jueves, 28 de agosto de 2014

AL CERRAR LA PUERTA


Esta no es una historia de amor; en parte sí; pero es más una historia de desamor. Es mi historia. La de un hombre que vivió por amor, que entregó todo por amor; mi nombre a nadie le importa, ya tengo setenta años, bien llevados; no soy una guapura, pero por lo que me han dicho tuve ese encanto que volvía locas a todas; ya queda muy poco de ese encanto, en el fondo sigo siendo el mismo, con mis sienes más blancas, pero la misma pasión por la vida, por amar. Hubo muchas en mi vida, a todas las recuerdo porque a  cada una las amé a mi manera; y hubo una, sí, la que me marcó para siempre, la única que dejó en mí una huella imborrable, la que fue el gran amor de mi vida, y la que más me hizo sufrir. Porqué la quise tanto, vaya a saber, tal vez porque era prohibida para mí porque era la más inalcanzable. Y la amé, y fue mía, con ella rompí todas las barreras, todos los prejuicios. Sería mía contra todo y contra todos. Porque al fin como escuché por ahí  “al amor no se le dictan leyes”* Entre ellas y yo no se alzaría nada, no se interpondría nadie, el mismo día que la vi, lo supe “tú serás mía”; era perfecta, sus inmensos ojos, su cuerpo escultural, su cabellera rubia, era una diva venida del Olimpo, sus senos como dos montes rosados me volvían loco. Primero fue el deseo de poseerla, de arrojarla sobre una cama y…. sólo tenía un defecto: era casada.
Aún así ni eso me detuvo; nos conocimos en una galería de arte; soy un pintor mediocre, mis pinturas son mediocres; al verla ese día, mi primer pensamiento fue pintarla desnuda, (y así lo hice tiempo después) Cuando nos presentaron nos dimos la mano, yo quise demostrarle mi gentileza y le di un beso en su frágil mano. Eso la impresionó. Su aroma me envolvió, su fragancia a primavera, a mañana de rocío; nunca olvidaré ese primer instante, mis ojos no se desviaban de su lado, en ese momento en el mundo éramos esa mujer adorada y yo. Después…después empezó a correr la historia; cómo, dónde ni cuando no sé, nos dimos nuestros teléfonos; la primera cita fue en un café, ahí fue que supe que estaba casada; yo estaba separado; pero al fin y al cabo ¿qué es el matrimonio? Solamente un papel, un contrato, que no amarra los sentimientos, ni a las personas definitivamente. Además soy ateo, no creo en religiones, no creo en la muerte; creo en lo que veo, en el aquí, en el ahora; lo que vendrá, vendrá y después de esta vida, tampoco creo que haya nada. Tampoco me inquieta saberlo. Sólo creo en el amor físico y espiritual. Creo que la mejor forma de morir sería haciendo el amor. Cosa que con ella no lo pude lograr.
Después del café, fuimos a caminar, la tomé de la mano; ¿sería un sueño? Estábamos juntos. Ella me miraba, en sus ojos vi arder el deseo, sus manos temblaban, la mías sudaban, ¿qué más podíamos decir? ¿a qué esperar? El amor nos llamaba, nos exigía; no tuve, que tardar mucho en comprender que la amaría toda mi vida y más allá…si lo había… Pienso hoy que fue la única mujer que pudo hacer creer que existía un dios. Casi lo creí…casi… Y esa noche la tengo aún grabada en mi mente, en mi cuerpo,  en mi recuerdo; en ese cuarto fue la locura del amor, de un sexo desenfrenado, del deseo reprimido; nos quitamos la ropa y así frente a frente devoramos nuestra desnudez; nos entregamos a las caricias, a los besos; practicamos el kamasutra completo. Al fin era mía, totalmente, y yo de ella. Aunque fuera de otro, era yo quien ocuparía un solo lugar en su alma y en su cuerpo. A la madrugada terminamos exhaustos, rendidos, y enamorados… Ella se quedó dormida, yo no quería dormir, no quería que esa noche terminara, contemplé su cuerpo desnudo y exquisito; y con mis dedos quise recorrerla suavemente, desde su frente, por su cuello, sus orejas, rebordeé sus senos, sus pezones, donde brillaban pequeñas perlitas de sudor; las lamí…; seguí recorriéndola, su viente, su cintura, sus piernas, sus rodillas y regresé al centro de su hermoso ser…allí me detuve, comencé a acariciarla y se despertó; volvimos a amarnos, a hacernos el amor, a estremecernos de placer…la magia se acabó, tenía que irse, sus obligaciones la llamaban; la amé y la odié por dejarme probar sus mieles y ahora me abandonaba. Se fue con la promesa de volver, de quererme siempre, de ser mía para siempre.
