domingo, 8 de noviembre de 2015

lunes, 2 de noviembre de 2015

EL REGRESO

¡Cuánto lo esperó! El tiempo lo había borrado, aunque su recuerdo no. Se le fueron los años preguntándose el porqué de su partida. Sólo podía llorarlo como a alguien que se ha muerto. Porque la ausencia es otra clase de muerte sin tumba y sin epitafio. Alguna vez existió el amor, más para ella que para él. Fue la única vez de la felicidad, de la pasión, de la ternura, de las caricias; fue la última vez del amor. A pesar de saber que algún día lo perdería; sólo que no imaginó que fuera tan pronto. Apenas tuvo oportunidad de disfrutarlo; de mirarse en sus ojos, de perderse entre sus brazos fuertes, de libar de su boca la miel de sus besos. Un avión se lo llevaría lejos, dolorosamente lejos... Hubiera querido detenerlo; aprisionarlo junto a ella; rogarle que no la dejara; todo era imposible, lo sabía; su amor no era correspondido. Para él había sido como un paréntesis; un sentimiento nuevo; un refugio; lo que fuera. No tenía la culpa, también tenía un pasado que lo perseguía. Jamás volvería....

Y llegó el día temido, que se lo arrancaría como si le arrancaran las entrañas. Tal vez más que amarlo, estaba aferrada, porque cuando se entregó a él, supo que ninguno la volvería hacer sentir así... como cuando la hizo suya. Hubiera querido paralizar el mundo, detener lo indetenible.  Después de más de treinta años se miró al espejo, la vida hizo estragos con su cuerpo y con su alma; otros amores hicieron más estragos, engaños, abandonos, maltratos, golpes, heridas físicas y psicológicas; siempre un dolor nuevo, carencias y un sueño frustrado de amar y ser amada. Hoy la soledad era una compañía, una necesidad;,estaba rendida; no tenía sentido esperar lo que no existía. Alguna vez leyó una frase "la felicidad es una monstruosidad que se paga" * y ella pagó un alto precio; la felicidad era una utopía o había huido hacía treinta y cinco años. De su recuerdo brotaron imágenes borrosas sin voces, sin colores, los últimos instantes,esperando el ascensor que se lo llevaría, el último abrazo, el último beso; no pudo ver sus ojos, tenía oscuros lentes; no pudo descubrir qué había en esa mirada, si un poco de amor o mucha lástima. No hubo un te quiero; ni un espérame; sólo un adiós y lágrimas. El ascensor se cerró. Adiós amor...


Recordaba que volvió a su vida; tenía que seguir caminando, sin rumbo; en el día fingía ese dolor que la devoraba, por las noches lágrimas mudas empapaban su almohada. Aunque se esforzaba,se daba cuenta que todos adivinaban su tristeza. Sin decirle nada; callaban, y ella, la abandonada, lo agradecía. Así aprendió a borrarlo de su mente, a la fuerza, unas veces con nostalgia, otras con rabia. Quería odiarlo, pero no tenía excusas, ninguno de los dos era culpable de ese destino incomprensible. Su único recuerdo eran las fotos, pero mirarlas era como clavarse un cuchillo. Ya basta con tanto dolor en vano...las rompió... las destrozó en pedacitos, y junto a ellas hizo añicos su corazón, inmolando el único recuerdo vivo y palpable. La memoria se detuvo ahí. Después...el después no venía al caso. Su alma había quedado sepultada junto a ese recuerdo. El resto de su vida era sobrevivir... Los amores que vendrían la hicieron escribir ilusiones, pasiones, olvidos, encuentros, desencuentros, adioses, mas ninguno dolió tanto como la despedida en ese ascensor.


Los años trajeron nuevas técnicas, computadoras, Internet, celulares, nuevas amistades: amistades virtuales; algún amor virtual para engañar tanta soledad. Alguna vez se preguntó; ¿y él?  ¿Estaría dentro de ese mundo virtual? Todo era posible. Pero ¡ya había pasado tanto tiempo! Ni la recordaría... Dejó pasar esa pregunta. ¿Cómo estaría? ¿A cuántas mujeres habría amado? Le lastimaba un poquito todavía saberse arrojada al olvido. Tal vez su corazón no se parecía a otros. No sabía olvidar. Le gustaba atesorar buenos recuerdos; y él, él era el mejor de los recuerdos...


