sábado, 30 de abril de 2011

CONTRA EL VIENTO



Cómo me cuesta olvidarte amor mío
dónde están los días, adónde se fue el tiempo,
ese tiempo que no fue de nosotros
que se fue antes de poder encontrarnos.

Y me quedé sin saber de tus ojos
para poder reflejarme en ellos,
no supe de tus caricias, ni de tus manos
cobijando las mías caminando en la playa.

Qué tonta me siento de pensarte así
añorando el amor que jamás existió,
soñando a lo que no tuve derecho,
no tengo remedio, incurable romántica.

Desenterrando el polvo de los recuerdos,
buscándote en un verso, en una puesta de sol,
en esa luna que no alumbra como antes,
queriéndote de mil formas, mintiéndome

diciéndome a mí misma que jamás te amé
y a quien me pregunta por ti, digo que te olvidé,
pero tú y yo sabemos que no es cierto,
soy como una gaviota que viaja a tu puerto;

aunque llegar hasta ti es navegar contra el viento,
seguiré cerrando los ojos para poder verte,
esta es la mejor manera de estar contigo
besando una flor seca arrancada de tu huerto.

Amado, se va yendo la vida, nos ponemos viejos,
sigo viendo las cosas que me rodean y no hay nada,
nada más que papeles, caracoles y piedras,
solo en mí vives tú como la eternidad del mar.

Como esa flor blanca que arrancaste del árbol
que hoy reposa marchita dentro de un libro,
hoy que le digo a mi corazón que no te has ido
te dejaré el beso deshojado de abril...sin el olvido.

viernes, 22 de abril de 2011

TUS CENIZAS




Hoy es viernes santo
te veo ahí solitaria
dentro de la cajita de madera
donde reposan tus cenizas
desde hace ocho largos años.
Allí reposa tu cuerpo
convertido en polvo
esperando el día
de tu resurrección.
Y hablé contigo desde el silencio
pronuncié tu nombre
Mamita aquí estoy
¿qué podía decirte?
que te extraño cada día,
que ya no hay lágrimas
pero mi corazón te abraza,
que hace una eternidad te fuiste
pero quedaron tus cenizas
sin poder enterrarlas.
Cerca de tus hijos,
acompañándonos en esta vida
en los días tristes y alegres
y en las adversidades,
tus bisnietos juegan y corren
sin saber que estás ahí,
y yo de vez en cuando te veo
para que sepas que no te olvido.
Que no hay un instante
en que te arranque de mi memoria,
porque recordarte es traerte
y así no es tan desolador
este tiempo que me queda por vivir.
Hoy es viernes santo
y esperaré impaciente el domingo
para oír el ruidoso revuelo
de las campanas de Santa Inés,
llamando al Domingo de Resurrección;
es mi esperanza para reencontrarte,
ahí te quedas reposando tu sueño
desde las ocultas cenizas ,
te dejé un beso antes de irme
mi recordada mamá
y en mis labios callados guardé
un Ave María y un Padrenuestro.

miércoles, 6 de abril de 2011

EL HAMBRE



El hambre tiene rostro, tiene nombre quizá
tiene lágrimas de madre desesperada,
tiene olor a hospital pobre con sábana sucias,
tiene ojos de niño de piel pegada a los huesos,
el hambre sobreabunda en los desiertos,
tiene sabor a olvido y a indiferencia.

Hambre de siglos de pobres e indigentes,
de mendigos que no tienen techo ni abrigo;
hambre que llueve sobre un techo de lata,
sobre familias que duermen diez en una cama,
que no tienen pan duro para comer en la mañana,
que duermen a sus niños sin darle comida;
el hambre no vive solamente en Africa,
también traspasa las fronteras
no respeta religión, color, ni raza.

¡Hambre, hambre, hambre!
es el grito de un niño muriendo,
de una madre con los pechos secos,
de un padre borracho o sin trabajo;
hambre de trigo y de leche tienen los pobres
y también hambre de Dios tienen sus almas;
de que algún vez les diga por qué, por qué...
por qué este mundo indiferente y ajeno,
por qué siempre el materialismo,
por qué unos tienen derecho y otros no.

El hambre tiene ojos de esqueleto,
de buitre al acecho, de olor a podredumbre,
de calles polvorientas, de ollas vacías,
tiene el hambre manos enflaquecidas
pidiendo limosna, o un poco de sobras.

Hambre infinita en asilos, en orfanatos,
en enfermos que esperan un remedio, un médico,
hambre de noche y de día
hambre de piedad, de amor humano,
hambre de alimentos, de agua,
y más que nada hambre de justicia...

No se acabará el hambre jamás
mientras cabalguen el silencio, la ignorancia, la ceguera;
y las madres pobres seguirán pariendo
niños con parásitos, llorando su hambre insaciable;
seguirán creciendo los cementerios en muchos pueblos,
¿a quién en verdad le importará un pobre muriendo?

Hambre de paz deben tener muchos,
que sufren hambre en medio de la guerra,
y de esos niños, padres y madres ¿quién se acuerda?
Solo se alimentan de pólvora, de sangre, de muerte...
¿Se acordarán de ellos los gobernantes, la ONU y la OEA?
¿A quién verdaderamente le importan?

Mucha hambre de misericordia tienen los pobres,
extendiéndonos sus manos nos suplican,
que no haya olvido, que tengamos memoria,
que nos los tratemos con asco, ni con lástima,
que los socorramos, que los amemos como hermanos,
que seamos humanos por una vez en la historia.