Los días, los meses, los años pasaron, la rutina nos envolvió en ese amor adúltero de cinco a ocho, no habían tantas madrugadas; siempre una relación controlada por el reloj, por la prisa; y también por un sentimiento de culpabilidad. Yo lo aceptaba todo, con tal de tenerla, de no perderla, era un esclavo de sus exigencias, de ese amor condicionado por su estado civil. Era todo o nada.  Y promesas no faltaban, que me quería, que me amaba, que me adoraba, que algún día lo dejaría todo por mí, y yo no respiraba sino por y a través de ella, de ese deseo que me consumía al tenerla y al no tenerla. Mi amor era un volcán en erupción constante.  Intenté dejarla muchas veces, pero cuando tardaba en volver, cuando me quedaba solo en esa cama, me sentía como un perro sin dueño; lamiéndome mis heridas, mi soledad; mi desamor; me conformaba con esa felicidad prestada, mi felicidad era estar enredado su cuerpo, sus brazos eran mis cadenas, sus labios la fuente que calmaba mi sed. ¡Cómo la amé! Y la perdí…irremediablemente la perdí…o me perdió, o nos perdimos los dos. Ella no era mala, ni caprichosa, era una mujer como muchas atada a sus costumbres, a sus hábitos, a sus comodidades. Sé que me quería como yo a ella, pero sus miedos, sus prejuicios la sujetaban. Hasta que un día pasó lo inevitable, el marido se enteró, vaya a saber cómo. Hubo discusiones, hubo lágrimas, y no la vi por una semana. Cuando nos volvimos a ver, hicimos el amor como el primer día, se estrechó junto a mí, esa vez era ella quien tomó la iniciativa, con un hambre de amor y de sexo como nunca me lo había demostrado, acariciándome, excitándome. Sentía que volvían a resurgir los tiempos de antes. Creí que ahora sería mía para siempre…me equivocaba… Luego se vistió dejándome abandonado en el lecho, me dijo que se iba, que ya no nos veríamos más, que no podía tirar su vida por la borda; que eran muchos años de matrimonio, y no sé cuántas estupideces más tuve que escuchar. Antes de cerrar la puerta me dio un beso, con algunas lágrimas y me dejó allí parado, sin más explicaciones. Le dije adiós, deseándole lo mejor, porque ante todo soy un caballero, ni le supliqué, ni le rogué, sólo me quedé callado, tragándome mi orgullo, mi dolor, cerré la puerta y me arrinconé en el sofá a llorar más como un hombre, como un niño…
De esa despedida hace ya diez años; después de ese final mi vida fue un desconsuelo total, sin sentido, sin rumbo, quedé sumido en una terrible soledad, estaba desquiciado, torturado por su recuerdo y el sufrimiento de no verla más. Hasta muchas veces pensé en suicidarme, no sé qué me detuvo. El amor se fue con ella, la vida se fue con ella. He tenido muchas aventuras, porque sin sexo no puedo vivir. Amores virtuales también, que duran poco, porque el verdadero amor hay que tocarlo, acariciarlo, besarlo. De mi inolvidable amor he recibido mensajes en el teléfono, diciéndome que quiere volver, que está arrepentida, pero a ninguno contesto, porque es inútil. Volveríamos a lo mismo para terminar en lo mismo. Y mi historia llegó hasta aquí, con diez años más  pero con el mismo volcán en el corazón deseoso de amar y ser correspondido. Aún estoy vivo, puede haber otra oportunidad, mientras me quede algo de vida, a pesar de que mi gran verdad se fue hace diez años al cerrar la puerta…


* Benito Pérez Galdos

sábado, 16 de agosto de 2014

ACOSADOR




Relato inspirado en casos de la vida real presentados en el programa “La obsesión” de Investigation Discovery. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.

