domingo, 30 de septiembre de 2012

AMIGO MÍO


Ahora tengo que llamarte así, amigo,
¿Lo seguiré siendo para ti? ¿Lo habrás sido alguna vez?
Hoy me duele egoístamente tu felicidad,
en un año me olvidaste, hay alguien más…

Qué puedo decirte amigo mío, que no sepas ya
fue efímero lo que me diste; antes de tenerte, te perdí,
me envolvió tu ternura, tu cara de chico triste, y te amé…
Tu amor… fue flor de un día, el mío fue de verdad

Alguna vez te sentí intensamente mío.
Tus besos inventados que me pertenecieron
Tu caricia prohibida que poseyó mi cuerpo
Tus palabras de amor que fueron mi universo

Hoy es a otra que se las estás diciendo,
Como mariposa vuelas de amor en amor,
¡Qué fácil es amar para ti y después dejar!
Olvidar un amor para inventarte otro.

Porque debemos reconocer, amigo mío…
me abortaste de tu vida de un porrazo,
para hacerme a un lado, para no volver más
Yo aún busco mi culpa, mi pecado ¿cuál fue?

¿Te absorbí demasiado? ¿Fui muy exigente?
¿Y qué mujer no lo es cuando defiende lo que quiere?
Ayer que te vi empalagado de versos para otra
Tuve rabia, odio, impotencia, me hirió tu puñal.

Pues sin tú queriéndolo me sigues clavando,
me sigues matando con tu olvido;
y es otra muerte que me das al saberte
cobijado en otros brazos, amigo mío...

Amigo mío déjame contarte de esta tristeza
que nace tu recuerdo, de tu corazón vacío.
Una vez pude llamarte amor, hoy a secas, amigo…
Y tú… el silencio y tu ausencia, no me hablan de nada

 ciertamente de lo que poco que merecí;
esas palabras tuyas aún resuenan en mí,
ese sentimiento que rompiste en pedacitos,
ayer embrujaste mi alma, después me la hiciste añicos.

Y sin embargo me queda este corto consuelo
de leer entre líneas, tus palabras de amor, para ella,
¿Qué me resta sino llorar por mí, de celos y de envidia?,
una vida se me fue contigo y tú ni las migajas me tiras.

Perdón, amic meu, por mí quiere hablar la herida
que como una llaga vierte su purulento rencor
que tu corazón me perdone que te quiera todavía
sé feliz aunque me desangre saberte con otro amor.

viernes, 28 de septiembre de 2012

TESTAMENTO DE UN SUICIDA


A quien llegue a leerme: 

