martes, 29 de diciembre de 2009

MUY ADENTRO...


Obra: "Il celeste fa Madonna"Pintura de la artista italiana Virgilio
Tante grazie Virgilio per la tua colaborazione. Abbracci


Del tiempo van cayendo 
las hojas de mi vida, 
una por una 
haciéndose recuerdo, 
evocación, nostalgia; 
van dejando la desnudez 
de los días, de las horas 
que no han de volver; 
lágrimas cristalizadas 
en el ayer azul y lejano, 
el corazón casi apagado 
va deteniendo su marcha 
después del viaje 
siempre la hojarasca 
va cubriendo el camino, 
va sepultando el pasado. 

Horas repetidas, monótonas 
sumisas al tiempo cruel 
que no deja nada, 
muriendo en el vacío 
de la oscuridad,
 
solo queda tu voz 
quebrando el silencio, 
ayer fuiste el alba 
de un soneto de amor 
acariciando mi alma; 
hoy te borró el olvido, 
las hojas de ese almendro 
crujen marchitas 
y me dueles aún 
muy adentro.... 

en la piel, en los huesos, 
en el hoy de horas moribundas, 
en ese instante que no fue, 
en cada partícula 
de este cuerpo me hiere 
tu ausencia que arrebata 
otro anhelo de ti; 
me sigues doliendo 
más que nada en el beso 
que deseé de tu boca, 
.... el dolor me divide, 
me hace trizas, ya no más... 
ya no más revivir esas horas 
del ayer que está muerto.

lunes, 14 de diciembre de 2009

ESTÁ CERCA NAVIDAD


QUIERO HACERLES LLEGAR MIS MEJORES DESEOS EN ESTAS FECHAS. QUE ESTA NAVIDAD NOS ENCUENTRE UNIDOS CON NUESTRAS FAMILIAS, ESPERANDO EL NUEVO AÑO. DIOS LOS BENDIGA. UN ABRAZO DE QUIEN SIEMPRE LOS LLEVA EN SU CORAZÓN, MARIA JOSÉ 

lunes, 30 de noviembre de 2009

EL CANTO DE DIOS




Lo espero cada amanecer, cuando aún no han salido los primeros rayos del día, sé que vendrá al árbol de mi patio a abrir el alba con su dulce melodía; jamás lo he visto, será tan pequeño; en su rutina diaria escondido entre las ramas de los árboles, quiebra el silencio con su trino, con el único acorde del viento que mece las hojas, el canto con que la madre natura nos obsequia, vestido de su plumaje escondido a mi vista; su canto acaricia mis oídos en múltiples tonos, que se van haciendo oración cuando se abre la bóveda celeste, no hay música comparable a la suya; generosamente me deja participar de su sinfonía matutina, para que juntos demos gracias al Altísimo que nos deja contemplar la belleza de la alborada, con los rayos del sol que comienzan a dar color a las flores aún dormidas, a las hojas húmedas del rocío de la noche, a las lagartijas que caminan sobre la tierra; su suave piar describe sin letra la poesía de la naturaleza, de la tierra, del mar, es un canto celestial como serenata de Dios, de los ángeles, que vacía el espíritu de soledad y de tristeza. 

De repente calla, come de los frutos y va de rama en rama, por última vez da el trino final de su jornada; extraño su himno cuando se va con la tarde, antes de que se vaya lo despide mi corazón acongojado como si no fuera a oírlo más. Su cántico suave, melodioso invade toda la casa, es una alabanza al cielo, a su Creador que lo viste como a los lirios del campo, mi pobreza se consuela viéndome como él, sin nada, sin nadie y quiero glorificar el día que comienza; él en su pequeñez, alaba la tierra, tiene el don más preciado, su libertad, que lleva a las alturas. Y trae en sus alitas otros recuerdos del ayer, de mi niñez, de la casa adonde llegaban otros pajarillos a picotear, a revolotear, a posarse en la ventana cuando la guitarra de mi madre era también una alabanza de amor en sus manos. 

Al sentirlo mi pensamiento lo sigue y mi espíritu pleno se regocija y asciende hacia el manto celeste que nos cobija; ese hermoso pajarillo que necesita tan poco para ser feliz, solo ir y venir en el verde ramaje a la hora más temprana, en su belleza, en su piquito que se abre y se cierra para cantar en diversos notas sin pentagrama, Dios se hace presente como en todas las cosas, grandes y pequeñas; se mezcla en la brisa y gorjea dulcemente por su corta existencia agradecido al Señor, por sus alas diminutas que van y vienen sin rejas, sin frontera; nosotros débiles criaturas mortales buscamos la felicidad material y egoísta, sin aprender a ser libres, sin apreciar cada gota de vida que respira en nuestros pulmones, desagradecidos con el Altísimo y con su Obra. 