Espero que al leer mi relato muchas mujeres tomen conciencia de que peligro siempre las puede acechar afuera, en cualquier lugar. La maldad no tiene el rostro de un demonio, puede tener una cara normal, una voz agradable, pero en un instante puede reflejar su verdadero rostro, sus ojos oscuros  y profundos, que contienen. Por ese el odio, la perversidad y la locura.


Fue a mediados del mes de octubre del año 1996, hace dieciocho años. Por ese entonces tenía veinticinco, tenía una vida feliz, estaba por terminar mi carrera de derecho; me faltaba un año y estaba muy enamorada de mi novio, Ricky, faltaba poco para casarnos; pensábamos irnos a vivir a México, porque él tenía una propuesta de trabajo, era arquitecto.  Todo marchaba de maravilla. Por ese entonces vivía encasa de mis padres, éramos dos hermanas, Mayka y yo, Tessa. Nos llevamos pocos años, por eso siempre hemos sido grandes amigas y confidentes. Intercambiamos la ropa, los zapatos; nunca he tenido una amiga como Mayka. Hoy vivimos más distantes pero nos escribimos y hablamos. Como dije mi nombre era Tessa, hoy me llamo Linda; lo tuve que cambiar por las razones que explicaré a continuación:
Vivía con mis padres pero rentaba un pequeño piso en una zona residencial para estar cerca de la Universidad. Ese día tenía que presentar un examen; llegué a la universidad donde me entretuve con dos compañeras, Lili y Magda. Era un día soleado, el instituto tiene un parque arbolado, hermoso, donde los estudiantes se reúnen para estudiar o hacer amistad, se pueden hacer largas caminatas en el sendero estrecho y serpenteado que rodea todo el parque. Después de despedirme de las chicas me fui caminando sola, sin prisa, era temprano aún. Llamé por teléfono a mamá –Hola cariño, cuando vendrás?
-Este fin de semana seguramente. ¿Qué novedades hay? ¿Y papá?
- Bien, siempre pregunta por ti
-Ok má, pasaré por casa de Ricky, nos vemos pronto.
-Besos querida, te esperamos.

Seguí caminando. No sé si alguno de ustedes ha sentido a veces la sensación de ser observados. Pues eso es lo que sentí cuando colgué la llamada. Miré hacia atrás, hacia los costados, pero nada… y sin embargo podía sentir dos ojos como puñales clavados en mí...

Pasó una semana; me olvidé del asunto; tenía un día muy atareado, en la mañana me dedicaría a limpiar los muebles, a ordenar los libros; esa noche quería prepararle una cena especial a Ricky, un pollo con salsa de champignones y un postre  helado. Cumplíamos ese día dos años de noviazgo, así que me levanté con energía para iniciar mis tareas. Abrí el ventanal para que entrara el sol, pero como tengo por costumbre, antes que nada me doy una ducha; tenía todo el día por delante, me sentía feliz, optimista, y agradecida a la vida por tantas cosas buenas. Terminé mi taza de café, y comencé a desvestirme. El agua tibia caía  sobre mi piel, mientras me enjabonaba. La delicia sensual de la lluvia acariciaba mis senos, mis piernas…me imaginaba esa noche especial con Ricky. Haríamos el amor, y nos dormiríamos y despertaríamos juntos mmmm casi no podía esperar. Lo amaba intensamente y era totalmente correspondida.
Oí que sonaba el teléfono en la sala. Cerré la ducha, me puse la toalla y fui con prisa a atender, media mojada todavía.
-Aló?
-………………………………………………
--Aló? Quién es?
- …. Ajjjjj…..ahhhhhh
-¡¿Quién es?!
- …Ajjjjjj…..ahhhhhh…………………

