miércoles, 23 de enero de 2008

REQUIEM POR UN AMOR





EL REBAÑO DEL SEÑOR


“… Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí , así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.”
Jn 10,11-18) 

Es fácil juzgar, condenar, poner en el banquillo
a ese miserable, a ese rufián, a ese criminal, 
a esos que son oprobio de la sociedad, 
que tal vez ni conciencia tienen 
que tal vez se merecen la pena de muerte, 
nuestro desprecio, nuestro odio 
Pero… que logramos al condenar? 
¿Nuestra alma estará en paz? 
¿Podemos decir que somos mejores? 
Juzgar se nos hace una tarea más fácil que perdonar, 
quizá porque nos olvidamos que el Amor… 
todo lo puede, todo lo soporta, todo lo perdona 

Y que al fin todos somos el rebaño de Dios, 
el mismo cielo quisiéramos ganar, 
somos las ovejas del Buen Pastor; 
muchos nos extraviamos por el camino, 
no buscamos el bien sino el mal, 
nos arrastran las aguas del río, 
y nos lleva la corriente… 
embarramos el corazón de maldad, 
de falsedad, de egoísmo, lejos de Dios, 
nos dejamos llevar por espejismos, 
por las banalidades de este mundo, 
y perdemos el regreso a casa; 

Pero el Señor jamás, jamás nos olvida, 
aunque estemos desviados, confundidos, 
haciendo un desperdicio de nuestras vidas, 
aunque nos apartemos de su Amor 
con las dudas, las tribulaciones, 
somos su rebaño amado 
que desea volver a reunir junto a El, 
solo nos pide creer, solo nos pide 
ser mansos, humildes, sencillos, 
dejar a un lado los malos sentimientos, 
arrancar esa cizaña que crece en el corazón. 

El Buen Pastor conoce a cada una de sus ovejas, 
y aunque no seamos de su redil igual nos acepta, 
algunos regresaremos, otro no… 
dependerá de nosotros la salvación, 
de regresar a los brazos de Dios, 
o de seguir sumergidos en la perdición, 
y así como El nos conoce 
debemos también saber reconocer su Voz, 
que con su misericordia nos perdona, 
nos exhorta a no tener miedo, a creer, 
con su Palabra nos junta en el Camino: 
“que Os Améis unos a otros como yo os he amado”.