Cuando vuelve nuevamente mi pajarillo a posarse en el tupido árbol, a regar el suelo de las semillas que dispersa, la soledad se esconde para que la alegría de paso a la claridad, al sol, a las florecitas rojas, a los helechos que penetran a través de las rejas y lo recibe mi melancolía, por no poder descubrirlo nunca; criatura bendita que llena de gozo la vida, las nubes y el infinito azul. ¡Cuánto lo extraño ya! Ruiseñor de mis penas, calandria de la lejana patria, hornero de esa pampa verde, en él están todas las aves del cielo, volando y reverdeciendo como una primavera a mi alma gris y solitaria.

viernes, 27 de noviembre de 2009

GITANO



Gitano mío de mi lejana Sevilla,
quien sabe donde estarás ahora
desde esa vez que te fuiste,
desde esa vez que mataste

mi corazón poco a poco,
desde esa vez que te llevaste
contigo toda la vida mía
moreno de mis entrañas.

De luto entero vestí mi cuerpo
de gris las horas de mi destino
de sangre teñí el verso y mis sentidos
de negro la soledad y el alba

Moreno de mi Andalucía maja
de mayo eran tus ojos avellana
por quien agitado suspiró mi pecho
Octubre era la última vez que te vi

diciéndome un adiós, un hasta siempre
dejándome desolada sin tu querer,
en un beso que borró el ayer,
después fue el dolor, después la muerte.

Gitano mío cada octubre te despido
para que el recuerdo te traiga y te lleve
para pintar de luto otra vez el corazón;
de rojo y de faralao me visto yo

para cantarte el cante jondo
de mi triste penar, de la desdicha
que ocultan los octubres y los mayos
gitana quiero ser, serrana soy

en el fondo del alma y con tó el corazón
porque un trozo de ti nunca se fue
porque contigo está mi entero ser,
y esta vida que se va sin volverte a ver.

“¡Ay ay ay pena, penita, pena
a Sevilla quiero ir,
a la Giralda llegar,
al parque de María Luisa
y a la Macarena rezarle
para pedirle que por allí pase

el moreno de mi alma!”

RECOGE MIS LÁGRIMAS



27-NOVIEMRE. EN EL DIA DE LA MEDALLA MILAGROSA: 

"Este globo que has visto es el mundo entero donde viven mis hijos. Estos rayos luminosos son las gracias y bendiciones que yo expando sobre todos aquellos que me invocan como Madre. Me siento tan contenta al poder ayudar a los hijos que me imploran protección. ¡Pero hay tantos que no me invocan jamás! Y muchos de estos rayos preciosos quedan perdidos, porque pocas veces me rezan". 

Mensaje de la Santísima Virgen en su aparición a Santa Catalina Labouré. 

Madre de Dios a ti acudo 
para consolar mi angustia, 
para dejarte mis lágrimas y ruegos 
en este día que me acongoja. 

Hoy que siento mi fe hundirse 
no dejes quebrarme ni dudar, 
no me abandones en la soledad, 
a Ti María sin pecado concebida, 

En tu manto permíteme cobijar 
mis penas y mis tribulaciones 
junto con todos los que te rogamos 
en este hondo valle de lágrimas. 

Oye en esta hora nuestras súplicas 
especialmente por los incrédulos, 
por los pobres, por los más necesitados 
por nuestras familias desunidas 
por la paz que necesita el mundo. 

Por los niños, por los jóvenes 
por todos los pecadores, 
por los ancianos y enfermos 
por aquellos que no creen. 

Por todos los moribundos, 
y las almas que están perdidas 
que los rayos de tus favores 
toquen nuestros corazones. 

Protégenos bajo tu dulce manto 
no nos dejes caer en el abismo 
A Ti María, Reina de los Apóstoles 
Madre de Dios y de cada hombre. 

Acudo en la zozobra que me sacude 
porque en mi alma no hay otro lugar 
nada más que en tu Amor infinito 
para verter mi desconsuelo y mi llanto. 

Gracias María, Madre del Salvador 
Auxilio de los cristianos, Estrella de la mañana, 
por darnos tu amparo y consolación 
Rogad por nosotros que recurrimos a Vos. 

Especialmente pido en este día por mis amigos lejanos, por sus familias, por sus intenciones, que la Santísima Virgen escuche sus oraciones. Amén
CUERPO INCORRUPTO DE SANTA CATALINA LABOURÉ

viernes, 20 de noviembre de 2009

TRAS LAS HUELLAS - 1er CAPITULO


Dedicado especialmente al doctor Julio César Tagle (Jotacet) amigo entrañable y poeta admirado de estas páginas, a mi querida amiga y poetisa Amalia Rodriguez Perez (Ebelim) y a la perra "Furia" consentida de mi estimadísimo amigo Paulino Sevilla, quienes fueron fuente de inspiración para este cuento; tenía pensado hacer la dedicatoria al final de este cuento de cuatro capítulos, pero para evitar malos entendidos vaya esta dedicatoria al principio. Gracias Jotita, Gracias Chiqui, Gracias Pauli, Gracias Furia por acompañarme en este nuevo reto. Los quiero.