Un sonido animal fue la única respuesta. No entendí. ¿Quién o qué era eso? Un escalofrío corrió por mis huesos. –Pero no- me dije –debe estar equivocado. Me zambullí en mi cuarto, me puse un short  y una blusa; aún esa voz metálica me seguía perturbando. Terminé de limpiar el polvo de las alfombras, dejé la sala como un espejo; después en la cocina procedí a preparar el plato para la cena. Mi celular sonó.
-Aló?
- Hola amor, como llevas tu día? -  Era Ricky. -Hola cielo, bien, te chuparás los dedos con mi comida. Te amo.
-Está bien nena; como a las siete estaré por allá.
-Bien, ah! cariño, ¿tú llamaste hace una hora al teléfono del apartamento?
-mmmm no; solamente te llamo por el móvil. ¿Por qué?
- No, llamó alguien, creí que podías ser tú. Debió ser número equivocado.
-¿Ocurre algo? te noto preocupada.
-No, no, amor, fue un malentendido...

Terminaría de preparar la cena. Eran casi las doce, después revisaría mis apuntes y llamaría a casa de mis padres; me olvidaba algo, elegir mi vestido para la noche; saqué del armario algunos de mis modelos preferidos; y busqué un conjunto de interiores, el más sexy que tenía, uno de encaje negro; me lo probé porque lo estaba estrenando. El sostén levantaba mis senos y dejaba entrever mis pezones; la panty tanga era mínima, y dejaba al aire mis nalgas, Fui al espejo grande de la sala para poder mirarme de cuerpo entero. Sonó un ring
-Hola cariño, si me sigues llamando, no terminaré de…
-Me encantan tus nalgas…ajjjjj….ricas…. Otra vez ese sonido metálico murmuró desde el otro lado de la línea.
-¿Quién es? Si es una broma, no me parece gracioso.
-Ese color negro te queda divino… te quisiera c….. perrita suciaaa
-¡¡Déjeme en paz!! Tiré el teléfono y corrí a mi cuarto. Alguien me estaba espiando. Volví a la sala y cerré las cortinas con violencia. Por entre la tela del cortinado intenté observar hacia afuera. Yo vivía en un quinto piso. Enfrente había un complejo de departamentos viejos. Podía estar en cualquiera de esos. Esa voz retumbaba en mis oídos diciéndome esas cosas sucias . Comprendí que eso no era un chiste. Podía estar ante un serio problema. La  adrenalina corrió por todo mi cuerpo; me acurruqué en la cama ¿se lo diría o no a Ricky? Quizá no volvería a llamar.
A las siete y media llegó Ricky. Lo abracé fuertemente. No quise arruinar nuestro encuentro comentándole lo que me había pasado. Me trajo unas flores, y me entregó una cajita pequeña, la abrí: un anillo de diamantes. Me lo puso en mi dedo para sellar nuestro compromiso. La cena estuvo deliciosa, el vino, el postre hablando de nuestro futuro. Teníamos una vida por delante, con una casa, niños, en fin, lo que toda mujer puede soñar. Nos acomodamos luego en el sofá, nos besamos. Ricky besaba deliciosamente mi cuello, mis orejas; algo intenso nos iba poseyendo; empezó a bajarme las pantys, sus manos jugueteaban dentro de mis piernas. La excitación llegó a su punto culminante; allí mismo, en el sofá, nos desnudamos y placer. Acabamos allí, sudados y rendidos. Al final fuimos al baño a ducharnos juntos. Me olvidé de todos mis problemas. Esa noche éramos él y yo. Fumamos luego un cigarrillo recostados en la cama, relajados. La oscuridad nos envolvió acariciándonos muy estrechamente, uno junto al otro. No recuerdo otra noche más feliz…
Lo despedí al día siguiente, prometiéndonos repetir otro día como ese. Besos y arrumacos.  Tenía que ir a la universidad. –Ring… Ring…  Ese sonido me devolvió a la realidad. Levanté el aparato y antes de decir nada alguien habló...
-Vi todo las porquerías que hiciste con tu novio… sucia… zorra…. pero como te movías…
-¡Ya le dije que me deje en paz!. Sino llamaré a la policía, ¡¿me entendió? !  Le respondí furiosa.
-Mala decisión, Tessa… Yo que tú no lo haría (y colgó)


