CRIMEN PARA DOS - CUENTO POLICIAL - CAPÍTULO III


Ricky fue para su departamento, a darse una buena ducha, y esperar hasta la noche para ir a ese Bar. Era prematuro aún pensar que esa tarjetita y el reloj podían tener que ver algo con el muerto o muerta. Su corazonada todavía seguía persistiendo que detrás de todo ese crimen había algo de prostitución o de gays. En cuanto supiera algo más definido le contaría a Moloni, la chica ruda que lo traía a mal traer. Llegó a su piso, fue dejando sus ropas por el suelo, y se metió bajo el agua tibia. Eran cerca de las 9 de la noche, temprano aún para abordar ese antro. Unicamente pensaba con quién hablaría, y de qué hablaría. Si iría mejor como policía o como.... nooo, ni loco, se presentaría tal cual como era. Alguien tenía que hablar, soltar la lengua. Mañana se sabría más sobre el ADN y las huellas dentales. Salió de la ducha, se afeitó, se puso su colonia preferida Paco Rabanne, bueno no te perfumes tanto Ricky, no sea cosa que alguno de esos...más vale que no, le daría una patada en los huevos. Nunca había entrado a un sitio de esos, él era machista cien por cien, esas mariquitas...pero tal vez uno de ellos era el asesino... Fue a la heladera,  agarró una cerveza helada, se hizo un sandwich, y fue a la compu para distraerse un poco y alejar su mente de crímenes, cadáveres y antros.
Ya cerca de las once bajó para buscar su auto. Se sentía un poco nervioso. Recargó su Beretta, mejor estar prevenido. Si supiera la Moloni...Basta, allá vamos Bar Blondy, a ver qué encontramos...
Quedaba bastante distante, era un barrio medio sucio, bares por todos lados, y las callejeras peléandose por sus puestos, ésa era una guerra a muerte. Entre ellas también había soplonas, se acordaba del nombre de una, Pimpollo, tenía que buscarla. El Bar estaba en una esquina, con luces en rojo y un tipo con pinta de mafioso que hacía guardia, delante de una puerta negra pequeña. Todo un lujo ese lugar. Bajó de su Mercedes, había un grupito de negritos fumando porros. Vio a uno que lo miraba con cara de pocos amigos.
-¿Qué se te ofrece polizón? Este lugar no es para ti.
Ricky le ofreció un cigarrillo y le mostró un poco de dinero.
-Si me cuidas bien el auto, te daré más cuando salga
-Ok brother, aquí te espero...
En la puerta estaba el gorilón con unos brazos como Hulk, contra ése no podía luchar. Lo haría papilla en un segundo.
-¿Qué quieres?
-Paz y bien hermano, soy Ricky Argüello, detective privado. Necesito entrar unos minutos.
-¿Qué buscas?
-Qué no, a quién, pero no creo que puedas ayudarme, investigo un caso. Solo es un momento. Te prometo que no habrá líos, ni me llevaré preso a nadie.
El gorilón lo volvió a mirar con ganas de echarle las manos encima. -¿Vas armado? 
-Bueno, si quieres te la dejo, pero me la devuelves en cuanto salga. Porque entonces sí que tendrás problemas. Un poquito tenía que amenazarlo para que no se diera cuenta que le temía. Esos tipos eran capaz de todo.
-Entra, puedes quedarte con tu pistola. Pero si llegas a ocasionar problemas, te las verás conmigo.
-Tranquilo, hermano. Paz y bien
Y entró... el lugar apestaba, a marihuana, a sudor, tuvo que abrirse paso en la semioscuridad. Puro hombre, ¿hombres? bueno, algunas parejas bailaban apretados en una pista, haciéndose mimos, tocándose, -mejor ni mirarlos- había una gran barra con tipos hablando, tomando, que lo vieron enseguida viéndolo con desconfianza. Es que su pinta de "cop" no la podía negar. Detrás de la barra atendían dos mariquitas, teñidos de rubio, los ojos pintados, con aritos, y en mínimos short que dejaban ver sus piernas depiladas, casi más lindas que las de cualquier mujer. Se acercó a uno de ellos.
-Hola encanto. ¿Qué te puedo ofrecer? Mientras le ponía ojos de seductor.
Ricky no perdió tiempo, mostró su placa de Teniente de la CIP.
Los ojos del rubio quedaron estáticos.
-Ay por favor, cariño, te lo ruego. Aquí nada de disparos, ni de golpes. ¡Dios míooo, de terror! ¡Las armas me dan pánico! ¡Aayyy! dijo con su voz afeminada.
-Oye, tranquílizate. Solamente quiero que me digas, si reconoces esto. Y le mostró el reloj de oro.
-Nooo, para nada. Te lo juro
Enseguida se dio cuenta que le estaba mintiendo. 
-Estoy investigando un crimen, ¿conoces alguno de tus clientes que se haya ausentado en estos días?
El rubio se miró con el otro rubio. Algo había ahí pensó Ricky.
-Cariño, mira todos los que hay aquí, ¿crees podría contarlos a todos?
-No te preocupes, de alguna forma lo averiguaré. Pero...si descubro que me ocultas algo, allá en el calabozo hay varios que quisieran conocerte "encanto"
-¡Ay, bruto! todos son iguales. Ya vete, y no vuelvas por aquí.
-Eso lo veremos...

