viernes, 25 de septiembre de 2009

CAVILACIONES



Pintura: Reloj-Dalí 

"Estás sin estar en mí" 
y yo contando tus ausencias 
en las horas eternas 
de mis cavilaciones, 
porque si hay algo 
que sobra son las horas 
para pensar y recordar, 
dormir y volverme a despertar, 
mientras el mudo tic-tac 
avanza en la pared; 
...que me llevas en ti 
me dijiste ayer, 
la verdad no lo sé; 
quisiera atrapar tu corazón 
y descubrirme un segundo en él. 

Amante creado de mi verso 
en mi ayer te llevo aún 
para seguir creyendo en el amor, 
apacible y quieto 
duermes acurrucado en mi pecho, 
yo muero sin morir 
en otro tiempo sin ti 
bebiendo tus palabras 
que se dibujan tras el gris cristal, 
y que algún día mi tristeza 
romperá en añicos 
para no volverte a llorar. 

Para no seguir pensándote, 
doy vueltas en el lecho 
envuelta en la oscuridad 
sin lograr atrapar el sueño, 
el insomnio es total 
mi mente cavila... 
en esas tonterías, 
...que de la nada te inventé 
y a la nada volviste... 
¡cuánta estupidez! 
¿en que parte de ti estoy 
aún sin estarlo?
jamás lo entenderé.

Mañana será otro día igual
sin sorpresas, sin cambios,
te encontraré quizá,
si el azar nos encuentra
para volvernos a repetir
esas palabras que hoy
tienen sabor a rancio,
perdóname amor,
es la crueldad de los años
que se llevan lo mejor
y nos dejan lo amargo.

Te prometo que al volver
te daré el beso transparente
que dejará en tus labios
el anhelo dormido
de ese ayer que dejamos
en el último andén
de ese tren que se nos fue
sin habernos subido;
para que tu corazón lo sepa
hoy, mañana y siempre
que sigo estando sin estar en ti,
sin habernos visto ni una sola vez,
te lo prometo amor, te besaré.


ESA CALLECITA - A MI BISABUELO



 ¿Quién te hubiera dicho bisabuelo
que tu nombre adornaría
una calle de Buenos Aires?,
de esa mi querida ciudad
que añoro en este destierro;
una sola vez tuve ocasión
de ir a verte en el letrero,
me acuerdo que fue un orgullo
verte ahí arriba pintadito,
honor que se le debe
a un honorable presidente argentino
José Evaristo Uriburu;
quien te hubiera dicho bisabuelo
que hoy serías calle de un rioba de Baires,
de cual no sé, se lo preguntaré a Jotacet
¿a cuánto llegará tu numeración?
lo único que me acuerdo
es por ahí estaba la fábrica
de los fasos Particulares;
cuando vuelva algún día
te prometo que vos serás
el primero en visitarte,
tendré que preguntar otra vez
para no perderme en la capi,
¿donde quedará la Luis Beláustegui?
y hasta allá llegaré
para verte en una esquina,
como en esta foto que no te ves
pero fue la más linda
que encontré en Internet,
con esa lluviecita otoñal
y fría de Buenos Aires;
¡Que ganas que tengo viejito
de reencontrarte otra vez! 

A MI QUERIDO BISABUELO DR. LUIS BELÁUSTEGUI


martes, 15 de septiembre de 2009

CRONICA DE UNA MUJER ENGAÑADA


Hacía tiempo que lo sabía, demasiado tiempo hacía que se estaba guardando el secreto, que se estaba tragando ese dolor, esa rabia; treinta años no podían pasar en vano, lo conocía más que a ella misma; cada gesto de su rostro, su forma de caminar; de pensar, de estornudar, de callarse, de gritar, cada cana de su cabeza ella se las sabía; en esa rutina de treinta años no había nada de él que no conociera; era el amor de un matrimonio como tantos, que han sobrevivido con alegrías y con penas, viendo crecer a los hijos, a los nietos, pero un amor también gastado por la rutina, por el tedio de verse todos los días, de hablar siempre de lo mismo; por eso, de tanto conocerlo se daba cuenta de que no era el mismo de antes. Cuándo empezó el cambio, hacía unos meses cuando dejó de tocarla, de hacerle el amor; cuando comenzó a evitarla con la mirada, a responderle con evasivas; esas llamadas extrañas, a llegar mas tarde en muchas ocasiones, ella estaba acostada cuando él llegaba pero se hacía la dormida, ya ni siquiera se acurrucaba detrás de ella. ¿Lo estaba perdiendo o ya lo había perdido?

Comenzó a mirarse al espejo, a encontrarse las arrugas, a mirarse los rollos que le sobraban de su vientre, sus senos más caídos; odió al espejo de porquería, odió su cuerpo de vieja cincuentona; lo odió a él y a esa hija de puta que se lo estaba robando. Ahora solo tenía lágrimas para apiadarse de sí misma, quizá era culpa suya también, quizá en algún momento se olvidó de su marido, de su hombre. Empezó a torturarse imaginándolos desnudos, besándose, haciendo el amor, apretó los párpados para olvidar esa imagen asquerosa, después lloró...lloró...lloró...hasta quedarse sin lágrimas.