Mi cuerpo era un solo temblor, no podía moverme, ni respirar. El miedo erizó los vellos de mis brazos; un frío helado corrió por mi sangre…sabía mi nombre…pero si las cortinas estuvieron cerradas ¿cómo pudo vernos? Corrí al baño a vomitar, lloré desconsoladamente. ¿Contra qué me estaba enfrentando? Debía hacer algo y rápido. El teléfono sonó nuevamente pero no lo atendí. Tomé mi bolso y mis libros. Dejé mi apartamento para alejarme de esas llamadas, sin saber que el terror recién comenzaba…

ACOSADOR - CAPITULO II


Ese mismo día en la universidad, no podía concentrarme, pensando en que tenía que regresar a mi piso, sola, me aterrorizaba. Decidí entonces irme a casa de mis padres ese fin de semana. Hablaría con  Mayka, entre las dos buscaríamos una solución. Al menos descansaría dos días, estaría tranquila. De repente mi vida y yo misma estaba fuera de control.

Mamá me recibió cariñosamente, feliz de verme, aunque le pareció extraños que fuera para esa fecha. Hogar, dulce hogar. En el cuarto nos encerramos con mi hermana  y le conté…?

-No puede ser hermana ¿estás segura de que no es un pesado de esos o alguien de la universidad?

-No, Mayka. Su voz es horrible, no parece de este mundo, es metálica, no sé, horrible, creo que la disfraza, no parece una voz humana y me dice cosas sucias, asquerosas.

-¡Tenemos que denunciarlo a la policía!

-¡Nooo! Me amenazó que no se me ocurra contarle a nadie, menos a la policía.

-Pero algo tenemos que hacer! Quizá se canse y no te siga llamando

-Sé que no. Es un maniático sexual. Puedo sentir que me sigue a todas partes. Luego la abracé llorando

Más tarde nos sentamos a almorzar los cuatro, Mamá, Papá, Mayka y yo Pude distraerme un poco. Recordamos nuestra niñez, de muchos recuerdos del colegio. Siempre que vuelvo a casa me siento una niña otra vez. El calor del hogar, el olor a canela, a eucaliptus, es el olor de mi niñez, la sala con padres de madera, ese estilo acogedor que nuestra madre pone en todas las cosas y la voz grave de papá, fumando su pipa en la mesa del comedor. Me hubiera quedado allí muchos días más, pero no podía, debía regresar.  Mientras mirábamos fotos familiares antiguas, el teléfono sonó, atendió nuestra madre.

-Tessa, es para ti

-¿Quién es? Me pareció raro. Nadie sabía que había salido de viaje.

-No sé querida.

Algo me estremeció. No, no podía ser….. atendí….

-No podrás escapar de mí Tessa, nunca… jajajajajaja!!!

Colgué violentamente. -¿Quién era hija? Me miraron todos asombrados. No pude ocultarlo más. Rompí en llanto.
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Central de Policía.

-Describa más o menos como es su voz.

-Ya se lo dije oficial, es indescriptible. Suena metálica, no parece una voz humana. Sabe mi teléfono, sabe el teléfono de mis padres. Creo que sabe todo sobre mí.

-Hasta ahora no hemos podido averiguar mucho. Trate de ignorar sus llamadas. Trate de no quedarse sola.

-¿Es decir que no van a hacer nada más? ¿Tendrá que matarme para que lo detengan?

-Ese es el problema, el individuo no ha hecho contacto personal. Lo que podemos hacer es intervenir su teléfono y rastrear las llamadas.

Algo es algo me dije. Salimos con mi hermana mientras íbamos en el auto lloré de impotencia, de rabia, Nada se podía hacer que pudiera detener a ese maldito acosador. Decidimos que Mayka se mudaría un tiempo conmigo, hasta que se resolviera todo. El celular sonó. Seguro que era Ricky.

-….¡¡¡Perra maldita!!! Que te dije el otro día? ¡Que no fueras a la policía! ¡¡¡ATENTE A LAS CONSECUENCIAS!!!

-¡¡¡Nooo!!! ¡¡¡Espere!!!