Cuando Ricky salió, no se dio cuenta que alguien lo observaba desde las sombras, detrás de unas cortinas. Después que salió el detective, se el desconocido acercó a la barra. Al verlo el rubio puso ojos de espanto, iba a decir algo, pero el "otro" se le adelantó.
-¿Qué quería ese sucio polizonte?
-Nada, amor. Sólo hizo unas preguntas
-¡Qué preguntó, estúpido!
-Buenooo....estem...sobre un crimen, que si no faltaba nadie de los clientes. Y...me mostró el reloj...
-¡Y tú qué le dijisteeee!
-Ya te dije querido, nada, absolutamente nada. Yooo -y se hizo una señal con los dedos de cierre en la boca.
-Más te vale cerrar tu jeta, porque te la voy a coser a puñaladas.
El rubio quedó paralizado, aterrorizado. Por él no se sabría nada....

Ricky salió del antro preocupado, algo había pasado allí. Y ahora estaba más seguro que nunca, que todo tenía que ver con Bar Blondy. Cruzó la calle para ir a su Mercedes, ya iba a subirse cuando sintió algo duro y frío detrás en su nuca. Pensó enseguida que sería alguno de esos pandilleros que vio antes.
Pero una voz fría y femenina le habló...-¿Qué te dije yo hace unas horas? Engreído, petulante, ¿vas a seguir burlándote de mí?
La gata, pero ¿cómo lo encontró? ¿además de felina era bruja?
-Hola, Moloni, me gustaría saber como me encontraste. De verdad que tienes un control remoto. 
-No, idiota, tu auto tiene GPS.  Te llamé, toqué el timbre de tu departamento, a algún lado te habías escapado. ¿Qué estabas haciendo aquí? - De sus ojos salían rayos y centellas
-Si me dejas de apuntar, te cuento Molo. De veras iba a decirte, pero necesitaba asegurarme primero.
La policía bajó el arma, y lo hizo dar vuelta hacia ella. -¡¿Qué demonios pasa?! ¡Habla! Ya me estás cansando.
Ricky paró las manos para tranquilizarla. Le mostró el reloj y la tarjetita. -Las encontré en la escena del crimen. - Estuve más temprano, antes de llegar, vi a alguien, pero salió corriendo. No pude verlo bien. Creo que todo empezó y terminó aquí. La mariquita del bar sabe algo, pero estaba temblando, a lo mejor lo están amenazando.
-Vamos, -le dijo Moloni, ya más tranquila- te invito a unas cervezas y veremos sobre la marcha. Filippi nos espera mañana temprano para hablarnos sobre los exámenes dentales.
-Ojalá se sepa al fin de quien son esos dientes. Creo que ganaste tu apuesta, Moloni. La víctima seguramente es un gay
-Yo siempre gano...