Llegó Navidad; las luces del árbol, el Nacimiento, otra época para renovar el espíritu de fe y esperanza. Eso no lo perdía. Se acercó a la computadora para enviar por Internet los saludos navideños. Y algo más fuerte que ella la impulsó a hacer lo que siempre la había inquietado.
 
Escribió su nombre... (recuerdo mío yo te bendigo...) y como una visión del más allá, apareció ese rostro, viril; el que ella besó tantas veces; como un fantasma del ayer invadió el cristal transparente y su alma se detuvo; había otra foto; de alguien más canoso; de lentes claros (no podía ser) pero sí; era él; su amor de antaño; su gran amor. Casi era un desconocido; pero a través de sus lentes, pudo adivinar esos ojos donde se vio tantas veces... Bendijo a Dios y a la vida. Un pequeño milagro había ocurrido. Ella era cristiana. Los milagros existen. Estaba viendo uno después de treinta y cinco años...

La duda la carcomía; ¿qué hacer? ¿le escribiría? ¿Se acordaría de ella? La aceptaría? Qué podía perder? A lo más; un no por respuesta. Comenzó a escribirle; un corto mensaje. "Te conocí hace unos años..." terminó de escribir; Solo restaba apretar el botón de envío. Pero sabía que una vez hecho no había lugar para arrepentimientos. Sería aceptada o rechazada. Sus manos le sudaban. Se dijo tonta; loca; arriésgate; es sólo algo virtual; un salto virtual al vacío virtual. Y saltó. Apretó click... Y el mensaje viajó hacia la galaxia electrónica. Sólo era esperar...pasaron unos días y esperaba.... Pensó que ese amor estaba tejido de esperas. Porque aunque lo perdió para siempre; siempre lo esperó.

Llegó Nochebuena y llegaron mensajes; saludos; brindis; ho-ho-ho; la odiosa risa de Papá Noel; del Viejo Pascuero; las luces del árbol; villancicos; el Niño Jesús con su tierna sonrisa trayendo el mensaje de Amor a los hombres... Una Nochebuena que despide a la Nochevieja. Una noche para olvidar tristezas con las risas; la música ; el pan de jamón; las hallacas; las nueces y los turrones. Su espera la bebió en una copa de vino; otra de sidra; otra de champagne... Una tristeza nueva la invadió. Tuvo la ilusión de que el Niño Jesús dejaría con su tierno Mensaje el mensaje esperado en el arbolito. Era eso. Ya no estaba en su vida. Estaba bloqueada; eliminada; borrada totalmente en la memoria de quien quiso tanto. El tiempo y la memoria trabajan juntos; hacen un click en la mente y todo queda en blanco. O tal vez él la limpió de su memoria el mismo día que se fue...
Ya habían pasado demasiados días. Pensó en dos posibilidades; "o no se acuerda de ti; o te recuerda algo pero ya no existes en su vida" Era lo lógico. No esperes más; no vendrá. Ilusa que eres...


Haría un año que le había escrito. Corrieron los días; los meses; Octubre...ese mes estaba unido a su recuerdo. Se fue en octubre. La llamó por única y última vez en octubre. Ingrato octubre... Salió a caminar como todas las mañanas; para bajar su tensión alta; ya eran sesenta que cargaba con sus pies. Sol implacable; calor y una larga avenida. Como todos los días, agotar sus horas en esa actividad, bancos, cajeros, automercados, el ciber para matar su tiempo. La vida se había reducido a eso. Pero aún respiraba; debía cargar la cruz de cada día. La computadora; Internet; Facebook; Instagram; Tweeter; ese era su mundo para rellenar los espacios vacíos, donde uno puede repartir el corazón a muchos amigos. Una poesía allá, un saludo, imágenes, y miró el dibujito de solicitud de amistad y dos mensajes. Abrió primero el del amigo nuevo. Uno más. Quién sería... Su corazón saltó con su cuerpo en la silla. ¡Él!  Era él! Pidiendo amistad. Entonces no la rechazaba. El primer mensaje era suyo. Le dio miedo abrirlo. ¿Qué le diría? Lo abrió...La ansiedad le comía el estómago. No la recordaba pero quería hacerlo. Estaba en línea. Era como sentir su voz. Su querida voz pero en letras. Algo en su memoria comenzó a surgir. Un recuerdo aquí; otro después. Ella lo bendijo. El recuerdo no había muerto totalmente en él. Ya no eran tan desconocidos. Era la resurrección de un pasado añejo pero no muerto. Hoy era como un amigo nuevo pero con un lazo invisible de largos años.


