jueves, 1 de marzo de 2012

LA VERDADERA RIQUEZA


"Hijitos qué difícil es para los que confían en sus riquezas entrar en el Reino de Dios más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico en el Reino de Dios” 
Mc. 10,17-30… 

Aunque el mal no está en la riqueza 
sino en la avaricia de los hombres, 
en su ambición desmedida 
pues toda su felicidad consiste 
en almacenar tesoros, en acapararlo todo 
pero empequeñecen su alma en la soberbia 

Una riqueza que ahoga las virtudes, que endurece el corazón, 
hay quienes que con dinero pretenden comprar a Dios 
hay quienes comparten su abundancia y otros que no 

¿A cuánto seríamos capaces de renunciar por seguirlo al Señor? 
por obsequiarle un minuto de nuestros pensamientos 
por despojarnos de algo muy preciado 
como en un pequeño sacrificio o una ofrenda de amor 

Ser rico ante Dios no está en el valor de las cosas que tienes, 
ni en tu vestimenta, ni en tus zapatos 
ni en tus alhajas, ni en tu cuenta corriente 
El nunca te dirá “cuánto tienes, cuánto vales” 

Solo te recordaría que en tu fe tienes el mayor tesoro, 
en tu generosidad para esa mano que pide tu ayuda 
en dejar egoísmos e intereses atrás 
en recordar que a la sepultura nada te llevarás, 
pero puedes irte con las manos llenas 
del amor que has dado, de lo que compartiste 

La verdadera riqueza se acumula en el alma 
en todo bien que hagamos 
en ese ofrecernos a lo que Dios nos pida 
¿qué prefieres ser un rico en la tierra 
o un eterno pobre en el Reino de Dios 

¿Cuánto de nosotros estamos dispuestos a dar? 
Acumular bienes solo nos haría más pobres en el cielo 
En la renuncia a nosotros mismos, 
en el desprendimiento de nuestras comodidades 
de los lujos innecesarios, de los excesos, 
nos hará inmensamente ricos ante Dios.