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Mostrando entradas de marzo, 2015

UNA DE VAQUEROS - CAPÍTULO I

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A John Wayne, una leyenda del Western
Ernesto llevó a su pequeño Tintin, de ocho años a la cama, le puso su pijama, le hizo rezar sus oraciones y después lo cubrió con cobija. -Ahora, amiguito, a dormir, que mañana hay escuela. -mmm, papi, pero todavía no tengo sueño. ¿Puedo ver la tele? -Olvídalo, amiguito, nada de tele, cuenta ovejitas y verás que el sueño llega rapidito. Cierra los ojitos, así... y se los cerró suavemente, le dio un beso y fue a apagar la luz. -Paaa, tengo miedo. No apagues la luz -Eso te pasa por estar viendo monstruos en la tele. Vamos, hijo, a dormir. -Mientras me duermo, ¿no me puedes contar un cuento? -Bueno, uno, nada más. ¿Cuál quieres que te cuente? No me sé muchos. -Ya sé, pa, cuéntame uno de vaqueros -¿De vaqueros? ¿Te gustan los cowboys? Eres de los míos. -Sí, papito. Con pistolas, caballos, indios y todo eso -Está bien, de acuerdo, pero te me vas durmiendo -¿Cómo se llama tu cuento de vaqueros? -El forastero -¡Lindo, pa! anda, cuéntamelo
EL FORASTERO
Cutton City, año 18…

UNA DE VAQUEROS - CAPÍTULO II

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La cama se sacudía agitadamente enel cuarto del Grand Hotel; Lily, la pecosa, contorneaba sus redondas nalgas arriba de su cliente, desnuda totalmente, con un collar de cuentas rosadas que adornaban su fino cuello. Era de piel muy blanca y rostro aniñado, con muchas pecas, de allí su apodo; llevaba casi toda la noche con el recién llegado. No le preguntó su nombre. Niguno de los que pagaban para retozar, tenían nombre. Debajo de los pantalones todos eran iguales. Salvo que algunos las trataban mejor y otros eran unos perros salvajes. Este ni hablaba ni expresaba nada. De músculos rígidos como el acero, se limitaba a que lo complaciera. De ojos fríos y oscuros, apenas tocó su cuerpo, como si le asqueara. No le gustaba nada ese mono. el hombre terminó de gozarla al fin. Y paró.
-Basta, bájate, me tengo que ir - sonó su voz seca y cortante. No había ningún tipo de sentimiento en esa voz. No es que esperara alguna delicadeza, pero casi todos contaban algún chiste grosero o prometían volver…

UNA DE VAQUEROS - CAPÍTULO III

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En la iglesia todos estaban molestos, angustiados, querían saber el motivo por el cual estaban todos acuartelados allí. El reverendo MacCarthy intentaba calmarlos, pidiéndoles que se mantuvieran en sus bancos.  Louis Grant, el barbero, hombre de grandes bigotes, de mejillas sonrosadas y pelo ensortijado se levantó de su asiento y pidió la palabra -Estoy seguro que todo este asunto tiene que ver con ese recién llegado.
-¡Sí, el forastero! ¡Ya se sabía! ¡El tipo iba a traernos problemas!
-¡Si! -
Gritó uno de atrás
-Vamos Reverendo, díganos de una vez ¡¿Qué nos están ocultando?! Las mujeres lloriqueaban al unísono -Nuestros niños, ¿qué pasará con ellos? ¡Ay, Dios mío! ¡¿Qué está sucediendo?!

El reverendo alzó las manos para aplacar los gritos -Hermanos, tranquilícense, debemos guardar la calma. Les aseguro que mientras estemos aquí, no correremos peligro alguno. El sheriff nos aclarará luego; por el momento, mejor oremos con fe y sin miedo «El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes prader…

UNA DE VAQUEROS - CAPÍTULO FINAL

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EPÍLOGO
Todo Cutton City estaba reunido en la cantina de Bert Larson, e incluso el reverendo MacCarthy. Todos hablaban sin parar, del espectáculo que les habían ofrecido esos dos Marshall; una vez más, la justicia había ganado en el pueblo, y nadie había salido muerto, salvo los tres pistoleros. Algunos felicitaban al banquero, por el rol de rehén que le había tocado vivir. El que antes había temblado de miedo, ahora se creía un héroe. El reverendo MacCarthy, hablaba al lado de la maestra Samantha Timmers, sin que Georgette Pelton y sus amigas, los perdieran de vista; pronto serían la comidilla, cuando anunciaran su boda, pero hoy, nadie tenía ojos y oídos más que para el suceso del tiroteo. La pianola tocó su música alegre, alguien cantaba una de esas canciones famosas del Oeste; la paz y la seguridad, habían regresado a Cutton, todos querían celebrar. Sam Pelton, el tendero, hablaba con unos y con otros. -Amigos, ya pasó el susto, ¡esos forajidos no se salieron con la suya! -¡Sí, Sam! …

OBSESIÓN

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TUVE HAMBRE

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DESDE EL OLVIDO

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NO QUIERO SABER

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PUNTO FINAL

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