17 de Enero, 2:15 pm 

El teléfono no dejaba de sonar, a esa hora casi todos se encontraban almorzando. El edificio de la central de policía contaba con más de cuarenta empleados; ese día de verano, la oficina de investigación criminalística parecía arder de calor, no funcionaban los aires acondicionados, los teléfonos de los escritorios parecían el paroxismo de la locura, sonando todos a la vez; Ebelim una de las secretarias de los detectives del departamento llegó corriendo a atender el teléfono del escritorio de su jefe, secándose el sudor del cuello, atendió extenuada, la voz del otro lado de la línea transmitía mucha angustia. 

- Aló? Central de Policía de Puerto León, quien habla por favor? 

-¿Se encuentra el detective Pinzón? – era la voz de una mujer - 

- Lo siento, bajó hace media hora, fue a almorzar, ¿quién le llama por favor? 
- Disculpe es personal, le dejaré mi teléfono para que me llame. Le ruego no se olvide, es muy importante, muy importante… 

- Sí señora le daré su recado, por favor espere un segundo que buscaré donde anotar… Ya, dígame el número. 
- 0428 688 69 76 - Le agradezco - dijo al terminar, y colgó. 

- Hola! Hola! Señora! Jesús, cuánto misterio! 

Víctor Tagle, otro de los policías entró trayendo en las manos unas bolsas de perros calientes y unos refrescos. Puso todo encima de su escritorio atiborrado de papeles y órdenes. 

- Ebelim aquí tienes tu perro y una seven-up, no me debes nada, gracias. 
- Qué pesado eres!, la verdad no tengo mucha hambre con este calor agobiante. 
- Qué ha pasado por aquí, alguna novedad? ¿Donde están las otras secres?, ¿no piensan venir a trabajar? Carajo! esto es el infierno, esos teléfonos no paran. 
- Atendí un llamado para Pinchi, era una mujer muy misteriosa, solo dejó su teléfono.
 

-Bueno, cuando vuelva que la llame. Cielo, por favor le puedes llevar al dire estas órdenes, me olvidé de hacerlas firmar. - ¿Si? Gracias 

- Está bien, dame acá, ummmm ¡Qué pesado eres! Pero hazme el grandísimo favor, hazte cargo de este pandemonium. ¿Sí? Gracias. 

A la media hora llegó Pinzón arrastrando los pies, secándose el sudor de su frente, era un tipo de baja estatura, ojos color café, con dos entradas muy marcadas en su cabeza gris, no muy gordo, pero su barriga de cincuenta años le daba apariencia grotesca. Llegó a su escritorio atiborrado de notas, carpetas y papeles, vio la nota con un teléfono sobre su escritorio. Se quedó extrañado. -¡Ebelim! ¡Ven aquí! 

-No está Sargento, la mandé con el dire para que me hiciera firmar unas órdenes. Gritó Tagle desde su silla. 

-¿Y no podías ir tú? ¿Quien te ha dado atribuciones para meterte con mi secretaria?, la próxima vez resuelve por ti mismo, pedazo de alcornoque. 

-Bueno Pinchi, no se sulfure. Fue solo por esta vez, quería almorzar no tuve tiempo. 

-¡Sargento para ti! Y otra vez vete a comer más temprano, el olor a cebolla de tu perro me dan ganas de vomitar.
 

Tagle pensó para sí –“no está en su mejor día al parecer”  sí mi Sargento, lo que Usted diga mi Sargento- Pinzón lo miró con cara de odio. Deseaba que terminara este día, que arreglaran esos malditos aires, deseaba que llegara el otoño, el calor en ese pueblo mataba a cualquiera. ¿Cuándo vendrá esa mujer? Si tarda un poco más le bajaré el sueldo. Pobre chica, no la culpaba, tenía que aguantarle todas sus amarguras de poli fracasado, de hombre a punto de divorciarse. Este verano además de agotador, prometía ser aburrido, rutinario. 

Del ascensor salió Ebelim, una mujer solterona de treinta y siete años, típica muchacha de pueblo, que todavía esperaba su príncipe azul, de apariencia impecable, con su blusa blanca, falda azul y su pelo recogido en un simpático moño. 

-Ebe, mujer no puedes abandonarme así, mira lo que es esto, los papeles ya me llegan al cuello. Así no se puede trabajar, cuántas veces te he dicho que no le estes haciendo favores a ese carilindo de Tagle, que lo que menos ganas tiene es de ser policía ¿Qué es esta nota? No entiendo nada, un teléfono ¿de quién? Cristo! Ya me estoy cansando. 

