miércoles, 1 de agosto de 2007

OTRO AÑO MÁS...


Para hablar con vos solo tengo 
que levantar los ojos al cielo 
porque en la inmensidad sé que siempre que estás; 
y en la tierra que espera tus cenizas 
donde dejo mis lágrimas añejas y el desconsuelo 
para que sepas que no muere tu recuerdo, 
para que tu amor crezca en las flores, 
en los sauces, en el ombú que tanto querías, 
en los helechos, en las enredaderas, 
donde todo guarda un poco de tu ayer. 

Corriendo se fue la vida .... demasiado aprisa 
cuando quise retener tu cuerpo frío, 
cuando quise conservar en mi pecho 
tus manos blancas sosteniendo el rosario, 
cuando no pude darte ese beso 
que me robó presurosa la muerte; 
cuando quise conservar en la memoria 
tus labios definitivamente cerrados, 
la quietud de tu rostro, tu sonrisa apagada; 
me impidió luego un cristal abrazarte 
después que tu existencia se esfumó 
entre las cenizas de una tarde sin sol. 

No hay verso que me impida hablarte, 
no hay lluvias ni vientos que detengan la oración 
y espero cada año ansiosamente 
para decirte aquello que olvidé el anterior; 
estás porque así lo quiero, porque te necesito 
porque sos la única renuncia a que me niego, 
porque el amor de Dios nos sigue uniendo 
y abrazada a tu alma eterna permanezco 
soñando que algún día nos encontrará 
este tiempo que se marchita sin verlo, 
esta ausencia que se acorta a cada paso. 

Porque en algún lugar me esperará la parca 
y allí quisiera que tu voz me hable 
que la luz de tu alma ilumine el oscuro final; 
llevo la mitad de un siglo en mis sienes, 
llevo este destierro de patria y soledad 
pero te llevo a vos perennemente, 
en esas tardes de mate y milongas, 
del té a las cinco con scons, 
en los paseos que hicimos entrelazadas, 
vos abrazando un árbol, yo llorando por vos, 
yo quiero seguir siendo el “patito feo” 
que tu tierno amor de madre amó; 

Un quinto agosto nace otra vez entre malvones, 
entre madreselvas y sábilas, entre paraísos y orquídeas 
entre álamos y acacias lejanas, entre llanura y pampa 
todo nace y muere cuando volvés a mí, 
cerca pero lejana, ausente pero viva, 
todo el cielo me basta para nombrarte, 
porque allí estás en la Gloria del Señor 
cuidada, protegida y amada 
y también aquí está mi corazón de hija 
para dejarte mi rezo en silencios, 
¡cuántos agostos van pasando sin vos!