sábado, 9 de julio de 2011

CRISTO DE MIS CALLES


Hacia donde Tú vayas, Señor
querrán seguirte nuestros corazones,
por esas calles sucias y oscuras,
donde habita el dolor y el hambre,
por esos callejones donde muere un niño,
donde una mujer es violada o maltratada
o un joven se pierde drogadicto;
en donde quiera esté tu cruz
en una habitación, en un hospital,
en un cerro alto, en una iglesia,
en un pecho, en cualquier lugar
allí quiero ponerme a tus pies
y llorar contigo tu dolor por el mundo,

¿Por qué lloras así Señor?
Llorarás por tanto y por tantos,
por esos niños asesinados, violados, abortados
por la violencia que impera por tus calles,
por ese libertinaje que corrompe,
por esas prostitutas que se venden a cualquiera,
por esos homosexuales que se casan,
por esos padres divorciados
por este mundo hipócrita
que convierte la verdad en mentira
y la mentira en verdad,
por todos los que no creen en ti,
por tus lágrimas que inundan este valle
por cada pecado cometido,
por todas las Evas y Adanes
por todos los Caínes que matan a sus hermanos.

No terminará nunca tu llanto
para ofrecernos tu amor salvador,
para hacernos comprender
que mientras somos felices
alguien cercano o lejano sufre;
que no todo en esta vida es disfrutar,
que nos toca también el sufrimiento,
que estamos ignorando a quien nos necesita,
que juzgamos con dureza,
¡qué poco humanos somos!

Mientras tú lloras, Señor
las lágrimas de tus clavos y de tus espinas,
del martirio de tu crucifixión,
tu llanto por este mundo sin fe
de nada parece que sirvió;
los hombres se ríen, viven de espaldas a Dios,
creyendo que están construyendo un mundo mejor,
rindiéndole culto a otros dioses, sirviendo a dos amos,
cegados por la mentira, por la codicia,
por la ambición, por tiranos,
y viviendo en las tinieblas del ateísmo.

Tu llanto rueda por las empedradas calles
y nadie lo nota, ¡nadie!
cada quien ve para sí mismo:
el rico en su riqueza,
el sabio en su soberbia,
el gobernante en su corrupción
el ateo en su negación,
el religioso en sus dudas,
y así se acumulan los pecados, las ofensas,
las blasfemias del hombre contra Dios.

Llora Cristo de mis calles
tus lágrimas de Redentor,
que junto a tu Cruz bendita
nuestras lágrimas se mezclen
junto a tu tristeza de Dios solo y olvidado;
llora por este mundo injusto y pecador,
por este infierno que nos tenemos merecido
pero que aún así nos das la misericordia del perdón,
junto a tu llanto vertido por cada pueblo,
por cada oveja perdida de tu rebaño
que espera de ti su salvación.

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