Realmente - se dijo Rick- ganarle una partida a Cat, se estaba haciendo difícil, mejor sería tenerla como amiga que como enemiga. No podían dejar que este crimen se les fuera de las manos, sino perderían algo más que la placa. Se fueron a la cervecería más concurridas de los "cop" la Bristol, que quedaba en el centro de la city. Iban más policías hombres que mujeres, pero tampoco eran tan pocas. Muchas de ellas tenían marido e hijos, Cat, al parecer no tenía compromiso. Las mesas estaban ocupadas, se sentaron en los banquetes de la barra. -Hola, Tico - unas birras bien frías! pidió Ricky
-Bueno, brindaremos por este caso que también está bastante frío, bromeó Cat.
-Quien sabe, en ese lugar se siente algo bien caliente. Ya que te gusta dirigir la orquesta, dígame entonces gatúbela. A su parecer ¿cuál es el próximo plan?
-Llamemos a Filippi, a ver que nos tiene de los análisis dentales. Y agarró su celular. Llamando... Sí, Dr. Filippi, aquí Moloni, ¿tiene algo para decirnos sobre los análisis? Esperó un poco en la línea... Al momento -Ok. agradecidos, le agradecemos la máxima discreción. No divulgarlo, y mucho menos a la prensa. -Hablamos. En seguida que colgó la llamada, miró a Ricky con una sonrisa de satisfacción. - Era hombre. Entre 18 a 20 años.  Buscaron más datos en el sistema. Al parecer hay un tipo Martin Poli, alias Muñeco, de Puerto Rico, que corresponde a ese registro dental. Aún no han ubicado ningún familiar.
-Pero aún no quiere decir que fuera gay. Insistió Argüello.
-Creo que el siguiente paso es volver a ese bar, mientras yo distraigo a ese barman, trata tú de fisgonear por allí. Yo le sacaré toda la información que pueda.
-Pero, espera, allí no pueden entrar mujeres. Te sacarán a patadas.
-¿Y quién te dijo que entraré como mujer?
-¡Estás demente! ¡Vas a hacer que nos maten a los dos!
-Pásame buscando a la hora 11, a esa hora debe estar en ambiente.
-mmmm si pasas esta prueba, te llevarás la Orden a la policía del año.
-Y tú también, si seguimos cooperando y no peleando.
-Tú debiste haber nacido hombre.
-¿Quieres probarme como mujer?
-¡No me tientes gatita! ¡No me conoces!
-¡¡Miauuu!!- fue la respuesta de Cat Meloni.  Y se quedaron charlando un poco más, compartiendo bromas con sus compañeros.
La noche estaba un poco húmeda y fría. De ese antro Blondy, tenían que conseguir todas las pruebas posibles, o al menos encontrar algún sospechoso. Tal vez durante el resto de la noche, podían conseguir más información sobre la víctima. Tenían el nombre. Podían jugar un poco con eso. Rick dudaba un poco, cuando lo vieran regresar con otro poli. La única evidencia ya no era  el reloj. Vería si funcionaría el plan de Cat. ¿Qué se habría puesto? Si llegaba a enterarse el gran jefe, no los perdonaría. Con esa felina no se podía jugar, pegaba más duro que un boxeador, sabía de artes marciales. Le dio por pensar que estaba él más seguro con ella, que ella con él. Diez cuarenta, ya casi llegando a donde vivía,  llamó a la chica  -Cat, ¿estás lista?, estoy en la esquina. Baja, estamos sobre la hora.
De repente un oficial se le acercó y le habló:
-Teniente Rick Argüello, sus documentos por favor.
-¿Eh? ¿Qué le pasa, oficial?
-Baje del auto, le dijo apuntándole con su arma - y ponga las manos sobre el techo del auto
Ricky no entendía nada. Obedeció sin explicarse qué motivos había. Justo a esa hora. Le palpó los bolsillos y el trasero 
- Bueno, Teniente, creo que logré engañarte, jajajajaja
Ricky se dio vuelta y no lo podía creer, con el pelo recogido con la gorra y unos bigotes que había sacado de no se dónde, y la voz disimulada, Cat Meloni, se había convertido en el oficial Meloni.
-No me hizo ninguna gracia, oficial- Esta me las cobro
-¡Rayos contigo, Argüello! Tenía que probarte, a ver si mi disfraz era convincente.
-Convincente va a ser la bala o la puñalada que nos van a meter.
-Calla, ya, arranquemos. Se acabó el carnaval.  
Ricky tomó el volante, secándose el sudor de la frente. Esa noche sería interminable. Tener que ver otra vez la cara de ese teñido. La suerte estaba echada...


Continuará...

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