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Desde esa vez el teléfono de mi apartamento no volvió a sonar. Unicamente entraban sus llamadas a mi celular. Preferí no decir más a la policía. Mi vida estaba totalmente en manos de ese desquiciado. Sus llamadas eran siempre con palabras soeces, amenazantes, le gustaba excitarse, y lo oía masturbarse. Era una pesadilla que no iba a tener fin.

Transcurrió un año, me sumí en una fuerte depresión, no comía, no salía a ninguna parte. Tuve que dejar mis estudios. Conseguí trabajo en un buffette de abogados. Nunca quise mencionar mi situación. Pero hasta allí me persiguió el psicópata. Todo lo sabía de mí, se había convertido en mi sombra, era como tenerlo pegado a mis espaldas. Una tarde llegué al apartamento y vibró el celular…
-Hola monada…te extraño, no se te ocurra huir de mí. Esta noche quiero que hagas algo por mí.
-¿Qué quieres cerdo?
-No me trates mal nena. Ya sabes de lo que soy capaz. O a ese noviecito tuyo le puede ir muy mal…Yo soy tu amo ahora… ¿entendiste?
-Está bien, qué quieres que haga
-Así está mejor. Quiero que vayas a tu cuarto y te pongas lo que hay arriba de tu cama.
Esa orden me perturbó. Me pregunté ¿Y cómo sabe lo que hay arriba de mi cama? Me negué a creer lo que pensaba… El había entrado a  mi habitación. Entró con llave. Tenía la llave de mi apartamento. Sobre la cama había sólo una panty blanca transparente. Temblando obedecí lo que me pidió. Sabía que veía cada uno de mis movimientos, Hasta cuando dormía. Debía hacerlo para no enfurecerlo más. Tenía miedo por mi familia, por mis amigas, ¿de qué sería capaz ese loco del demonio? Me puse la panty, y quedé solamente vestida así. Otra vez el ring del teléfono.
-…así…así… muñeca… con tus senos al aire… quiero que te masturbes para mí…ahora…
-No…No…¡¡Nooo!!!
-Hazlo…¡¡¡AHORAAAAA!!!
Hice lo que me pidió. Sólo pensaba en Ricky haciéndome el amor. Cerré mis ojos e introduje mi mano dentro de mi panty… llorando…gimiendo mientras oía el sonido repulsivo de su voz excitado, jadeando, lo odié, me odié a mí misma, odié estar viva. Cuando terminé un grito furioso salió de mi garganta -¡¡¡Te odio maldito!!! ¡¡¡Te odioooo!!!

-Tú eres mía!!! ¡¡¡SOLO MÍA!!! ¡¡¡No dejaré que nadie más se acerque a ti!!!

ACOSADOR - CAPITULO FINAL


A partir de ese momento, decidí ignorarlo. Cambié la cerradura. Le dije a mi hermana que  no me acompañaría más. Su vida y la de todos lo que me rodeaban corría peligro. Ese hecho cambió mucho las cosas. El acosador había hecho contacto personal. Traspasó mis fronteras. A partir de allí le declaré la guerra. No me manipularía más. De repente no tuve más miedo. Me dije a mí misma: ¿Quieres tenerme? PUES VEN A BUSCARME. En los días que siguieron no contesté más el teléfono. Dos policías se turnaban de día y de noche para protegerme. Ricky había salido de viaje. Nuestra relación se fue deteriorando con lo sucedido. No quise que le ocurriera nada. Lo alejé a la fuerza. Aunque lo amaba y siempre lo amaré. No mientras ese maldito me estuviera acosando, de alguna forma se había salido con la suya, destruyó mis sueños, mis planes, me había convertido en una persona insegura, temerosa, frágil.
Pasaron diez días desde que no respondí a  sus continuos llamados. El ring sonaba persistentemente, el del apartamento y el de mi celular. Podía palpar y oler su furia, que se acumulaba dentro del teléfono. En cierta forma era gratificante saber que le había ganado la partida. Pero sabía que no se quedaría tranquilo y ese era mi peor miedo, que contraatacaría cuando menos me lo esperara. Seguí ignorándolo, hasta  que tuve que meterme en la computadora para abrir mis correos. Tenía quince mensajes nuevos. Todos del mismo destinatario. Ya sabía de quién eran. Leí el último, despachado hacía veinte minutos.

