viernes, 29 de octubre de 2010

CORDERO INMOLADO



Como mujer, como narradora, si pudiera osar llamarme así, me resulta muy difícil hablar sobre el tema de los abusos a los pequeños, a los jóvenes, a los inocentes que aún no han comenzado a vivir; ellos, que tienen su mente pura, su cuerpo tierno y virgen. Todos somos responsables de esa tragedia que llevan a cuestas esos niños, víctimas que han sido violadas, asesinadas, por sus propios padres, familiares, conocidos, extraños, pederastas, sobre ellos en particular, los pederastas quiero referirme, ya que últimamente se levantó una campaña contra la Iglesia, y digo contra, porque como cristiana católica confieso que debemos ser justos, al que le guste o no, al que lo sepa o no, existen claro, esos pederastas religiosos, que deberán recibir su justo castigo; pero no olvidemos a los otros pederastas, que no llevan hábito, que andan por la calle, que viven cerca o andan al acecho de sus inocentes víctimas; que impunemente cometen este delito execrable que se comete diariamente; para esos violadores casados y solteros, que también la sociedad les levante una campaña igualita a la de la Iglesia, porque no es un pecado exclusivo de los clérigos, es un crimen que cometen millares de hombres y mujeres en su mundo sin Dios, sin moral, sin piedad, todos ellos, religiosos o no, son el vómito de Dios, y debemos excluirlos, denunciarlos, hacerles justicia no venganza, es nuestra obligación, nuestro deber.

A TODOS NUESTROS CORDERITOS SACRIFICADOS, LES PIDO PERDÓN EN NOMBRE DE ESTE MUNDO IMPLACABLE, QUE A VECES LOS OLVIDA.

…”Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar…” Mateo, 18,6

Mírame ahora si eres tan valiente,
si quedan en tu corazón remordimientos,
si tienes un poco de memoria, ¿Podrías recordarme?
¿Podrías reconocer el daño que me has hecho,
ese crimen que nunca confesaste?
El más grave ante los hombres,
el que no tiene perdón de Dios ni de nadie.
Pues esto es lo que hiciste de mí,
los estigmas que grabaste en mi cuerpo,
desangran mi alma de niño, de ternerito.

Cicatrices que no borrarán años de terapia,
ni ningún consuelo que me traigan;
marcado por toda una vida quedaré,
desde esa violación, desde esos golpes,
quemaduras y latigazos,
que infringieron cada uno de ustedes,
padres y madres, padrastros, tíos,
profesores de la escuela, niñeras,
pederastas inmundos, asquerosos,
religiosos y también hombres sin hábito.

Padres que me dieron la vida,
que sin ninguna razón ni excusa
me hicieron objeto y blanco de su ira;
bestias inhumanas que andan sueltas,
sin castigo, sin juicio, sin condena,
¿dónde están ahora?¿qué les hice yo?

Dios los bendijo, cuando me trajeron al mundo,
pero me crucificaron con sus puños violentos,
nadie me ayudó, nadie me oyó,
tuve que callar, aceptar, soportar,
en manos de ustedes, desalmados padres.
Mártir me hicieron desde mis pocos años,
inmolado en la pira de un hogar violento,
subí al cadalso de mi crucifixión.

Yo, que soy un hijo pequeño de Dios,
tierna criatura, mujercita o varón,
que vio cortada su casta inocencia,
que aún no vivió, ni creció lo suficiente,
¿Cómo voy a entenderlo?
¿Quién puede explicarme el horror
de ser abusado por un extraño o un conocido?

Víctima de tus insultos, de tus abusos,
de tus patadas y tus manos pesadas,
Corderito sacrificado de la humanidad
injusta, indiferente, cobarde, corrupta;
¿nunca preguntaré por qué fue,
porque no encontraría la respuesta,
porque hay labios que están sellados
por el miedo a denunciar, como los de mi madre,
como los de mucha gente que voltea la mirada.

Algún día creceré, llegaré a adulto,
iré por el camino que Dios me ha trazado
¿Lo habré superado? ¿Quién llegaré a ser?
Quizá un hombre o una mujer
con mis éxitos y fracasos, Dios lo sabe.

Pero en mi corazón vivirá el niño o la niña
el hijo de tu carne, de tu sangre,
el inocente que secuestraste en la calle,
o el que te confiaron para que cuidaras,
el alumno que sedujiste con chocolates,
el monstruo que me inició antes de tiempo
en el sexo, en la pornografía
que de tantas formas me heriste

Este soy yo, la voz que te grita vivo o muerto,
que te torturará en tu conciencia,
que te llamará cuando no quieras,
para pedir justicia legal o Divina,
porque siempre habrá una Ley
o un Dios que no me olvida.

Ahora mira mi sangre derramada,
mi rostro amoratado, mi cuerpo azotado o yerto,
mi virginidad arrancada, mi juventud mancillada,
cuenta las heridas que tus manos me causaron.

A ti, en donde estés, monstruo sin nombre,
condenado quedarás a llevarme en tu mente retorcida,
Dios tenga piedad de tu alma,
yo también perdonaré algún día
aunque nadie borrará esta llaga del pasado,
donde sangran, mi dolor y mis lágrimas.

3 comentarios:

Dora Forletti dijo...

Topdo lo has dicho María José, nada puedo agregar sobre esas bestias abominables que destruyen la vida de un ser puro, limpio, bueno.
Pareciara que no alcanzan las palabras para condenarlos ni siquiera podemops imaginar el horror que en los peqieños desatan... en sus vidas tronchadas para siempre.
Besitos
AZUL

Maria José Acuña Belaustegui dijo...

Gracias Dorita, da dolor escribir sobre ese tema, gracias por compartirlo, besos tkm

Maria José Acuña Belaustegui dijo...

Gracias Dorita, da dolor escribir sobre ese tema, gracias por compartirlo, besos tkm