martes, 31 de marzo de 2015

UNA DE VAQUEROS - CAPÍTULO I


 A John Wayne, una leyenda del western

Ernesto llevó a su pequeño Tintin de ocho años a la cama, le puso su pijama, le hizo rezar sus oraciones y después lo cubrió con la cobija.
-Ahora, amiguito a dormir que mañana hay escuela
-mmm papi, pero todavía no tengo sueño. Puedo ver la tele?
-Olvidalo, nada de tele, cuenta ovejitas y verás que el sueño llega rapidito. Cierra los ojitos, así... Le dio un beso y fue a apagar la luz
-Paaa Tengo miedo No apagues la luz
-Eso te pasa por estar viendo los monstruos de la tele Vamos, hijo, a dormir
-Mientras me duermo no me puedes contar un cuento?
-Bueno uno nada más. ¿Cuál quieres que te cuente? No me sé muchos
-Ya sé pa, cuéntame uno de vaqueros
-De vaqueros? Te gustan los cowboys? Eres de los míos
-Si papito Con pistolas, caballos, indios y todo eso
-Esta bien, de acuerdo, pero te vas durmiendo

-Como se llama tu cuento de vaqueros?
-El forastero
-Lindo pa, anda, cuéntamelo

EL FORASTERO


Cutton city ano 1873 lejano pueblo del oeste, al este de Oklahoma. Por aquí pasaron muchos famosos pistoleros como Billy the kid, Butch Cassidy, Jesse James y otros no tan conocidos pero no menos peligrosos como Johnny Cow, Butch Donaghy, Kurt Douglas alias «Bull» y otros que dejaron sus huella de tiros y muertes La prosperidad y el desarrollo estaban dando sus frutos, el telégrafo, la imprenta, y las vias para el ferrocarril se iba construyendo. La diligencia llegaba cada tres meses trayendo pasajeros y el correo. Los primeros colonos que se instalaron echaron sus raíces; cuando descubrieron oro en las viejas minas del río Yellowstone, muchos se hicieron ricos, pero otros tantos murieron por la sed de la avaricia y la ambición. Y las aguas azules y  tranquilas del Yellowstone se tineron de odio y de sangre. Fueron pasando los años y la venganza y la violencia se fueron aplacando. El pueblo vio pasar muchos sheriffs. Hoy era un lugar manso, quizá demasiado tranquilo si se quiere. Por sus calles transitaban las damas elegantes con sus grandes sombreros floreados, o correteaban los chiquillos jugando a los pistoleros. Tenia su comisaria, al lado la barbería de Louis Grant, uno de los mas viejos del pueblo de Cutton. En la esquina la tienda de Sam Pelton, que la atendía con su mujer Georgette Kent, una de las mas chismosas de por ahí.
En frente la cantina de Bert Larson donde se reunían todos los hombres para beber, jugar al póker, de vez en cuando había alguna pelea, trompadas, vidrios rotos, alguno que salía despedido por el aire a la calle, pero la cosa no pasaba de eso. El marshall Kenneth Duggan no permitía disparos, y el que se pasaba de la raya pasaría la noche en la única celda que tenía en la comisaría. La ley se hacia cumplir en Cutton City y Kenneth Duggan se encargaba de que asi fuera. Al lado de la cantina, el Gran Hotel Cutton, dirigido por la bella Cathy Lee Drew, bella mujer de frondosos cabellos rubios y un vestido escotado por donde asomaban sus turgentes y blancos senos, acompañada de sus bellas chicas, Brenda, Lily, Sandra y Marilyn, que mostraban sus piernas todas las noches y complacían a los chicos buenos y a los chicos malos con tragos,  besos, bailes, mostrando más arriba de sus piernas  y cobraban de 50 a 80 dólares según las exigencias de los pretendientes. La música de la pianola alegraba las noches. Arriba se hallaban los cuartos donde prestaban su servicio de prostitución.