Hubiera querido abrazarlo, besarlo, pero ya no tenía ese derecho; solo un pequeño consuelo de besar su alma virtual detrás del cristal. Sería una diferente forma de quererlo, de estar a su lado. Al menos la vida le debía eso. La eterna espera había terminado. Se despidieron hasta el otro día. Ella se fue feliz. Amaba ese día. Para no olvidarlo. Miró la fecha. Octubre 29. Se repitió: Octubre 29  Conocía esa fecha. Se rió por dentro. La vida le seguía gastando jugarretas. La llamó por última vez un octubre 29 de 1980. El destino los reencontró un octubre 29 de 2015. Misma fecha pero treinta y cinco años después. Era casualidad? O sarcasmo de la vida? Qué más daba!

* "La felicidad es una monstruosidad que se paga"
Gustave Flaubert

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lunes, 28 de septiembre de 2015

LA MENTIRA - CAPÍTULO I (UNA HISTORIA DE ADOPCIÓN)

"La adopción es el acto que permite a un niño ser incorporado a una familia distinta a la biológica; en forma definitiva; en condición de hijo. Ese derecho a ser adoptado es a su vez inseparable de conocer sus orígenes"   "Todo niño tiene derecho a conocer sus orígenes"
Dra. Nancy Alvarez Psicóloga-Sexóloga.

-Natalia; hola prima ¿cómo estás?; ¿me podrías recibir en tu consultorio? Necesito que me ayudes.

-Si; Claudia; me imagino por qué es. Aquí te espero. Ya casi termino con mis pacientes.

-En media hora estoy; gracias querida; un beso.

Claudia Major; mujer de cuarenta años; esbelta; de hermosa melena pelirroja; divorciada; independiente; dueña de una boutique. Vivía en una bellísima casa en Santa Maria del Monte; una pequeña ciudad en la Isla de Puerto Espíritu; con su único hijo Ezequiel de quince años; un dulce muchacho; algo morenito; de grandes ojos café. El era toda su vida. Lo consentía y lo sobre protegía mucho. Los fines de semana lo iba a buscar su padre Gerardo Armand; con quien mantenía poca relación; tenían muchas veces ciertas desavenencias en lo que tocaba a la educación de Ezequiel o Chel como ellos lo llamaban. Nati; madre muy consentidora; sobreprotectora; Gerardo era el otro extremo; estricto; bastante rígido; quizá porque era militar; de pequeño lo educaron así; pero amaba a su hijo; quería enseñarlo a ser hombre de bien; no un vago; inútil; caprichoso; tal era la escuela en que su madre lo estaba educando. Cuando Claudia se sentía estresada acudía por la ayuda de su prima la psicóloga Natalia Lieberman; de cincuenta y dos años; la antítesis de su prima; algo gordita; un poco descuidada en su físico; no usaba casi maquillaje; polvo; rubor y lápiz labial; de pelo corto rizado. Era poco femenina; era lesbiana. Tenía una pareja estable.  Ese día; Claudia estaba al borde del cataclismo;  en esa situación se había metido ella sola. No daba más. Entró al consultorio casi con lágrimas en los ojos.

La mentira


-¿Por qué será que ya sé de que me vienes a hablar? ¡Como si no te conociera!. ¿Ezequiel se ha enterado de algo? ¿Te ha dicho algo?

Claudia lloriqueó. Sacó el pañuelo para secarse. - No. Aunque ha estado haciendo preguntas a su padre; que el color de su piel; que quiere ver fotos; en fin; prima; tengo terror. No sé que voy a hacer... - y rompió en llanto

-Que qué harás? La verdad mujer; hablar con la verdad. Lo que debiste hacer desde el principio. Este es un grave error que los dos deberán afrontar; sean cuales sean las consecuencias. Ahora tienes miedo; pero no será porque no te lo dije y cuántas veces. Pero lo quisiste hacer a tu manera y tu marido; corrijo; ex-marido; te lo permitió;  La mentira es como una bola de nieve. A medida que pasa el tiempo; es mas difícil enfrentar y decir la verdad. Pero  aún hay tiempo. Tu hijo tiene quince; está en una edad difícil; cierto. Ya es hora; yo te ofrezco mi apoyo. Sería mejor que se reunieran aquí y entre los tres podremos hablarle.

