miércoles, 21 de abril de 2010

LA MUJER DEL BOXEADOR




Basado en un hecho real acaecido recientemente. Las situaciones son imaginarias. 

Dedico este relato a todos esos Monzón y Valero que dejan huérfanos a sus propios hijos y dejan sumidas en el dolor y el rencor a tantas familias. Que nos demuestran que no existen los verdaderos ídolos, que el dinero y la fama no siempre serán el camino verdadero hacia el amor, sino por el contrario, serán el camino hacia nuestro propio abismo. 

Apenas J... lo conoció, quedó deslumbrada de su cuerpo perfecto, de sus brazos musculosos que la abrazaban con la fuerza de un animal salvaje, pero al mismo tiempo la acariciaban con un incontenible deseo; de su boca que la inició en el despertar del amor, del sexo. La deslumbró ese poder que emanaba de su ser, cuando tendía el mundo a sus pies, con flores, alhajas, noches de aventura en alguna isla paradisíaca. Así comenzó a amarlo, a quererlo, a necesitarlo, a adorarlo. Lo conoció en una de sus peleas; después de tres luchas, lo coronaron campeón mundial en su categoría, peso mediano. Cuando fue a saludarlo junto con otros amigos, sus miradas se cruzaron, y supo que desde ese momento sus vidas estarían unidas; que de ese día en adelante, pasaría a ser la mujer del boxeador. 

Esa misma noche se entregó a él, apagando con una sed insaciable sus íntimos deseos de mujer, era una muchacha inocente de veintidós años. Allí en la habitación la cargó entre sus brazos como a una niña; la depositó en la cama y la poseyó suavemente y al final hicieron el amor desesperadamente. Era el primer hombre y el último de su vida. 

Su familia que vivía en el interior del país, lo recibió con buenos ojos al principio, pero preguntándose si sería el hombre ideal para su querida J.., tan joven, tan inexperta, se la entregaron en sus manos como el tesoro más preciado, porque en realidad lo era, un tesoro de chica. El campeón se la llevó para introducirla en su mundo de golpes, de derroches, de dinero, y de todos los excesos que se sumarían a su inflada vanidad de hombre provinciano. 

Así comenzó su vida de mujer-amante; el estaba separado y no tenía intenciones de arreglar su situación. Pocos meses bastaron para que ese deslumbramiento empezara a caer al suelo. El hombre de su vida, poco a poco la iba descuidando; lo esperaba despierta siempre y cuando llegaba a la madrugada, estaba siempre borracho. No faltó mucho tiempo para que quisiera forzarla a hacer el amor, a gritarle, a insultarla, hasta que al fin una noche la niña inocente conoció el verdadero puño de un campeón. Cuando llegó al hospital, su familia recibió los destrozos de la bella J.., la cara desfigurada, el cuerpo amoratado, no cabían más heridas en ese frágil cuerpo. Poco quedaba ya de esa chica alegre y primaveral. 

Mas no hubo denuncias, ni cargos, la infeliz mujer lo quería, lo amaba, le temía, quiso continuar a su lado, pese a los consejos, pese a las súplicas de que se fuera a otra ciudad, a cualquier lugar donde él no volviera a encontrarla. El campeón en sus horas de sobriedad le juraba que pediría ayuda, que seguiría un tratamiento, que no lo dejara. Todo era un círculo vicioso. Más golpes y posterior arrepentimiento. En los periódicos era primicia su vida alocada, prostitutas, alcohol, drogas; el super hombre había caído finalmente, en el más hondo de los abismos, había perdido su corona, su fama, sus trofeos, su reputación de hombre valiente y deportista, que llenó de orgullo a todos sus compatriotas; de él solo quedaban los músculos y su fanfarronería. La familia de la mujer agotaba los recursos para hablarle, pero el acceso a ella era más que difícil, imposible. Ya no volvieron a verla. 

Pasaron algunos meses, cuando uno de sus familiares se dirigió a comprar el periódico matutino. Cuando lo leyó quedó petrificado, sin aliento, en primera plana aparecía un artículo que hacía sumir en el horror a todos los lectores, un artículo que daría que hablar por varias semanas: “En un hotel de la ciudad de C….., con gran estupor, en medio de un charco de sangre, se encontró el cuerpo sin vida de la mujer del ex Campeón mundial T… , presentando heridas de varias puñaladas en diferentes partes de su torso, senos y cuello; la causa de la muerte estiman que fue de degollamiento. El campeón T… se encuentra detenido en el Cuerpo Policial, donde será trasladado próximamente a la Cárcel de M….. para que se le procese debidamente y se le aplique la pena máxima que la ley contempla”. 

Así terminó una vida sesgada por la violencia, por la indiferencia sorda de muchos organismos sociales y gubernamentales, que poco parecen poder hacer por los derechos de la mujer. Así terminó la historia de una bella joven, que recién nacía a la vida, pasando a formar parte de otra "crónica de una muerte anunciada", que confundió el deslumbramiento de la fama y el dinero con un amor eterno.

4 comentarios:

GOGO dijo...

bravoooo..!! tiene ritmo lo tuyoo ...no aburre nuncaaa...atrapaaaa..!!

triste historiaa con un finall sabidoo casi desde el principiooo..!!

lujito leerteee Majooooooo...!!

mi cariñooo..el de siempreeeeeee y masssssss..!!

COMUNERO dijo...

Es un relato estremecedor de algo que ocurre varias veces y sobretodo en el ámbito del boxeo.
A medida que lo leía, más me parecía una novela negra, en la que "la muerte anunciada" que se prevee casi desde el principio, termina con lo que el lector imaginaba.
Es una brutalidad que todos deberíamos acabar con ella. Nadie tiene derecho a sesgar la vida de nadie.

Maria José Acuña Belaustegui dijo...

Gracias Goguito, lamentablemente conozco estos dos casos, que pueden dejar muy mal parado al mundo del boxeo, pero los dos pagaron lamentablemente con la muerte su crimen. Dios tenga misericordia de ellos, besos

Maria José Acuña Belaustegui dijo...

Javi gracias por tu valioso comentario, como lo puse al inicio del relato está inspirado en un caso real que sucedio hace unas semanas; las situaciones son ficticias, pero la víctima sí murió tal como se detalla en lo escrito. No es de hombres pegar a una mujer, y en el caso de los boxeadores, es aún más cobarde, porque ellos hace uso de su potente fuerza para someter su víctima. Besitos