miércoles, 24 de septiembre de 2008

BENDITOS DE MI PADRE


"...Entonces el Rey dirá a los de su derecha: "¡Venid, benditos de mi Padre! Heredad el reino que ha sido preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí." Entonces los justos le responderán diciendo: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a ti?" Y respondiendo el Rey les dirá: "De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis." Mateo 25:36

Cuando pienses en tu prójimo
piensa que es tu hermano, tu amigo, 
tu padre, tu madre, tu hijo 
tu compañero de trabajo, tu vecino, 
y también aquel que cayó en desgracia, 
aquel que tiene mala fama, 
joven o viejo, rico o pobre, 
hasta el más pecador será ese tu prójimo, 
al que le guardas viejos rencores, 
sobre todo ese es el más cercano; 
porque en todos y en cada uno 
así como en ti el Señor Jesús vive. 

Cuando ayudes a un anciano a cruzar la calle, 
cuando visites en la cárcel a tu amigo, 
cuando le des agua a un peregrino, 
cuando quieras abrir tu corazón a alguien,
cuando puedas perdonar lo imperdonable 
cuando des a quien más lo necesita 
recuerda que ese bien o se mal que haces, 
también se lo harás a tu Señor 
que en su Palabra nos guía 
y nos lleva al encuentro del amor, 
del perdón y la reconciliación. 

En este valle de lágrimas, 
en este mundo que nos toca vivir hoy, 
cuánta sed de amor tenemos, 
de dar más que recibir, 
en este mundo que solo sabe de guerras, 
de venganzas, de odios y de indiferencias, 
de niños muriendo de hambre, 
de niños abusados, 
de madres abortando a sus hijos, 
de jovenes que se quitan la vida, 
de presos hacinados en sus cárceles, 
de secuestrados y torturados, 
de mujeres maltratadas, 
de los que no tienen trabajo, 
de mendigos que vagan por las noches 
sin tener donde cobijarse, 
de tanto dolor que transita por las calles. 
ellos son el prójimo, los elegidos del Señor 
para que tú lo ames en sus corazones, 
sedientos de amor. 

Si pudiéramos cambiar algo este mundo 
si más amor y piedad hubiera por el prójimo, 
que alegre estuviera el Señor, 
se parecería más esta tierra al Paraíso, 
tratando de erradicar el mal, 
de ser más justos y piadosos 
y no pensar tanto en nosotros, 
de darle abrigo al que muere de frío, 
de darle un plato de comida al desvalido, 
de mirar de vez en cuando hacia nuestro lado 
y saber que no estamos solos, 
que hay un ser que tiene menos que nosotros, 
así reconociendo que antes de ser servidos 
somos servidores de los demás 
seremos más benditos y más generosos
ante la mirada del Redentor.



JUGLAR DE VIENTOS


Amado, llegará pronto el otoño 
al huerto que te espera al atardecer, 
y mis ojos quieren seguirte con la luna 
mientras van cayendo las hojas doradas 
crujiendo de nostalgia por verte llegar, 
por sentir la caricia de tus manos curtidas 
por oir la cercanía de tus pasos. 

Antes que el invierno congele el rocío 
deberás volver mi poeta campesino, 
a dejar con tu mirada el verso de tu alma 
que yo estaré esperándote también 
como un capullo esperando renacer, 

Así te quiero mi juglar de luna y siembra 
regalándome el trino de las aves entre las ramas, 
y la última flor que marchitará el otoño, 
así te espero entre los secos pastos de tu huerto, 
el que tantas veces me dibujas con tus sueños, 
el que es tan pequeño pero tan nuestro. 

Al almendro desnudo ahora de sus hojas 
déjale tu recuerdo para mí 
que él abrigará entre nosotros una esperanza, 
un sueño de amor, un pasado latente 
que pudiera florecer en un beso pecador, 

Juglar de mi amor, de mi tristeza, 
cántame hoy tu melodía otoñal, 
que desde este horizonte pintaré tu terruño 
de almendros y nogales desnudos, 
que se mecerán con la rosa de los vientos, 
de la lluvia que cae en el valle, 
juglar de mi lejana Cataluña, 
de añoranzas escríbeme tu verso, 
de ese amor que nunca nacerá.