-No. Yo se lo diré. Esto tengo que enfrentarlo sola.

-Sola no; de ninguna manera. A tu ex-marido no puedes excluirlo. Es el padre. Siguen siendo una familia.

-Pero él no entiende de estas cosas. Los hombres no saben como manejar ciertas situaciones. Gerardo es muy cerrado

-No lo subestimes. Es cerrado pero no estúpido. Siempre ha sabido entenderse con su hijo. No hagas las cosas peor de lo que las has hecho.

-Hoy le diré... Dios mío ¡no quiero perderlo! ¡Es toda mi vida!

-Ese es otro tema que hablaremos más  adelante. No te aferres a ese niño. No lo asfixies. Pero primero es lo primero. Suelta ese muerto que llevas enterrado y que Dios los ayude.

-Si; si; hoy, Ezequiel; mi niño; sabrá que es adoptado...

Natalia la vio irse. Tan elegante; tan mujer; pero tan insegura. No se animaba a augurarle mucha suerte. A sus consultas venían miles de casos como el de ella. Y no querría decirle a su prima lo que resultaba de vomitar esa verdad tan tarde como ella lo iba a hacer. Podía ser el principio de una pesadilla sin final. Pobre prima; víctima de su propia mentira...

La revelación

Seguramente Chel estaba en su cuarto; las habitaciones estaban en el piso de arriba. Su cuarto era su mundo;  con posters de musica; películas Una vez ... Todas las cosas de los chicos de su edad. Era un bello muchacho; no lo veía sólo con ojos de madre; todo el mundo se lo decía. De bebé se lo entregaron; ella no podía tener hijos; tuvo varios abortos hasta que desistió; luego en su camino se atravesó esa chica; la hija de una de sus empleadas de servicio; que estaba embarazada; producto de una violación; o lo abortaba o lo daba en adopción. Fue la respuesta a todas sus plegarias. Dios la bendeciria con un hijo; el que tanto había soñado. Un hijo que traería la alegría; que llenaría el vacío que había en su matrimonio. El hijo amado de su corazón; el que ahora estaba a punto de perder...

Subiría y tomaría el toro por los cuernos. Tenía razón su prima psicóloga; siempre desoyó su consejo de hablarle con la verdad desde el principio "con naturalidad se le dice en cuanto el niño hable bien; le dices no te tuve en mi barriga; pero soy tu mamá de corazón". Por qué le pareció tan difícil en ese momento? Ahora se sentía aterrada. Y si lo llamaba a Gerardo? No. Esto lo afrontaría sola. Era algo íntimo entre su niño y ella. Pero lo llamaría ; al menos l
e debía eso. Para qué complicar las cosas. A su manera él quería a su hijo. Con su segunda esposa Hilda tenía dos hijos más; Ezequiel se llevaba bien con sus medio hermanos Gilda de trece y Gustavito de cinco años. No prolongaría más lo inevitable. Marcó el celular de Gerardo.



- ¿Qué sucede? Extraño que llames a esta hora. No dispongo de mucho tiempo; estoy a punto de entrar a una junta... ("lo de siempre tiempo...tiempo... Ese tiempo El tiempo y algo más que terminó con su matrimonio.)



-Sólo para decirte que hablé personalmente con Claudia. Hablaré con nuestro hijo. Le diré esa verdad que tú y yo sabemos


-¡Y tuviste que elegir precisamente este día para hacerlo!. ¿No puedes esperar a mañana? Hoy tengo un día imposible. El Coronel Carrillo me ha estado presionando...


-Únicamente quería decírtelo. Tú nunca tendrás tiempo para nada. Ni para tu hijo!

-Olvídalo mujer; elegiste el peor día. Al menos mantenme informado cuando hayas hablado con él.