Cuando encuentren esta nota ya no estaré en este mundo; ya habrá terminado todo para mí, estaré descansando en paz; no pondré los motivos que me llevaron a esta determinación, pueden ser uno o miles. Podría decir que me maté por una decepción, por que estoy en la quiebra, porque estoy enfermo, porque me siento acorralado, porque estoy entre la espada y la pared. O simplemente porque me cansé de vivir. Creo que es eso. Me harté de esta vida. De esta puta vida que me tocó vivir. Aquí al lado tengo la calibre 22. Supongo que con esta pistola me alcanzará para volarme los sesos. Y si fallo, me tiro por la ventana y chau. Pero de que mato me mato. Estoy encerrado en la habitación de un hotel. El cuarto 414, número capicúa, número de suerte, lástima que para mí se acabó la fortuna, si alguna vez la tuve; se acabó la esperanza, decidí que es mejor terminar. ¿Qué es un pecado? Tal vez, pero soy de los que no creen, si hay un Dios, siento que me abandonó, todos me abandonaron. Dejé de importarle a todos. Cuando me encuentren, a lo mejor entonces, empezaré a importarles. Pero ya será demasiado tarde. Del otro lado no sé que habrá, esa oscuridad será mejor que este mundo que es totalmente negro. No dejo plata, ni bienes personales, ninguna riqueza material, dejo para quienes me conocieron esta soledad, este vacío que no me dejaron vivir. Me voy porque la vida me falló, porque no soporto un minuto más sentirme un desgraciado, un paria. ¿Qué es una salida cobarde? Que alguien se ponga en mis zapatos. Que alguien me diga donde estuvo ese amigo que necesité, esa mujer que no tu ve mi lado, esos hijos en que puse mis esperanzas. Que alguien me diga donde hubo otra salida... Sí, soy un cobarde, porque me da miedo salir a la calle, me da miedo hablar con otros, me da miedo mirarme en el espejo. Me da asco todo, la hipocresía de la gente, tener que levantarme todos los días y darme cuenta de que nada cambia, de que no valgo nada. No puedo seguir; perdóneme alguien el dolor que pueda causar, si es que a alguien le importe mi muerte. Perdóneme el Dios que me volvió la espalda. Perdóneme esta vida que desprecio. Yo no me perdono. Cuando se apaguen las luces también me apagaré yo. Tengo miedo cuando llegue ese momento. Pero del otro lado estará la paz, el silencio, no sé que eternidad me espera, si la hay.... Se supone que es la última alternativa que uno debe tomar, pero es mi vida, me pertenezco, y no me importa nada, nada, nada. Estoy harto de seguir. Harto de estar harto. De escuchar siempre las mismas imbecilidades, el mismo verso, la misma música, aguantar la misma miseria de siempre. Soy un miserable cobarde que no se atreve a dar un paso más. Siento que todo el mundo me dejó atrás. Cuántas veces grité para que me oyeran. Cuántas veces toqué una puerta, o hice una llamada para pedir ayuda, consuelo, consejos, el psicólogo solo me sacó plata y me dejó como estaba, con la misma depresión. Mi mujer, pobre mi mujer, siempre con la casa, con los hijos, con la peluquería, con las compras, vivía en su mundo. Mis hijos, como todos los chicos, ingratos, egoístas, indiferentes, viviendo en la pavada, el papi solamente existía para pedirle plata. En el trabajo, un simple ratón de oficina, sin ningún aliciente, chuparle las medias al jefe para un aumentito, y las tarjetas de crédito que me tragaban todo el mes. Luisita, mi amante, mi amor, quizá el único motivo que me alentó a vivir. Pero Luisita se cansó, de esperar lo que no pude darle. Así somos los hombres, primero la mujer y los hijos, vivimos prometiendo el oro y el moro. Que me perdone Luisita todo el mal que pude hacerle. En gran parte esta decisión va por ella. Sin ella perdí el rumbo. Terminé de hundirme en la apatía, en la melancolía, en el alcohol, en el cigarrillo. Que le voy a hacer, soy un ser acabado. No tengo mucho más para decir, ni me llevo nada, ni dejo nada. En estas sábanas dejaré mi sangre y las pocas ganas de continuar. Dejo mi billetera para que sepan quien fui. Ya se me acaba el tiempo. Dejo en este cuartucho un poco de la historia de mi vida, de mi anónima y vulgar existencia. ¡Qué triste es no importarle a nadie! ¡Qué triste se me hace saber que en este momento mi mujer y mis hijos siguen con su vida, y ni se imaginan dónde estoy, ni qué voy a hacer! ¡Cómo lo lamentarán mañana! Pero no sé si lo lamentarán porque se quedan sin marido y sin padre, o porque se quedan sin la chequera, sin el auto y sin la tarjeta de crédito. Sin mí estarán mejor, dejo un espacio vacío para que alguien más pueda llenarlo, otro tarado que lo usen como a mí. Dejo un corazón herido, para un amor que no se dio, también para ella quedará otro hueco vacío que alguien más llenará y mejor que yo. Dejo al fin esta perra soledad, este ser vacío que fui. Dejo estas lágrimas de hombre que nadie conoció. Porque los hombres también lloramos, aunque no sabemos expresarnos, pero también lloramos, quizá con más amargura que las mujeres. Dejo mi cuerpo que es una molestia, una cruz de carne y hueso que cargo sobre mí mismo. Basta. Para qué seguir, para qué retardar lo que no quiero retrasar. La decisión está tomada. Soy un cobarde suicida que no se atrevió a vivir más. Un mal padre. Un mal marido. Un mal amante. No hice nada bien. Ni siquiera soy capaz de rezar. Ya di la espalda al mundo. Ni le importo al mundo, ni el mundo me importa a mí. ¡Me importan un carajo! No me mato por nadie. Me mato por mí, para hacerme el favor de quitarme de encima tanta porquería. ¿Si me espera un infierno? Acá tuve mi propio infierno, no era de fuego, era de horror hacia mi propia existencia. Sentirme nulo, poca cosa, un cero a la izquierda. ¿Se necesitan más motivos? Punto final. Que Dios, si existe, por lo menos me dé valor para apretar el gatillo. No sentiré dolor, no más que el que he sentido en esta miserable vida. Ya pagué mi precio. Para quien encuentre esta nota, hágala llegar a la dirección que dejo al pie. Que recojan mi cuerpo y hagan con él lo que les dé la gana. Total donde me pongan seré comida de gusanos. O cenizas que podrán ser arrojadas al mar o al viento. Ya nada ni nadie podrá lastimarme más. Ya ninguno de ustedes, los que me conocieron, tendrán que preocuparse, si les fallé, lo lamento. Sinceramente, dudo de que llegue a hacerles tanta falta, ¿ahora que me muero me van a necesitar? No sean hipócritas. Mejor deséenme paz como yo se los deseo a ustedes. Y si quieren rezar por mí no me voy a ofender. Aunque he sido siempre un incrédulo, una oración nunca estará de más para el que sí crea. Adiós vida ingrata. Adiós a todo y a todos. Perdónenme, como yo los perdono. Adiós. 


P.D.: un hombre llamado Juan Manuel P. de unos sesenta años, fue hallado muerto en una habitación de hotel, con un disparo en la sien. A su lado estaba esta nota teñida en sangre. Su cuerpo fue entregado a sus familiares.

