lunes, 28 de septiembre de 2015

LA MENTIRA - ULTIMO CAPÍTULO

Los días que siguieron fueron amargos para Claudia; el joven se encerró en un total mutismo; prácticamente no le dirigía palabra. Sólo bajaba a comer y luego desaparecía para ir a su escuela. Trataba de tener paciencia y esperar a poder acercarse a él. No podía culparlo; todo esta situación era el fruto de su insensatez y su falta de valor para decir la verdad. Su ex marido era otro que no dejaba de culparla; olvidando su propia responsabilidad como padre en el conflicto.

También sentía miedo de otro aspecto del asunto; el chico en algún momento preguntaría por su madre biológica. No dejaría por nada del mundo que esa mujer le arrebatara el cariño de su hijo. No se lo permitiría.

Había pasado una semana desde lo ocurrido; este fin de semana se había quedado en casa de su padre; que no colaboraba mucho para mejorar la situación. Estaba esperando que en cualquier momento entrara por la puerta. Si su actitud no cambiaba tendría que buscar una pronta solución. Se abrió la puerta y ansiosa fue a recibirlo; pero quien entró fue Gerardo y solo...

-¿Dónde está mi hijo?

-Tendrás  que calmarte. El niño quiere quedarse conmigo

-¡Ni lo sueñes! ¡No vas manipular al niño para quitármelo!

-¡Estás loca! Deja de pensar en ti por un momento. Piensa en él; lo que está sufriendo; ¡por Dios! Yo habré fallado como padre; lo sé; pero si le mentí fue por hacerte caso. Ahora no se puede rectificar. Y otra cosa; me preguntó por su verdadera madre...

-¡No! ¡Jamás! Me querrá a  quitar Chel. ¡Sobre mi cadáver!

Gerardo hizo un gesto de  impotencia con las manos. El era como era; pero el egoísmo de su ex lo superaba; su egoísmo y esos celos enfermizos; que fueron la causa principal de su separación.

-No discutiré más. No forzaré al muchacho a que venga. Mejor vuelve a pedir ayuda a tu prima. Porque el dolor que siente el niño es psicológico. Soy como soy; pero no soy ignorante. Estoy dispuesto a que vayamos los tres. No es un problema tuyo. Es mi problema también.

Claudia se quedó sin habla. En el fondo ese hombre de acero tenía razón.

La terapia

No esperaron más. Al día siguiente estaban en el consultorio de Natalia. Padre; madre e hijo. Sabía que no sería tarea fácil. Tres seres complejos; una mujer insegura; controladora; con mucho sentimiento de culpa; su esterilidad era en mayor parte la razón de su inseguridad; eso la había vuelto celosa; posesiva y al fracasar su matrimonio; volcó sus frustraciones en Ezequiel; en ese niño que decidió adoptar pero callándose muchas verdades.

Gerardo; un hombre frío por fuera pero con mucha necesidad de amor. Probablemente en su infancia fue educado así; responsabilidades; deberes; pero sin recibir caricias; palabras de cariño. Con lo acontecido a su hijo; algo lo conmovió; tal vez se vio a sí mismo en el dolor del niño; que sufría interiomente; sin saber como pedir ayuda. Pobre Gerardo. El matrimonio estaba acabado; pero ese jovencito los seguiría uniendo de por vida.

Y Chel; uno de tantos niños adoptados; que no saben qué hacer con esa verdad; que se sienten traicionados por quiénes no deberían herirlo nunca: sus progenitores y por esa madre que lo regaló o que quiso abortarlo. Su corazón era una llaga viva desangrándose.

-Bueno, familia; porque ustedes son y serán siempre una familia. Los padres pueden divorciarse; seguir hablándose o no. Pero jamás se divorcian de sus hijos. A ellos se deben siempre para darles felicidad; seguridad; y amor por sobre todas las cosas.