-¡Increíble! Tu hijo va a saber la peor verdad de su vida y tú quieres estar informado!. ¡No se preocupe coronel Armand! ¡Le pasaré un memorándum con los resultados de la reunión!



-¡Vete al diablo! ¡Estás histérica! - y colgó

Y eso fue todo. Ese era el padre de su hijo; más hijo de ella que de él. Pero era su padre. El chico lo admiraba y como fuera veía en él un modelo a seguir. En su corazón sólo había lugar para  Chel. Se desvivía por él. Sabía que hacía mal. Nadie le enseñó a ser madre. A veces "compraba" ese amor con regalos; con caprichos. Era su bebé. Fue a su cuarto y golpeó la puerta. Respetaba su privacidad. La hora había llegado. Dios la ayudara...

Ezequiel le abrió; medio despeinado; con sus jeans rotos; ahora la nueva moda era el arito en su oreja; (la desesperación de su padre); estaba chateando en su computadora. -Chel; ¿será que tienes unos momentos? Necesito tener una charla contigo.

-¡Ay mamá! Ahora? ¿Para qué? De qué? Tengo que estudiar.

-No es fácil lo que tengo que hablar; y tampoco será facil para ti. Después de esto no sé que me vas a decir.

-Mamá; ¡me imagino que no tendrás un novio!. Guauuu ¿es eso?

-Ojalá fuera eso... Pero bueno; ¿recuerdas la otra vez cuando me preguntabas por qué no te mostraba fotos de cuando te estaba esperando?

-Si má pero ya no importa; fue curiosidad nada más. No te preocupes. Má; Santiago y Manuel me invitaron para ir a la disco el sábado; puedo?

-Cariño; después; después hablamos de eso. Lo que tenemos que hablar es importante para tu vida.

-Bueno ya; mami ! Dilo de una vez. Vamos a estar todo el día con esto?

Claudia sintió que las lágrimas se le anudaban en la garganta. Quería hablar y no podía. Ahora hablaba entre sollozos. El chico la miraba estupefacto; nunca había visto a su madre así. No entendía nada.

-¿Estás enferma? ¿Te peleaste otra vez con papá? ¡Qué lío de madre!

-Sabes que te quiero; que te adoro; como cualquier madre. No me interrumpas más; yo.... nunca pude tener hijos....Esa es la verdad. Era estéril. No te tuve en mi vientre. Pero te amo como si te hubiera parido. Mi niño no me mires así... Se que tenemos que hablar mucho...mucho.... Nada cambiará eso. Sólo que debía decírtelo antes de que lo descubrieras de otra forma.

La carita del muchacho se había transformado. Se quedó en silencio; absorto; miraba a su madre desconcertado. Miraba al vacío; como si estuviera viviendo un mal sueño.

-Hijo; no dices nada. No quieres preguntarme?

-¿Preguntarte? Sí; quisiera preguntarte si me estás gastando una broma. ¿Estás loca? ¿Estuviste tomando?

¿-No. Yo sé que esto debí habértelo dicho hace años pero cometí un grave error. Un error que estoy pagando muy caro.

-Si esto es verdad, entonces no cometiste un error; me mentiste má....¡me mentiste!. Siempre me dijiste que debía decirte la verdad. ¿Por qué? ¡Es horrible!.  ¡No puedo creerlo! ¿Y papá? ¿El lo sabe? Quiero hablar con él.

-Sí lo sabe. El quiso muchas veces decirte lo que pasaba pero no lo dejé.

Ezequiel era un revoltijo de dudas; su mente se hacía mil preguntas. De repente esa no era su casa. De repente ni ese era su cuarto. Todo se había puesto al revés. Esa mujer ¿no era su verdadera madre? Entonces ¿quién era él? Quería llorar pero no podía. Mentira... Mentira... Mentira... A sus cortos años no comprendía como podía doler tanto una mentira.

-Déjame solo... Quiero estar solo

-Cariño...Debemos hablar; por favor no te cierres....

-¡Déjame solo!. ¡Ya no quiero hablar de nada! ¡Ni con nadie!

-¡No me grites así! Soy tu madre -su voz era un solo sollozo-

-¡¡¡Tú no eres mi madre!!!

Claudia salió corriendo del cuarto. El amor de su hijo se le había convertido en odio...