-Pinchi no te enojes, sí, tienes razón, la culpa fue de Tagle, me envió a hacerle la segunda, pero es la última vez, te lo prometo, enseguida ordeno todo. Hace como una hora y media llamó una mujer, preguntó por ti, solo dejó su teléfono, ah! Y que era muy, muy importante. Solo eso. 

- Y no le preguntaste quien era? Como se llamaba, dónde vivía? ¿A que hora llamó? 
- Ay no Jefe, lo lamento!, le quise preguntar y colgó demasiado pronto. Serían las dos y veintiocho. 

- Ya, olvídalo, entre tú y Tagle me mandarán al manicomio un día de éstos. Llamaré a ver qué demonios quiere esa mujer. ¿No ha llamado mi hija? 

-No jefe, no he atendido ningún llamado de Mónica. Lo lamento.
 

A Pinzón se le oscurecieron un poco los ojos, su hija era lo que más quería en este mundo, era lo único que tenía, para Moni a sus diecisiete años le era difícil aceptar el divorcio de sus padres. Casi no podía verla, entre el trabajo y su mala relación con su ex, se le imposilitaba cada vez más hacer tiempo para ella. Marcó el número 0428 688 69 76, sonó varias veces, hasta que salió la voz de una grabadora –Por favor no puedo atenderlo, deje su mensaje y devolveré su llamada a la brevedad- “Soy el Sargento Enrico Pinzón, estoy devolviendo la llamada que usted me hizo a la estación de Puerto León”, colgó después con fastidio. Ajjjjj, mujeres! Será alguna que quiere pescar a su marido infraganti. 

20 de Enero, 7:35 am 

El detective Tagle se iba caminando siempre a la estación, quedaba cerca de su apartamento, una residencia de alquiler para hombres solteros, era de esos solteros inconquistables, de unos cuarenta y cinco años, era de los que creían que amar a una sola chica era egoísta, él quería amar a todas; muy alto, de espaldas anchas, de brazos musculosos, bien parecido, vivía solo con su perro Furia, un hermoso pastor alemán que lo que menos representaba era su nombre, pero era su mejor amigo, su leal compañero, dormía a los pies de su cama en una alfombra, eso sí sabía llevarle las pantuflas todas las mañanas cuando se levantaba y lo despertaba para que lo llevara a su ronda perruna matutina. 

Después de levantarse lo llevó al parque para que hiciera un poco de vida de perro, lo dejó otra vez en la cocina, sin querer imaginar que desastres haría ese día. Miró el reloj, Pinzón lo mataría, estaba retrasado veinte minutos. Caminó apurado hasta el kiosco para comprar unas donas, un jugo y el periódico local que para variar no abundaba mucho de noticias. Mientras comía la dona, leyó la portada, vio una foto, una crónica. La dona se le atragantó por la mitad. Le pagó inmediatamente al dueño y salió corriendo sin esperar el cambio. Cuando Pinzón viera esto, se armaría la de san Quintín. 

-Jefe, jefe! ¡No se imagina lo que traigo! ¡Prepárese! ¿Ya desayunó? Ojalá que no.
 

El sargento miró el reloj de la pared, no tenía remedio ese Tagle, ni aunque le metieran un cu-cú dentro de la cabeza llegaría a la hora a la estación. – Tagle no me molestes desde ahora, solo dime cuando me harás el honor de llegar a tu trabajo, un minuto antes, solo un minuto antes. 

-Lo siento Pinchi, digo, perdón, mi Sargento, bueno jefe, usted sabe, mi Furia ya está un poco viejo y me pide ir al parque a ver a otras de su especie. Se siente más solo que un perro. Pero jefe, perdone que lo interrumpa, mire lo que le traigo, lo acabo de ver, una primicia. 

Pinzón le sacó el periódico de las manos, leyó la nota que se hallaba bajo la foto de una mujer muerta, desnuda, en la orilla del río Amarillo, a cuarenta kilómetros aproximadamente del pueblo, siguió leyendo, “Cadáver de mujer encontrado en el río Amarillo, aún sin identificar, su cuerpo fue hallado en horas de la tarde de ayer, sin señales de violencia, su caso está siendo investigado” ¡Maldición! Tagle, deja lo que estés haciendo, tenemos que ir a la morgue. 

-¡Si Jefe! Yo lo sabía! Empezó la acción!- Guardó en su chaleco antibala su pistola calibre 45 y fueron rumbo al ascensor. 