-Ezequiel; te enteraste de una verdad; no eres hijo biológico de tus padres; porque Claudia y Gerardo son tus padres. No te dieron la vida, pero te aman con todo su corazón. Podría decirse que sí; hubo un engaño; un ocultamiento si se quiere; ocultar es mentir en muchos casos. No se justifica; pero muchas personas lo hacen por amor; creyendo que no hacen mal. Y ya ves Claudia, que a la larga la mentira se convierte en una bola de nieve; arrasando con muchas vidas.

-Sobre tu verdadera madre tienes el derecho de  buscarla, de preguntarle, de reclamarle. Te pediría que no la juzgues. Si ella tomó esa terrible decisión; piensa qué razones puede haber tenido.

-No existen razones para que una madre se deshaga de su hijo. Aun cuando sea por una violación.

-Claudia; te pido que no hables mal de esa persona. No le haces ningún bien a tu hijo. No lo alejes más de lo que lo has hecho. Todo niño tiene derecho a conocer sus orígenes, sean como sean sus padres biológicos .

-Mujer, por favooor.... -Gerardo bajaba la cabeza avergonzado

-Cálmense; comprendo la tensión que viven; pero aquí tenemos que trabajar en función de su hijo. Ambos necesitan perdonarse muchas cosas y también necesitan el perdón de Ezequiel.

El niño sostenía una mirada dura; luchando por contener las lágrimas. Esa dureza era más que nada hacia su madre. Y sentía que no podía perdonarla.

-Ezequiel, si tuvieras enfrente a tu madre biológica, ¿qué le dirías?

-Nada. O por lo menos le preguntaría ¿por qué? Porqué no me quiso.

-Sabes que fue violada. Muchas mujeres sienten ese rechazo hacia sus hijos, que no tienen la culpa; una terapia psicológica la hubiera ayudado a aceptar esa situación. Pero era una mujer humilde, de pocos recursos. Muchas razones pudieron llevarla a esa determinación. ¿Quieres a tus padres? ¿Qué
 quisieras decirles? Puedes desahogar aquí tu rabia; ese dolor que sientes; puedes escribírselos también... Puedes llorar. Deja salir esas lágrimas que están luchando por salir..

Los ojos de Ezequiel se aguaron. Unas lagrimitas bajaron por sus mejillas; y ya no pudo contenerse. Lloró y lloró...

Sus padres lo estrecharon llorando; los tres se abrazaron fuertemente. Natalia también lloró. Era su sobrino querido.. En ese instante quiso salirse del consultorio. Quiso respetar ese íntimo momento.. Que se dijeran lo que necesitaban decirse. Había visto tantas veces esa escena. No siempre había finales felices. Aunque esto no era un final. Era el inicio de una larga terapia familiar. Había muchas heridas que sanar. Y el propósito de aceptar muchos cambios. como por ejemplo, la posibilidad de integrar a esa madre biológica a la vida del muchacho. Claudia y Gerardo deberían llevarse mejor para no lastimar a ese hijo. Tenían en sus manos el tesoro más grande: Una familia. Un hijo. Y nunca más mentiras que destruyan la confianza. Siempre la verdad por dura que sea.

Volvió a entrar. En esos ojos se veían otras miradas. Claudia y Gerardo tomaban a su hijo de la mano. Y la mirada de Ezequiel parecía haber recuperado esa dulzura que lo caracterizaba.

-Bueno familia, por hoy fue suficiente. Por hoy; les programare los días de terapia familiar. Y los quiero aquí; sin falta. Ahora se me van a casa y cuéntense muchas cosas. También en la terapia puede participar Hilda; tu mujer, Gerardo; toda aquella persona que forme parte de los afectos de Ezequiel será necesaria. Y ahora se me van. Tengo pacientes afuera.

Los tres salieron sonriendo por la puerta; despidiéndose hasta la otra semana.

Natalia los vio partir satisfecha y orgullosa de haber podido ayudarles en este principio de terapia. Se dijo a sí misma: "algo ayudé con esta profesión; pero quién puede negar que por esa puerta salió el milagro del amor"....

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