LA MENTIRA - ULTIMO CAPÍTULO

Los días que siguieron fueron amargos para Claudia; el joven se encerró en un total mutismo; prácticamente no le dirigía palabra. Sólo bajaba a comer y luego desaparecía para ir a su escuela. Trataba de tener paciencia y esperar a poder acercarse a él. No podía culparlo; todo esta situación era el fruto de su insensatez y su falta de valor para decir la verdad. Su ex marido era otro que no dejaba de culparla; olvidando su propia responsabilidad como padre en el conflicto.

También sentía miedo de otro aspecto del asunto; el chico en algún momento preguntaría por su madre biológica. No dejaría por nada del mundo que esa mujer le arrebatara el cariño de su hijo. No se lo permitiría.

Había pasado una semana desde lo ocurrido; este fin de semana se había quedado en casa de su padre; que no colaboraba mucho para mejorar la situación. Estaba esperando que en cualquier momento entrara por la puerta. Si su actitud no cambiaba tendría que buscar una pronta solución. Se abrió la puerta y ansiosa fue a recibirlo; pero quien entró fue Gerardo y solo...

-¿Dónde está mi hijo?

-Tendrás  que calmarte. El niño quiere quedarse conmigo

-¡Ni lo sueñes! ¡No vas manipular al niño para quitármelo!

-¡Estás loca! Deja de pensar en ti por un momento. Piensa en él; lo que está sufriendo; ¡por Dios! Yo habré fallado como padre; lo sé; pero si le mentí fue por hacerte caso. Ahora no se puede rectificar. Y otra cosa; me preguntó por su verdadera madre...

-¡No! ¡Jamás! Me querrá a  quitar Chel. ¡Sobre mi cadáver!

Gerardo hizo un gesto de  impotencia con las manos. El era como era; pero el egoísmo de su ex lo superaba; su egoísmo y esos celos enfermizos; que fueron la causa principal de su separación.

-No discutiré más. No forzaré al muchacho a que venga. Mejor vuelve a pedir ayuda a tu prima. Porque el dolor que siente el niño es psicológico. Soy como soy; pero no soy ignorante. Estoy dispuesto a que vayamos los tres. No es un problema tuyo. Es mi problema también.

Claudia se quedó sin habla. En el fondo ese hombre de acero tenía razón.

La terapia

No esperaron más. Al día siguiente estaban en el consultorio de Natalia. Padre; madre e hijo. Sabía que no sería tarea fácil. Tres seres complejos; una mujer insegura; controladora; con mucho sentimiento de culpa; su esterilidad era en mayor parte la razón de su inseguridad; eso la había vuelto celosa; posesiva y al fracasar su matrimonio; volcó sus frustraciones en Ezequiel; en ese niño que decidió adoptar pero callándose muchas verdades.

Gerardo; un hombre frío por fuera pero con mucha necesidad de amor. Probablemente en su infancia fue educado así; responsabilidades; deberes; pero sin recibir caricias; palabras de cariño. Con lo acontecido a su hijo; algo lo conmovió; tal vez se vio a sí mismo en el dolor del niño; que sufría interiomente; sin saber como pedir ayuda. Pobre Gerardo. El matrimonio estaba acabado; pero ese jovencito los seguiría uniendo de por vida.

Y Chel; uno de tantos niños adoptados; que no saben qué hacer con esa verdad; que se sienten traicionados por quiénes no deberían herirlo nunca: sus progenitores y por esa madre que lo regaló o que quiso abortarlo. Su corazón era una llaga viva desangrándose.

-Bueno, familia; porque ustedes son y serán siempre una familia. Los padres pueden divorciarse; seguir hablándose o no. Pero jamás se divorcian de sus hijos. A ellos se deben siempre para darles felicidad; seguridad; y amor por sobre todas las cosas.

-Ezequiel; te enteraste de una verdad; no eres hijo biológico de tus padres; porque Claudia y Gerardo son tus padres. No te dieron la vida, pero te aman con todo su corazón. Podría decirse que sí; hubo un engaño; un ocultamiento si se quiere; ocultar es mentir en muchos casos. No se justifica; pero muchas personas lo hacen por amor; creyendo que no hacen mal. Y ya ves Claudia, que a la larga la mentira se convierte en una bola de nieve; arrasando con muchas vidas.

