UNA DE VAQUEROS - CAPÍTULO FINAL


EPÍLOGO

Todo Cutton City estaba reunido en la cantina de Bert Larson, e incluso el reverendo MacCarthy. Todos hablaban sin parar, del espectáculo que les habían ofrecido esos dos Marshall; una vez más, la justicia había ganado en el pueblo, y nadie había salido muerto, salvo los tres pistoleros. Algunos felicitaban al banquero, por el rol de rehén que le había tocado vivir. El que antes había temblado de miedo, ahora se creía un héroe. El reverendo MacCarthy, hablaba al lado de la maestra Samantha Timmers, sin que Georgette Pelton y sus amigas, los perdieran de vista; pronto serían la comidilla, cuando anunciaran su boda, pero hoy, nadie tenía ojos y oídos más que para el suceso del tiroteo.
La pianola tocó su música alegre, alguien cantaba una de esas canciones famosas del Oeste; la paz y la seguridad, habían regresado a Cutton, todos querían celebrar. Sam Pelton, el tendero, hablaba con unos y con otros. -Amigos, ya pasó el susto, ¡esos forajidos no se salieron con la suya!
-¡Sí, Sam! ¡Tienes razón!
-¡Que viva el Marshall Duggan!
-¡Que viva Foxter el for...! ¡Que viva el Marshall Foxter!
-¡Que viva Cutton City y los Estados Unidos de América!
-¡Hay que festejar! Bert Larson ¡sirve cerveza para todos! exclamó el Marshall Duggan
-¡Yahooooo! ¡Que viva Sam Pelton!

En la Comisaría, los dos Marshall jugaban una partida de poker -¿Cuánto quieres apostar, Forastero?, ¿a que después de que te lleves a Tombstone al de ahí dentro, volverás en la próxima diligencia?
-¿Y para qué quieres que vuelva? ¿Necesitas otro ayudante? Ya tienes a Kevin, que es todavía casi un niño, pero sabe disparar muy bien.
-Yo sé que volverás, Glenn Foxter. Yo lo sé.
-No me animo a apostar. A mí me gusta la acción. Aquí me aburriría, yo lo sé. - Le mostró sus cartas - Poker de ases-
-Bueno, Glenn, esta vez ganaste. Te espera la revancha cuando vuelvas. -Gracias por todo, Forastero, pero ya no eres tan forastero, jejeje.

Duggan después, se levantó un momento para fumarse un puro. Al salir al hall de madera, notó que su mecedora estaba ocupada. Pluma de Águila, fumaba su pipa tranquilamente.
-¡Vaya, vaya!, ¡A quién tenemos aquí! ¿cuándo volviste? Pensé que no regresarías. ¿Que no te habías ido con tu pueblo?
-Allá ser muy lejos. Gran Águila blanca volar sobre colina. Decir que regresar. Pueblo ya no necesitar.- Habló serenamente el anciano cacique.
-Esa águila tuya no se equivoca nunca, ¿no? Viejo taimado, ¿quieres fumar un puro?
-Muy bien, yo fumar tu puro, tú fumar mi pipa. Eso ser amistad.
-mmm, claro, Pluma de Águila, tú ser mi gran amigo. Pero dime, ¿estás seguro que no volviste por otra cosa?
-Ajá, tú, ser sabio como yo. Tú, tener pelo blanco como yo. Tener razón, Marshall amigo, Pluma de Águila volver también, porque...extrañaaar...¡extrañar tu mecedora!

Se miraron por un instante los dos -jajajajajaja- y estallaron en risas como dos viejos amigos.

FIN

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