Y por supuesto no faltaba la pequeña iglesia protestante del Reverendo James Maccarthy joven párroco, recién llegado de Dublin, Irlanda a Cutton. Enseguida se gano el cariño de todos por su simpatía y su don de predicar con la biblia, sermoneando a algunos, bendiciendo a otros; cada domingo la campana del templo sonaba estrepitosamente para que asistieran al oficio donde cantaban himnos de gloria, el joven reverendo hablaba de Dios y de los problemas que afectaban al pueblo. Hombre de intachable conducta y moral el reverendo aunque el se consideraba un pecador como todos.
En la última calle estaban la herrería de Martin Polk, la pequeña escuela de la maestra Samantha Timmers y el consultorio del Dr Oliver Trent quien atendía de día; era doctor para todo, desde dolor de oídos a mal de estómago hasta los partos de cada bebe que naciera; y hasta de veterinario no pocas veces le tocaba atender.
En toda la esquina de la entrada a Cutton City estaba el Bank Trust Bank del que era propietario Salomón Liebermann, uno de los más ricos del pueblo.
Era mediodía. Había mucho movimiento. Sam Pelton sacudía los estantes de  su tienda mientras su mujer Georgette comadreaba en la esquina con varias amigas.  -mmm sí, ya les digo señoras mías, no se puede ya ni caminar por este pueblo, esas mujeres  están pervirtiendo este lugar con sus costumbres pecaminosas. Pero no saben la ultima... A que no saben a quien se pudo ver ayer rondando la casa de Madame ... ? Y las tres mujeres juntaron sus cabezas para tapar el secreto
-Mujer! Ven a ayudarme que hay mucho trabajo! Déjate de chismorrear
-Las dejo porque mi marido esta insoportable Adiós queridas! Las espero a tomar el té! Sam la reprendió -¡Entra!-
En la comisaria el marshall Kenneth Douggan, hombre pelirrojo, fornido, de camisa a cuadros, muy alto, de 1,90 mts  hablaba con su ayudante Kevin Troy, joven chico de veinticuatro años, novato pero deseoso de aprender las artes de las pistolas. Estaba loco por «cazar» a uno de esos pistoleros fugitivos  Por ahora el marshall lo mandaba a hacer recados al telégrafo, a vigilar la cantina, o a dar una vuelta al Grand Hotel por si las chicas tenían algún lío con los caballeros de turno. Casi siempre se propasaban o les pegaban. Pero ese dia se esperaba la diligencia que llegaría de Tumbstone, trayendo el correo y algún visitante nuevo. Dia quieto y caluroso. Sentado en su escritorio extendió sus largas piernas sobre la mesa, bajo su sombrero sobre sus ojos para dormitar un poco; en la celda dormía Timmy, uno de los que se emborrachaban en la cantina. No creía que se despertara, allí seguiría hasta el otro dia. Cuando estaba medio dormido, la puerta se abrió con fuerza. -Marshall! Llego la diligencia! No viene Marshall?
-Tranquilo Kevin ¿Por qué tanto alboroto? Tu adelantate Ya voy
-Desde aquí la veo! Llego mas temprano. Llegaron cuatro personas Venga, apurese, vamos a recibirlos!
-Será que nunca viste una diligencia, muchacho tonto?
-Una diligencia si, pero unas preciosuras como las que llegaron no.
Salió con pocas ganas. Pluma de Águila se mecía en la vieja silla de madera fumando su pipa. El gran jefe de la tribu comanche, taciturno, callado, observaba cada movimiento. Demasiado viejo ya, de pelo blanco, ya había colgado sus plumas de gran cacique, llevaba su pelo trenzado y usaba un gran sombrero rojo,  con la sabiduría de sus años y la serenidad de su espíritu, había visto pasar la vida de los nativos de Cutton, había visto nacer y morir a muchos. Respetado por la mayoría y despreciado por esos cuyos esposos o hijos o mujeres habían sido asesinados en los tiempos de la cruenta guerra con los indios. Corrían tiempos de paz, pero en sus ojos alguien hubiera podido leer otra cosa, como si un viento frío los helara por instantes.
-Pluma de Águila, que te trae por aquí? Quieres tomar una cerveza? Cuentame que novedades tienes? Lo saludo Duggan