-Sobre tu verdadera madre tienes el derecho de  buscarla, de preguntarle, de reclamarle. Te pediría que no la juzgues. Si ella tomó esa terrible decisión; piensa qué razones puede haber tenido.

-No existen razones para que una madre se deshaga de su hijo. Aun cuando sea por una violación.

-Claudia; te pido que no hables mal de esa persona. No le haces ningún bien a tu hijo. No lo alejes más de lo que lo has hecho. Todo niño tiene derecho a conocer sus orígenes, sean como sean sus padres biológicos .

-Mujer, por favooor.... -Gerardo bajaba la cabeza avergonzado

-Cálmense; comprendo la tensión que viven; pero aquí tenemos que trabajar en función de su hijo. Ambos necesitan perdonarse muchas cosas y también necesitan el perdón de Ezequiel.

El niño sostenía una mirada dura; luchando por contener las lágrimas. Esa dureza era más que nada hacia su madre. Y sentía que no podía perdonarla.

-Ezequiel, si tuvieras enfrente a tu madre biológica, ¿qué le dirías?

-Nada. O por lo menos le preguntaría ¿por qué? Porqué no me quiso.

-Sabes que fue violada. Muchas mujeres sienten ese rechazo hacia sus hijos, que no tienen la culpa; una terapia psicológica la hubiera ayudado a aceptar esa situación. Pero era una mujer humilde, de pocos recursos. Muchas razones pudieron llevarla a esa determinación. ¿Quieres a tus padres? ¿Qué
 quisieras decirles? Puedes desahogar aquí tu rabia; ese dolor que sientes; puedes escribírselos también... Puedes llorar. Deja salir esas lágrimas que están luchando por salir..

Los ojos de Ezequiel se aguaron. Unas lagrimitas bajaron por sus mejillas; y ya no pudo contenerse. Lloró y lloró...

Sus padres lo estrecharon llorando; los tres se abrazaron fuertemente. Natalia también lloró. Era su sobrino querido.. En ese instante quiso salirse del consultorio. Quiso respetar ese íntimo momento.. Que se dijeran lo que necesitaban decirse. Había visto tantas veces esa escena. No siempre había finales felices. Aunque esto no era un final. Era el inicio de una larga terapia familiar. Había muchas heridas que sanar. Y el propósito de aceptar muchos cambios. como por ejemplo, la posibilidad de integrar a esa madre biológica a la vida del muchacho. Claudia y Gerardo deberían llevarse mejor para no lastimar a ese hijo. Tenían en sus manos el tesoro más grande: Una familia. Un hijo. Y nunca más mentiras que destruyan la confianza. Siempre la verdad por dura que sea.

Volvió a entrar. En esos ojos se veían otras miradas. Claudia y Gerardo tomaban a su hijo de la mano. Y la mirada de Ezequiel parecía haber recuperado esa dulzura que lo caracterizaba.

-Bueno familia, por hoy fue suficiente. Por hoy; les programare los días de terapia familiar. Y los quiero aquí; sin falta. Ahora se me van a casa y cuéntense muchas cosas. También en la terapia puede participar Hilda; tu mujer, Gerardo; toda aquella persona que forme parte de los afectos de Ezequiel será necesaria. Y ahora se me van. Tengo pacientes afuera.

Los tres salieron sonriendo por la puerta; despidiéndose hasta la otra semana.

Natalia los vio partir satisfecha y orgullosa de haber podido ayudarles en este principio de terapia. Se dijo a sí misma: "algo ayudé con esta profesión; pero quién puede negar que por esa puerta salió el milagro del amor"....

viernes, 4 de septiembre de 2015

TODO PARA QUE ME OLVIDARAS


Una vida se me fue pensando en ti,
forjando un vano sueño y para qué,
soñando un encuentro que no fue;
quise retener lo que ni era para mi

Por esas ironías de la vida volviste,
te volví a ver en una foto y recordé...
Todos los años que no estuviste;
resignada cerré mis ojos y lloré

Lloré por todo ese tiempo perdido,
porque tuve un corazón tan necio;
aferrado al amor no correspondido

Lloré por todo; por mí más que nada;
porque los dos nos hicimos viejos
y todo ese sufrir fue para que me olvidaras...