¿Contarle lo que sospechaba? Nada podía hacer, el miedo de perderlo la paralizaba, antes que nada su matrimonio; tirar por la borda toda una vida de recuerdos, de vivencias, de construir juntos una familia, la casa, tirar todo para que una yegua se lo quede, jamás...cornuda consciente como muchas, pero lo tendría a su lado. ¿Adónde podría ir sin él? No quería ni pensarlo, sin él sería como quedarse sin la mitad de su cuerpo, sin la mitad de su vida, sin la mitad de su alma.

Todo seguiría igual, lo esperaría como siempre a la hora de la comida, lo recibiría con un "hola querido, como te fue hoy" , le alcanzaría el periódico, comentarían las noticias, las novedades del día, hablarían sobre los chicos, en fin, lo de siempre...comiendo en silencio, sin decirse mucho, pero allí lo tendría, frente a ella, junto a ella...disimulando su tragedia de engañada, haciéndose la boluda nada más, pero también odiando su mentira, su hipocresía. ¿Qué más podía hacer?

Lo sintió llegar a la madrugada, entrar en puntillas para no despertarla; sabía de donde venía, demasiados meses ocultando su verdad, solo para ella; tragándose una mentira que tenía nombre, bellos ojos y un cuerpo de veintitantos años; lo sintió sacarse la ropa, meterse entre las sábanas, pero alejado de ella, evitando darle su calor, su tibieza, al otro lado de la cama. Hubiera querido darse vuelta, apretarse a su espalda, sentir su olor, decirle que lo quería, que lo perdonaba. Quizá en la mañana hablarían, le contaría lo que sabía. No...para qué...tal vez lo perdería definitivamente. Se abrazó a la almohada para buscar el sueño, mientras dos lágrimas resbalaron de sus ojos.


lunes, 7 de septiembre de 2009

IMBORRABLE


Más que nada son sus ojos lo que más recuerdo, no me explico por qué; habiendo pasado un vendaval de años, sus ojos me siguen por donde voy. El color almendrado que resaltaba en su rostro aceitunado, siempre seguirán allí, iluminando su memoria, su recuerdo; aunque de ese recuerdo solo queden cenizas que puede recoger el corazón. Olvidé su voz, sus gestos, bueno quizá no todos, olvidé cuantas veces me hizo el amor, (ayer viendo en la playa una pareja besándose lo recordé, cuando en la arena cierta vez nos amamos), como caminábamos por la calle, mas no podré arrancarme nunca su forma de mirarme, sus ojos al decirme que me quería, o a veces solo al mirarme se cerraban para decirme que me amaba hasta el dolor; sus lágrimas de hombre al decirme adiós por última vez. Pero irónicamente el último instante en que me abrazó, antes de perderlo definitivamente, sus ojos estaban cubiertos por lentes oscuros; quizá era para ocultar el dolor que emanaba, o para que no pudiera leer la verdad: que nunca volvería, que nunca me amó, no querré saberlo jamás. 

No podré olvidarlos, en ellos vivía toda la tristeza, todo el pasado que lo atormentaba, todo el amor que quiso darme y no pudo. El tiempo voló tan velozmente, hubiera querido detener ese último día, al lado del ascensor que se lo llevaría para siempre, hubiera querido parar esos segundos y quedarme abrazada junto a él, dándonos el último beso, que el tiempo se detuviera allí con él. Hubiera querido quedarme algo más que con el recuerdo de sus ojos. Odio a veces ese tiempo tan implacable que se lleva tanto, que no deja nada; odio recordarlo y sentir sus ojos en mí como si no me dejara olvidarlo. El tiempo, la vida nunca tienen respuestas, se quedan callados, nunca hay explicación para responder cuando se pierde lo más querido, lo más anhelado. Solo queda burla, frustración. 

Fue un amor de esos que pasan por la vida sin dejar rastro, ni dirección, un amor sin huellas para reencontrar su destino. Y hoy que perdí juventud, ilusiones, alegrías, hoy que me dejó la soledad atrapada en esta telaraña de recuerdos, siguen sus ojos atormentándome dentro del alma, persiguiéndome, buscándome a través del tiempo, como suplicándome que los deje aquí… guardados en mi ser, donde siempre se cerrarán para decirme de la tristeza que se fue con ellos.

jueves, 3 de septiembre de 2009

SOBRE MI PIEL


Sobre mi piel han quedado 
los pétalos de tus caricias 
regadas por tus manos, 
por tus labios, 
por tu sed de beberme, 
en ese ayer tuyo y mío. 

Pétalos marchitos van cayendo 
con la nieve del tiempo, 
sin la humedad de tu piel 
que no alcancé a tocar, 
que el pasado se llevó; 

Sobre mi piel desnuda 
transida de soledad, 
de olvidos, de tristezas, 
allí también te resecas tú 
como un jazmín de invierno 
enterrado en mi recuerdo, 
en mi corazón....