CONTINUARÁ EN EL PROXIMO CAPÍTULO

jueves, 19 de noviembre de 2009

TRAS LAS HUELLAS - 2º CAPITULO



El edificio de la morgue quedaba al otro lado de la ciudad, de paredes grises y con una puerta inmensa estilo colonial siglo XIX, donde se podía leer en una placa dorada, “Edificio Central de la Morgue de Puerto León”. Pinzón y Tagle mostraron su identificación para poder entrar al depósito de cadáveres. Ya estaban acostumbrados a este procedimiento, - pero a un muerto uno no termina de acostumbrarse pensaba Tagle - Pidieron hablar con el encargado, el médico forense, que se encontraba haciendo unas anotaciones.
-Venimos a ver el cuerpo que encontraron en el río. Soy el sargento Pinzón, él es el detective Víctor Tagle, ¿sería posible ver el cuerpo?.
- Sí, bueno, -respondió el forense- lo trajeron ayer a la noche, pero tendrán que hablar después con el Capitán Mercier, el Director que encabeza este caso. Es muy misteriosa esa muerte, acompáñenme, está acá al final de esta fila.-
El lugar estaba helado, de lado a lado habían diez filas de cajas mortuorias, el médico procedió a abrir la caja de metal que se encontraba en la fila número seis donde se guardaba el cadáver. Tiró hacia atrás fuertemente para sacar la camilla metálica, la mujer estaba envuelta en tela de nylon transparente, el forense procedió a mostrarles el cadáver – Les agradezco no toquen el cuerpo, aún no se le ha hecho la autopsia.- La mujer era como de treinta y tres años, de contextura delgada, de melena rubia, en vida parecía haber sido una hermosa mujer; Pinzón estudió el cuerpo, no vio nada que llamara su atención. Quiso levantar un poco su pelo porque creyó ver algo en cuello, pero el médico le recordó que no debía tocar nada, no sin antes hablar con el Capitán Mercier.
-Tagle, comunícame a la oficina del Capitán, para que nos reciba ahora mismo. - Si jefe, enseguida. Tagle marcó el número de la Sede principal y pidió hablar con el Capitán. –Gracias, allí estaremos. Listo Sargento, el Capitán nos espera. Más tarde en las oficinas del Capitán Mercier, se encontraban hablando, y fumando sendos habanos que les convidaron.
-Estuvimos en la morgue y vimos el cuerpo, con su permiso nos gustaría visitar el lugar del crimen. ¿Tienen ya identificada a la víctima?-
-Su nombre era Natasha Nash Klugerman, esposa del doctor Silvio Klugerman, prestigioso cirujano plástico de la ciudad. Aunque el cuerpo no tiene señales de violencia, el hecho de haberla encontrado en el río evidencia que no es una muerte normal, tampoco hay señales que hablen de suicidio. Estamos agotando todas las posibilidades. El Dr. Klugerman no se encuentra en la ciudad, estamos esperando su llegada dentro de unas horas.-
-¿Quiere decir que no sabe todavía lo de su mujer? ¿Cuánto hace que está ausente?
- Hace una semana tomó un vuelo a Río de Janeiro para el XIII Congreso de Cirugía Plástica del Cono Sur Americano al que fue invitado. Ya fue notificado, por eso está regresando en el primer vuelo que salió de Río.
- Me gustaría hablar con él cuando llegue a Puerto.
-Pinzón, le voy a agradecer que guarde la máxima discreción. No debería permitirle meter sus narices en esto. Es un asunto delicado. Su cooperación será valiosa pero le agradezco me informe de todo lo que averigüe. Ah, otra cosa, entre las pertenencias de la víctima hallamos una cartera, entre las prendas que contenía había una libreta de direcciones, tal vez le pueda servir de utilidad.
Salieron de allí sin mucha información, únicamente la bendita libreta que tal vez pudiera servir de ayuda, y con el permiso de Mercier para poder visitar la zona del río; el Sargento le daba vueltas a su cabeza, había cabos sueltos que no podía unir. Deseaba centrarse en este caso especialmente, tal vez fuera la oportunidad que había esperado toda su vida.
-Tagle prepárate para ir mañana temprano al río Amarillo, es mejor empezar a buscar por el final, lleva a tu Furia, que podría sernos de utilidad.- El apuesto detective no cabía en sí de contento, -¡Sí jefe, ya verá, no lo vamos a decepcionar!-
....//.....
El sargento llegó a su casa, agobiado por el día que le tocó, era una casita pequeña con tres habitaciones, que logró alquilar después de la separación, casi no tenía muebles, habían almohadones por el suelo, unos viejos sillones de mimbre, la televisión de 20”, una cocina con lavadero, lo más económico que encontró; entró arrojando los zapatos por cualquier lado, dejó la chaqueta arriba de la silla y se tumbó sobre la cama; cerró los ojos pensando en el día de mañana. En algún momento se haría de unos minutos para llamar a Mónica, y poder invitarla a comer algo.
Repentinamente se acordó de la libreta de la occisa, se sentó como un resorte y buscó en el bolsillo de su chaqueta la dichosa libretita; de cuero gamuzado, color negro; desprendía un suave y delicado aroma, tenía el nombre de la desdichada mujer, el número de su documento, de su pasaporte, algunos teléfonos de servicio público y su dirección: Avenida Roosevelt Edificio Boeing Piso 10-A, siguió repasando lentamente y de repente frunció el ceño, sintió helarse su sangre, en la información de teléfono personal aparecía “ 0428 688 69 76 “; no podía ser, era el teléfono de la misteriosa mujer que lo había llamado en la mañana, para estar más seguro esperaría a preguntarle a Ebelim al día siguiente. Si era así, ¿qué había significado ese llamado? ¿Un pedido de ayuda?, maldijo ese día, ahora más que nunca llegaría hasta el final. Si era un asesinato como su intuición de sabueso se lo decía, no dejaría que quedara impune el desgraciado o los desgraciados que lo cometieron.
