sábado, 16 de agosto de 2014

ACOSADOR - CAPITULO FINAL


A partir de ese momento, decidí ignorarlo. Cambié la cerradura. Le dije a mi hermana que  no me acompañaría más. Su vida y la de todos lo que me rodeaban corría peligro. Ese hecho cambió mucho las cosas. El acosador había hecho contacto personal. Traspasó mis fronteras. A partir de allí le declaré la guerra. No me manipularía más. De repente no tuve más miedo. Me dije a mí misma: ¿Quieres tenerme? PUES VEN A BUSCARME. En los días que siguieron no contesté más el teléfono. Dos policías se turnaban de día y de noche para protegerme. Ricky había salido de viaje. Nuestra relación se fue deteriorando con lo sucedido. No quise que le ocurriera nada. Lo alejé a la fuerza. Aunque lo amaba y siempre lo amaré. No mientras ese maldito me estuviera acosando, de alguna forma se había salido con la suya, destruyó mis sueños, mis planes, me había convertido en una persona insegura, temerosa, frágil.

Pasaron diez días desde que no respondí a  sus continuos llamados. El ring sonaba persistentemente, el del apartamento y el de mi celular. Podía palpar y oler su furia, que se acumulaba dentro del teléfono. En cierta forma era gratificante saber que le había ganado la partida. Pero sabía que no se quedaría tranquilo y ese era mi peor miedo, que contraatacaría cuando menos me lo esperara. Seguí ignorándolo, hasta  que tuve que meterme en la computadora para abrir mis correos. Tenía quince mensajes nuevo. Todos del mismo destinatario. Ya sabía de quién eran. Leí el último, despachado hacía veinte minutos.

“ZORRA, ¿CREES QUE TE SALISTE  CON LA TUYA?  NO ME IRÉ DE TI NUNNCAAA…ERES UNA PUTA…SI NO CONTESTAS EL TELÉFONO SABRAS VERDADERAMENTE QUIÉN SOY YO… BIENVENIDA AL INFIERNO… FIRMADO: EL DIABLO”

Cerré de un golpe la laptop….Mi pensamiento quedó en blanco después de leer esa basura. Respiré un minuto y volví a abrir la computadora y escribí:

“TE TENGO UNA MALA NOTICIA. NO ME TENDRÁS NUNCA. ERES ASQUEROSO. REPUGNANTE. NO ME CONTROLARÁS MÁS. ¿QUIERES TENERME? ATRAVIESA MI PUERTA ¡¡¡SI ES QUE PUEDES!!!”

Pude intuir que la furia de un demonio estremecía el aire, las paredes, el techo, la guerra había empezado. Sólo habría un vencedor y un perdedor.

Al instante entró otro e.mail. Lo leí. Era de un renglón.

-“QUIZÁ NO SEA NECESARIO ATRAVESARLA”

Todo comenzó a dar vueltas a mi alrededor. El estómago se salía por mi boca. Estaba allí. Estaba conmigo… Estaba en el apartamento… La puerta estaba a cinco pasos de distancia. Comencé a caminar lentamente. No quise mirar atrás. Posiblemente estaba escondido en el cuarto o en el baño. Di dos  pasos más y me abalancé sobre la puerta, corrí bajando sin aire por las escaleras. El corazón se salía de mi pecho, de mi garganta. Corría y gritaba: ¡¡¡AYÚDENME!!! ¡¡¡SOCORROOOO!!! Faltaban tres pisos todavía. Miré hacia arriba y vi la sombra negra que venía detrás de mí. Traía una capucha gris. No se le veía su cara. ¡¡¡DIOS MÍO!!! ¡¡¡AYÚDENMEEE!!! Mis piernas flaqueaban. Un piso…. ¡¡¡TESSAAA!!!! Lo oí gritar detrás de mi espalda, sentía su respiración agitada, ya se abalanzaba sobre mí. Llegué a la salida. Era de noche. El policía de turno corrió hacia mí. Me atajó… Me hizo a un lado y disparó tres veces. El hombre cayó. No quise verlo. Perdí el conocimiento. Todo había terminado.

EPÍLOGO

Ya pasaron seis años. Hoy no me llamo Tessa, soy Linda Fuentes. Uso un nombre falso. Domicilio desconocido. Correo electrónico anónimo. El acosador no murió; solamente recibió heridas leves. Le dieron diez años de condena. Me pregunto hoy ¿se habrá hecho justicia? Yo creo que no. Cuando salga comenzará su cacería de nuevo? No lo sé. Pero no podrá encontrarme. Unicamente mi familia sabe de mi paradero. El recibió diez años por haberme aterrorizado, y convertir mi vida en un verdadero infierno. Nunca lo vi. La policía me dijo que físicamente no valía nada. Era un hombre insignificante, pequeño de estatura. Sus ojos siempre estaban escondidos detrás de unas gafas de ratón. Era un técnico de la compañía de electricidad. En algún momento entró a hacer un mantenimiento cuando compré el piso e instaló cámaras para espiarme y acosarme.



En fin, hoy soy una estadística más de todas esas mujeres que son acosadas por algún extraño. El 98% no tiene la misma suerte que yo. Tal vez pude salvar mi vida para poder ayudar a otras mujeres a protegerse, para no caer en manos de un psicópata. Busquen ayuda desde el principio; de su familia, de la policía, no salgan solas en la noche, no se dejen atemorizar; tampoco  dejen entrar extraños a su casa porque en cualquiera de esas ciudades caminan por la calle, el técnico, el cartero, el vecino de al lado, en un rostro que parezca normal puede esconderse la maldad, la amenaza el terror….