Reflexión: Juan Manuel tomó una decisión, la última que debería tomar un ser humano. Muchas veces condenamos a los suicidas, o nos horroriza esa tragedia; antiguamente se les negaba el entierro cristiano, hoy no sé si es tanto así. Las oraciones no deben faltar. El suicidio, se considera un grave pecado, porque tomamos nuestra propia vida como si fuera nuestra, cuando no es así, porque nuestra vida entera le pertenece al Creador. Nos negamos la posibilidad de tener esperanza; nos negamos a creer, que siempre sale el sol, que cada día trae nuevas oportunidades; pero también los que están a nuestro lado son responsables; cuando una persona se quita la vida, debemos preguntarnos: ¿dónde estábamos en ese momento? ¿qué hicimos por ese amigo que estaba deprimido, perdido en las drogas o en el alcohol? ¿por qué no corrimos a su lado cuándo nos llamó por teléfono y no le hicimos caso? Recemos siempre por esas personas que se negaron su última oportunidad de vivir, aunque la responsabilidad fue de ellos, como seres humanos ante Dios, no nos quitemos nosotros la nuestra, reconozcamos que en algo fallamos, que quizá pudimos evitarlo. No podemos culparnos, pero sí podemos reflexionar para un futuro. Amémonos los unos a los otros. Seamos buenos amigos, buenos hijos, buenos padres, no seamos indiferentes al dolor ajeno, al drama que puede estar viviendo un ser querido. Mañana también puede tocarnos a nosotros. 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

VIEJO OMBÚ


Viejo árbol, viejo ombú, lo veo triste y ausente,
también jugué yo en la niñez, amparada bajo su sombra;
en la infinita pampa quedó, cobijando risas y recuerdos;
viejo ombú de mi terruño, cuántas historias guarda,
amores secretos, lágrimas solitarias, mates y guitarreadas,
el peón echando una siesta, el pingo comiendo pasto.
Algunas veces lo he mirado, lejano, cuando iba pasando,
con el tiempo se va gastando, lánguido en mi memoria;
viejo árbol de mi madre, que siempre lo recordaba,
cantando en la guitarra valsecitos y milongas,
ella me hablaba de su ombú, de su árbol de la infancia;
quedó solo después, sin el canto de los pájaros,
esperando a que otro invierno llegue,
un árbol y una bóveda azul; esperando florecer
con sus raíces de árbol milenario.
Viejo ombú, lo hago mío en el recuerdo,
me voy secando en mi destierro al pasar de los años,
esperando igual que él, que la muerte venga a buscarnos.





lunes, 10 de septiembre de 2012

ARREPENTIMIENTO



Pesan sobre mí las culpas de ayer y de hoy,
Hundiendo al corazón en un río de penas
Arrepentida estoy de ese pasado muerto
Que renace cada vez con el recuerdo.

Miedo me de mí misma siento, de mirarme,
de encontrarme con mis ojos, el otro espejo
de mi alma contrita, miedo de morir, de vivir.
Cada minuto son más pesadas las culpas

Sé que hay un Dios que me está viendo,
Que aunque me esconda, El sabe dónde estoy,
Un Dios que tal vez me ha perdonado
Mas mi culpa es tan grande que me niego

Mas grande que mi arrepentimiento es mi culpa,
Me condeno a yo misma antes que cualquiera,
Soy mi propio juez, mi jurado, mi verdugo,
Soy mi carcelera, mi cámara de gas, mi silla eléctrica

Pésanme los años de ayer, los pecados cometidos,
los de toda la vida, en que cada minuto ofendí a Dios,
sabiéndolo y sin saberlo, con conciencia y sin ella,
esa que fui, la peor de todas, la impura, la Magdalena

No se puede borrar ni limpiar lo mal hecho,
Yo quisiera borrar las manchas, a mí misma
Pero lo hecho hecho está, no hay vuelta atrás,
Solamente Dios tiene la palabra final.

Vivo con mi culpa y mi arrepentimiento,
Deplorando lo que fui sin poderlo cambiar,
Buscando refugio en algún lugar,
Escondiéndome del ayer, del hoy y del mañana.

Pésanme las horas, los días, pésame el resto de mi vida,
Por cada culpa que como piedra cargo en un costal
Aplastando mi espalda, hundiendo mis pies en la tierra,
Pésanme las ofensas, las impurezas, las culpas

Mas pesadas que las culpas son los remordimientos,
Que atormentan a mi mente, a mi cerebro,
No me atrevo ni a alzar los ojos al cielo
Porque allí está Dios acusándome con el dedo.

Como Caín llevo marcado en el pecho,
El sello de mi debilidad, de mis pecados,
Adonde quiera que vaya voy con ellos
Más impura que nadie, marcada con la lepra

De este incurable mal que me atormenta,
Fui débil, fui cobarde, fui incrédula, fui insincera
Mas que nada me pesa la ceguera, la sordera,
Dios siempre me buscó, yo le negué la entrada

Hoy sigo tropezando, evitando la luz del sol,
Buscando en mi propia oscuridad la salvación,
Arrepentida estoy pero la culpa es mayor,
Tan grande es que no puedo encontrar a Dios.