21 de Enero – 9.45 a.m
Cuando el Sargento llegó, Ebelim y Tagle revisaban unos papeles, el detective se encontraba sentado en el escritorio de Pinzón, no se dieron cuenta de que venía entrando el gruñón policía, - ¡¡¡Tagle quita tu trasero de mi silla ahora!!! El detective saltó en la silla -Dios, ¡me asustó jefe! No se ofenda, le estaba cuidando su escritorio para que nadie venga a husmear. Jefe le presento a mi compañero, Furia saluda a tu nuevo jefe.- El pastor alemán asomó su hocico por debajo del escritorio de Pinzón. Era un enorme perro, de mirada inteligente, se quedó viendo al Sargento, moviendo su cabeza de un lado a otro. El sargento puso el grito en el cielo: - ¡Saca a ese pulguiento perro de mi escritorio!- Tagle se encogió de hombros - Vamos Furia, campeón, no molestemos al sargento.-
Comenzaron enseguida a realizar todos los preparativos para ir a la zona a investigar, a tomar huellas; Ebelim quedaría encargada de atender las llamadas o cualquier eventualidad que se presentara. El auto del departamento de policía ya estaba listo, parecía ser un buen día, con bastante sol. Subieron los tres, Furia se subió al asiento trasero como si ya supiera cual era su trabajo. Había sido entrenado en la escuela de Policía, pero como ya tenía más de diez años, lo habían pasado a retiro; Tagle se lo llevó con él porque le parecía que habían nacido el uno para el otro, para hacerse compañía y vivir aventuras. Pinzón durante el trayecto le informó al detective sobre el episodio de la libreta. -¡Vaya!, entonces ese llamado debe haber tenido que ver con su muerte, hubiera llegado una hora antes y quizá hubiera salvado su vida. Pinzón siguió manejando en silencio, empezaba a sentirse un poco culpable.
Tuvieron que bajar por una especie de colina para poder llegar a la zona que se encontraba acordonada; habían cuatro policías vigilando la entrada y salida de agentes, de fotógrafos, de periodistas. Era un sitio tranquilo, en la orilla habían piedritas que al rayo del sol, refulgían con distintos colores. El nombre del río se debía a su arena de color intensamente amarilla. Pinzón trató de seguir rastros donde hubiera algunas huellas; Tagle hablaba con los agentes haciéndoles preguntas sobre el hallazgo del cuerpo, hora, día, posición en que la encontraron, todo lo que pudiera ayudar. Pinzón no pudo distinguir ninguna huella, ni de pisadas ni de vehículo.
De repente el perro comenzó a olfatear y caminar en zigzag por la zona donde había más hierba. - ¡Furia! Ven aquí! ¿Adónde vas?- -¡Déjalo! dijo Pinzón – Debe estar olfateando algo – Vamos a ver que ha encontrado.- Llegaron adonde estaba el perro, quien los miraba con las orejas paradas, como orgulloso de haber cumplido su misión. Tagle miró hacia el pasto, una pequeña ampolleta vacía sobresalía de la grama. –Tómala con cuidado, servirá como prueba, ¡llévala al laboratorio para que examinen huellas, contenido, todo! Vayámonos de aquí, no hay mucho que hacer en este lugar.- Tagle colocó el envase dentro de una bolsita plástica transparente, la selló y la guardó en una caja de cartón. Pinzón acarició el lomo del animal en señal de agradecimiento por su colaboración.
22 de Enero 12.10 pm
Centro Integral de Cirugía Plástica y Estética Klugerman y Asociados.
-Dr. Klugerman, aquí en recepción le solicitan el Sargento Enrico Pinzón y el detective Víctor Tagle, desean hablar con Ud. para hacerle unas preguntas – sonó la voz de la secretaria por la línea del teléfono -
-Señorita, le he dicho repetidas veces que a esta hora no atiendo consulta, ni doy entrevistas- Al instante la puerta del consultorio se abrió y el rostro ceñudo de Pinzón se asomó: -Disculpe Doctor pero esta no es una consulta ni una entrevista, yo soy el sargento a cargo de la investigación de la muerte de su esposa, puede haber algo más importante y urgente que eso?- y entró sin esperar respuesta. Tagle se quedó esperando en la recepción con Furia.
-Mire, sargento yo he respondido ya todas las preguntas en el interrogatorio que me hicieron en la Central, estoy muy consternado con este asunto, no hay mucho más que pueda decir. Le agradezco que pregunte lo que necesite preguntar y se retiren enseguida. Estoy cansado, por favor sea breve.-
-Si Doctor Klugerman, seré muy breve, tan breve que no me tomará ni un segundo. ¿Cuándo dice Usted que viajó a Río de Janeiro?
- Viajé la semana pasada, el trece de enero.
- ¿A qué hora salió su vuelo? ¿Conserva aún el boleto?
- No sé, no sé, supongo que sí, Tengo que revisar, ¡demonios! pero ¿a qué viene eso ahora? Sabe como es la cosa, no diré una palabra más sino es en presencia de mi abogado. – El médico se mostraba bastante alterado.
- Genial idea, doc, porque creo que lo va a necesitar...


