mientras hablaban de cosas sin importancia, mientras la lluvia cantaba una melodía de romance nuevo, un hombre y una mujer escribirían otra historia de amor anónima, corriente, mezclados entre la gente, nadie parecía notar que debajo de un paraguas, entre murmullo de besos dos prometían quererse, anhelarse, amarse.

Después de una semana Alberto la llamó, ella aceptó, salieron a tomar un café, a hablar, a conocerse; sentados en la mesa de una confitería, entre café y café, no fue necesario hablar demasiado, solo querían mirarse, fascinados el uno con el otro. El rozó sus manos con una caricia suave, Ivana sintió la primera sensación de un deseo que prometía consumirla. Ella le devolvió la caricia pasando sus dedos por el rostro de ese hombre que la derretía con sus ojos, con el movimiento de sus labios que la besaban sin tocarla. No hablaron mucho más, salieron de allí perdiéndose en la noche estrellada, mágica, el mundo era de ellos. El amor vibraba en los árboles, en las aceras, en las plazas, tomados de la mano caminaron hacia donde el deseo de estar juntos los llevara. Alberto pidió un taxi, al acomodarse, él sin pensarlo y sorprendiéndola le robó el beso tan anhelado, la devoró con su labios, con su lengua; Ivana no podía casi respirar, pero qué importaba, él, su amor, sería su aliento, su oxígeno, desde ese momento supo que ya no podría vivir sin su hombre.

Así amanecieron en un cuarto tibio, desnudos, amándose, deleitándose entre caricias toda una noche, palmo a palmo conocieron sus cuerpos, cada poro de su piel, la chica ya lo amaba, no era virgen, pero había sido como la primera vez, fue suya en una entrega desesperada, que colmó sus ansias todas, se sintió mujer como nunca se había sentido. Le hubiera gustado saber como había sido para Alberto, que había sentido, pero él no decía nada, solo la volvía loca recorriendo con su boca todo su cuerpo. Después sintiendo la placidez de una noche de sexo, exhaustos, descansaron abrazados, mientras fumaban y se miraban con ternura.

El tiempo pasó, los encuentros dejaron de ser tan consecuentes, Alberto no la llamaba mucho, pero Ivana lo extrañaba, sentía celos, tristeza, miedo de que no la quisiera, -¿me dijo alguna vez que me quería, que me amaba?- ese detalle siempre la atormentaba, como un gusanito carcomiéndole el cerebro. A veces iban a comer pizza, al cine, y después terminaban haciendo el amor, pero ya no había esos besos robados, esa locura, esa magia, eso que la enamoró. Ivana sufría, en ella sí crecía ese sentimiento devorador, inquietante, poético, eso que llaman amor… A solas cerraba sus ojos y acariciaba su piel soñando que Alberto la llenaba, la desbordaba, la penetraba. Cuando despertaba, solo veía la soledad de las paredes, esa soledad de su apartamento en el 10º piso y el teléfono… el teléfono, callado, mudo… ¿Acaso había terminado todo así? No, no lo permitiría, así no, sin una palabra, sin una explicación. Hacía más de un mes que no la buscaba. Otra gusanito que la carcomía… nunca la llevó a su casa, nunca le presentó a su familia. Se sintió estúpida, insignificante, buscó en su agenda el número de Alberto. Pensó un poco si haría bien, se decidió y marcó 724.2887. Comenzó sonar el teléfono, sintió que el estómago se consumía de nervios, de angustia. –Aló? (atendió una mujer) – Por favor con Alberto - - No, no se encuentra, quién lo llama? – Es Ivana, una amiga- - Cuando él venga le daré el mensaje- - Con quién hablé si me disculpa? , dijo Ivana–. Contestaron del otro lado: - Yo soy la esposa.-

Ivana sintió que todo le daba vueltas, estaba mareada, un sudor frío corrió por su frente; era casado, casado, casado, casado. Lo repetía sin cesar. Casado, casado, casado. ¡Hijo de puta, miserable, bastardo, cabrón de mierda.! ¡Te odio, te odio, te odioooooooooooo!. Pronunció ese te odio que lleva todos los te amo, todos los te adoro, pero que nunca jamás sería odio. Buscó culparlo, pero sabía que ella se había confiado desde el principio, había dejado seducirse, ella lo quiso así, sin preguntas, ni explicaciones. Porque así es el amor, no permite esperas, se dejó caer en la vorágine de los boleros, de la cama, de la piel, de los orgasmos, quiso ser suya a pesar de lo que fuera. El después nunca se lo preguntó.

El después era este ahora desolado, esta realidad sin salida, solo quedaba olvidarlo. Olvidarlo? ¿Cómo? ¿Cómo se arranca de una vez lo más hermoso, lo más sublime? ¿Cómo reconocer que todo era una mentira, una burla? Que solo fue usada o que se dejó usar. Qué importaba, todo era lo mismo. Si al fin y al cabo no quedaba nada más que la estela de ese dolor. No quiso salir más, no fue al trabajo ese día, ni al día siguiente, ni al otro; no quiso atender el teléfono, ni la puerta; se tendió en la cama a inundar la almohada de lágrimas, de un llanto incontenible; bastardo ¿por qué? ¿por qué? - Yo te quería, yo te amaba – sentía como agujas clavadas en la cabeza, en la espalda, todo era un solo dolor; obnubilada de tristeza, de desesperanza. Sabía que nunca más la llamaría. - Cobarde. Traidor. Mentiroso. Pero yo te quiero ¿me oyes?. Yo si que no te podría olvidar. No me dejes. Vuelve a mí. Suena maldito teléfono, suena–. Todo fue silencio, olvido, despecho, el final. Le faltaba la respiración, el aire, la noche estaba oscura, cerrada. Alberto era una farsa que terminó sin un adiós, sin una llamada. Porque así obran los cobardes. Los que quieren tener una doble vida. Los que viven de la mentira, del engaño. El mundo de Ivana se hizo añicos allí en ese oscuro apartamento de un décimo piso. No pudo pensar más. Vivió por su amor, moriría por su amor.

Se asomó al balcón, miró los autos, la gente que se veían como bultos pequeños, era un sábado, un triste sábado para no creer en nada ni en nadie. Miró los edificios, los carteles luminosos. Ocho y cuarto de la noche. Buena hora para morir, para olvidar, para dejar de pensar, para dejar amar imposibles, para no ser más. Un cielo oscuro con luna menguante fue lo último que quiso ver. Se trepó por la baranda. “Adiós mi vida, no quiero vivir sin ti”. Se paró sin querer mirar hacia abajo. “Algún día sabrás lo que es morir por amor”. Abrió sus brazos hacia arriba, como queriendo alcanzar el cielo y cerrando los ojos saltó…