“ZORRA, ¿CREES QUE TE SALISTE  CON LA TUYA?  NO ME IRÉ DE TI NUNNCAAA…ERES UNA PUTA…SI NO CONTESTAS EL TELÉFONO SABRÁS VERDADERAMENTE QUIÉN SOY YO… BIENVENIDA AL INFIERNO… FIRMADO: EL DIABLO”
Cerré de un golpe la laptop….Mi pensamiento quedó en blanco después de leer esa basura. Respiré un minuto y volví a abrir la computadora y escribí:
“TE TENGO UNA MALA NOTICIA. NO ME TENDRÁS NUNCA. ERES ASQUEROSO. REPUGNANTE. NO ME CONTROLARÁS MÁS. ¿QUIERES TENERME? ATRAVIESA MI PUERTA ¡¡¡SI ES QUE PUEDES!!!”
Pude intuir que la furia de un demonio estremecía el aire, las paredes, el techo, la guerra había empezado. Sólo habría un vencedor y un perdedor.
Al instante entró otro e.mail. Lo leí. Era de un renglón.
-“QUIZÁ NO SEA NECESARIO ATRAVESARLA”
Todo comenzó a dar vueltas a mi alrededor. El estómago se salía por mi boca. Estaba allí. Estaba conmigo… Estaba en el apartamento… La puerta estaba a cinco pasos de distancia. Comencé a caminar lentamente. No quise mirar atrás. Posiblemente estaba escondido en el cuarto o en el baño. Di dos  pasos más y me abalancé sobre la puerta, corrí bajando sin aire por las escaleras. El corazón se salía de mi pecho, de mi garganta. Corría y gritaba: ¡¡¡AYÚDENME!!! ¡¡¡SOCORROOOO!!! Faltaban tres pisos todavía. Miré hacia arriba y vi la sombra negra que venía detrás de mí. Traía una capucha gris. No se le veía su cara. ¡¡¡DIOS MÍO!!! ¡¡¡AYÚDENMEEE!!! Mis piernas flaqueaban. Un piso…. ¡¡¡TESSAAA!!!! Lo oí gritar detrás de mi espalda, sentía su respiración agitada, ya se abalanzaba sobre mí. Llegué a la salida. Era de noche. El policía de turno corrió hacia mí. Me atajó… Me hizo a un lado y disparó tres veces. El hombre cayó. No quise verlo. Perdí el conocimiento. Todo había terminado.

EPÍLOGO

Ya pasaron seis años. Hoy no me llamo Tessa, soy Linda Fuentes. Uso un nombre falso. Domicilio desconocido. Correo electrónico anónimo. El acosador no murió; solamente recibió heridas leves. Le dieron diez años de condena. Me pregunto hoy ¿se habrá hecho justicia? Yo creo que no. Cuando salga ¿comenzará su cacería de nuevo? No lo sé. Pero no podrá encontrarme. Unicamente mi familia sabe de mi paradero. El recibió diez años por haberme aterrorizado, y convertir mi vida en un verdadero infierno. Nunca lo vi. La policía me dijo que físicamente no valía nada. Era un hombre insignificante, pequeño de estatura. Sus ojos siempre estaban escondidos detrás de unas gafas de ratón. Era un técnico de la compañía de electricidad. En algún momento entró a hacer un mantenimiento cuando compré el piso e instaló cámaras para espiarme y acosarme.

En fin, hoy soy una estadística más de todas esas mujeres que son acosadas por algún extraño. El 98% no tiene la misma suerte que yo. Tal vez pude salvar mi vida para poder ayudar a otras mujeres a protegerse, para no caer en manos de un psicópata. Busquen ayuda desde el principio; de su familia, de la policía, no salgan solas en la noche, no se dejen atemorizar; tampoco  dejen entrar extraños a su casa porque en cualquiera de esas ciudades caminan por la calle, el técnico, el cartero, el vecino de al lado, en un rostro que parezca normal puede esconderse la maldad, la amenaza, el terror….