CONTINUARÁ EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO

miércoles, 18 de noviembre de 2009

TRAS LAS HUELLAS 3er CAPITULO


.....//.....

Pinzón y Tagle salieron de allí para el laboratorio donde estaban haciendo los análisis a la probeta que encontró Furia. Dejaron al perro arriba de la camioneta, - “¿Tú que crees jefe, el médico será culpable?, lo vi muy nervioso “-, - “Quien sabe, por ahora es el único sospechoso, lo único que tenemos es esa libreta, también debemos investigar los hábitos de Natasha, a que hora salía, donde almorzaba, sitios que frecuentaba, sus amistades más frecuentes, etc, etc. Cualquier insignificancia puede ser importante.”- Llegaron al laboratorio, un edificio pequeño de tres pisos, pidieron hablar con el personal a cargo, los atendió una enfermera bastante antipática, que los escudriñaba detrás de unos lentes gruesos.
- ¿Qué desean los señores?

- Buenos días señora Olga (leyó su nombre grabado en su uniforme)

- Señorita… por favor, que buscan por aquí?

Los dos agentes le mostraron su credencial de policía, la enfermera cambió un poco el semblante, y trató de ser más amable. – Disculpe oficial, es que en estas épocas uno debe ser cuidadosa, no permitimos que entre cualquier persona al laboratorio.-

-Está bien, enfermera, venimos a buscar unos resultados que entregamos en la tarde de ayer. Tenemos realmente urgencia en que nos lo entregue, estamos investigando un caso.


- Un momento por favor, enseguida se los traeré.

A los pocos minutos volvió la mujer con un sobre en la manos, se lo entregó al sargento, que lo abrió en presencia de Tagle. –Lo que me imaginaba, encontraron una alta dosis de cianuro, lo que significa que el asesino se desenvuelve en el ambiente de clínicas u hospitales. Debemos examinar el cuerpo nuevamente, conseguiré una orden para volver a la morgue- Más tarde en la morgue Pinzón volvió a revisar el cadáver de Natasha, recordó el detalle que había observado en el cuello de la víctima y al observar vio uno pequeño punto rojo. Eso confirmó sus dudas, ahora necesitaba descubrir el móvil, y si realmente había sido el marido quien la había matado. Le seguía pareciendo demasiado obvio pero tampoco podía descartarlo. Mientras le daba vuelta a sus pensamientos, recibió un mensaje de texto en su móvil. “Doc, encontré algo importante.” Era Tagle, -¿Qué habría hallado?-, después de todo parece que Tagle sí se está comportando como un detective, se dijo - Salió a toda prisa del lugar, para encontrarse con Tagle en una cafetería del centro; cuando llegó estaba Tagle comiéndose una medialuna con un café express, Furia estaba sentado a lado de él en una silla. Pinzón refunfuñó.
-¿Tendré que tomar mi café con este monstruo peludo al lado mío? Tagle, tú y tu perro me tienen hasta la coronilla. ¿Qué encontraste?

-No te sulfures jefe, pues investigando en la libreta de teléfonos encontré la dirección de un gimnasio aerobics, estuve por allá y preguntando por aquí y por allá descubrí que la finada Natasha iba todos los días, tenía un entrenador y masajista personal, un tal Marcus; pero sus encuentros no se limitaban al gimnasio; una de las empleadas confesó que los vio varias veces entrar en algún bar. ¿Qué te parece jefe?


- Habrá que investigar más, apúrate, iremos a hablar con el masajista. Veremos que tiene que decir.

Un poco más tarde estaban en el gimnasio hablando con el entrenador; un tipo joven de 28 a 30 años; los atendió amablemente.

-Es cierto, Natasha y yo teníamos una relación desde hace un año; su marido es un desgraciado, un tipo egoísta, materialista, que no la quería; yo sé que él tiene una amante, es doctora, pero Natasha nunca se lo pudo probar.

-¿Sabe Ud. –lo interrogó Pinzón- por qué la Sra. Klugerman me haría un llamado tres días antes de morir? 
-No lo sé en realidad, sargento, pero sí puedo decirle que Natasha hacía varios días había estado recibiendo llamadas anónimas; eso la tenía muy alterada.

-Está bien señor Marcus, le agradezco nos mantenga informados de lo que pueda saber, y por ningún motivo abandone la ciudad.

- Sí Sargento, no tengo interés en ir a ningún lado. Y deseo que este caso se resuelva, que a Natasha se le haga justicia.

Esa semana siguiente mantuvieron vigilado al médico, llegaba temprano a la clínica, siempre sin compañía, dejaba su lujoso vehículo Mercedes Benz en el estacionamiento; nunca hacía movimientos extraños, nada que levantara sospecha. Pero Pinzón sabía que la respuesta se encontraba dentro de esa clínica. Ahora tenía algo más claro, el médico sí tenía un móvil, su mujer le servía más muerta que viva. Decidió interrogarlo otra vez, quizá podría sacarle algo más. –Tagle, escúchame bien, mientras yo hablo con el doc, tú trata de encontrar algo, trata de que no te vean, llévate a Furia, a ver que puede olfatear. Te lo repito, con sumo cuidado. – Sí, señor, vamos Furia, muévete –

……//……
Tagle y el perro mientras el sargento se dirigía a interrogar al médico, hablaban con una enfermera tratando de averiguar algo que sirviera para la investigación.

-Hola monada, ¿no te han dicho que eres la enfermera más preciosa de esta clínica?

-No sea zalamero, ¿qué quiere saber? Supongo que están averiguando sobre la muerte de la señora Natasha. Pobrecita, todos la estimaban mucho.

-Bueno encanto, aquí entre nosotros, te aseguro que no diré nada, me puedes decir algo sobre el doctor, ¿es verdad que tenía un romance con alguien de esta clínica? -

La enfermera miró hacia los lados – Shhhh, las paredes pueden oír, solo puedo decirle que con la doctora Norma Reynal había cierta amistad. Nunca se pudo comprobar, pero es lo que comentaban entre mis compañeras. Ella es médica bióloga, es todo lo que puedo decirle.

- Gracias muñeca, has sido de mucha ayuda.
……//……

-¿Otra vez Ud.? Creo que ya hemos hablado, hasta cuándo sargento?
¿Cree que mi tiempo es solo para responder sus impertinentes preguntas?
-Lo lamento doc, lamento que tenga tan poco interés en resolver este caso, usted debería ser el primero ¿verdad?, pero no se preocupe, creo que ya lo tengo casi resuelto. Solo me falta algo por aclarar. Mientras decía esto sacó de su chaqueta la bolsita que contenía la pequeña probeta-
-¿Dr. Silvio Klugerman, puede usted responder si reconoce este envase?

Klugerman miró extrañado el frasquito de vidrio. -¿De dónde sacó eso? –
-Fue hallado en el río cerca de donde fue encontrado el cuerpo de su esposa. 
-Sí, es una probeta de laboratorio, ¿y eso que prueba? 
-Podría probar mucho, y mucho más si averiguo que proviene de esta clínica. Pero eso no es todo mi estimado doc.

-¿Qué más? - El médico un poco pálido, trataba de esquivar la mirada.
-Lo más interesante de esta probetita, es que los análisis del laboratorio arrojaron una gran cantidad de cianuro, algo así como para matar un caballo.

-Escuche, como tengo que decírselo, yo no asesiné a mi esposa, y no continuaré hablando, mi abogado me está representando, diríjase a él.
- Será peor para usted doctor si continúa poniendo las cosas más difíciles. Si usted es inocente no debe de preocuparse, la verdad ya me estoy cansando de su prepotencia, tenga cuidado, no olvide con quien está hablando.

- Y usted tampoco lo olvide, no permitiré que su departamento ponga en tela de juicio mi buen nombre, ni mucho menos que ponga en peligro mi carrera.
- Me importa un demonio su carrera, ni su buen nombre; solo me importa encontrar a quien asesinó a Natasha Nash Klugerman. Y le aseguro que no descansaré hasta encontrar a el ó a los culpables. Buenas tardes Doctor. –


CONTINUARÁ EN EL 4to CAPÍTULO