-Yo no tomar hoy. Mucho silencio. Mucha calma. Un viento traer presagio. Algo pasar. Antes de acabar la noche alguien morir
-Vamos amigo No digas eso. No levantes polvo con tus palabras. Mejor que todo siga igual No tiene porqué pasar nada
-Espíritu de la montaña hablar. Águila blanca volar sobre colina. Decir que un forastero venir. Mucha sangre derramar. Yo irme a reservación. Mi pueblo llamarme. Adiós
-Adiós gran jefe. Pensó después -Indio loco, la pipa le está dañando el cerebro. En la esquina de la herrería de Martin, de la diligencia descargaba las valijas polvorientas el conductor Barry Lomat, mexicano de nacimiento, -Bienvenido Barry, como fue el viaje?
-Tranquilo Marshall, un viaje tranquilo, mucho polvo, mucha sed, algunos indios pero pacíficos. Pero llegamos sanos y salvos
-A quién trajiste?
-Dos hermosas damas, Peggy Frances Smith y Constance Maccoy  que se subieron en Tombstone, se instalaron en la posada de Martha Keller, la que esta al lado de la iglesia. Creo que vienen a instalar una librería.  Un comerciante de Carson City, Spencer Hill, que viene a comprar ganado y...el otro es cierto caballero, casi no hablo en todo el camino. Es algo extraño. Ya lo verás.
-¿Donde está? ¿También lo llevaste  a la posada?
-No, amigo. Me preguntó donde estaba la cantina.
-Te dijo su nombre o de dónde venía?
-No. Solamente desde que se subió cruzó pocas palabras Cuando las damas le preguntaron su nombre solamente les dijo que era un forastero...  Y a propósito Marshall me pareció  que iba armado
El Marshall Duggan frunció el ceño. Olía problemas. Quién sería? Qué buscaría? Debía encontrarlo y averiguar. Al cruzar la calle para dirigirse a la cantina, las palabras de Pluma de Águila resonaron en su mente y un viento frío le quemo los ojos...
Abrió las puertas de par en par. En las mesas jugaban poker Sony el feo, Thomas Link, Humphrey Bent y Bennie Casio, los cuatro que siempre buscaban pelea o hacían trampa. En el mostrador varios tipos tomaban whiskey que les servía Bert Larson, hombre chistoso, bonachón, usaba un delantal gastado y sucio de tierra.  Cuando vio al marshall lo miro algo serio, intento hacerle una seña con los ojos; Duggan entendió que se refería al forastero. En la otra punta del mostrador un hombre todo vestido de negro, desde el sombrero hasta sus botas, tomaba su trago dándole la espalda. En su cinturón podía notar que llevaba una Colt 45
-Buenos días, soy el Marshall Kenneth Duggan Que le trae por aquí?
El hombre no contestó. Volvió a beber de su vaso. Ni levantó los ojos Solo bebía. En el salón no volaba una mosca. Un aire distinto cortaba el ambiente. Un aire que desde hacía mucho nadie sentía. Aire de disparos. Aire de muerte
-Mire amigo, no quiero ser hostil.  Este es un pueblo tranquilo Hace muchos años que aquí no se oye un disparo Y me encargaré que continúe así Por lo que le agradeceré deje su revolver en la comisaria
Al fin el forastero rompió el silencio -No se preocupe Mañana me iré de aquí Cuando termine de hacer lo que vine a hacer
-¿Qué es lo que hará? Oigame bien. No quiero a nadie herido O tendrá problemas conmigo. No recuerdo cómo me dijo que se llama.
-No se lo dije pero le diré me llaman Glenn el forastero
-Pues no me gusta su nombre. Y no me gusta Ud tampoco Este es un lugar pacífico No creo que haya algo que le interese en este sitio. Le advierto, entregue su arma y no habrá líos
-Yo no vine a herir a nadie. Vine a matar a alguien
-Por encima de mi cadáver Ud matará a una persona Aquí nadie lo conoce. No me provoque
-El que yo vengo a matar aún no ha llegado. No es de Cutton city
-¿Por qué no resuelven sus problemas en otro lado? No queremos sangre ni queremos forasteros
El hombre de negro tan alto como el Marshall terminó su copa Se levantó acomodando el ala de  su sombrero. Ahora sí pudo verlo mejor, de rostro delgado, ojos pequeño, labios finos, cejas gruesas y de barba oscura. Lo miró burlonamente -Créame amigo Marshall, mañana los habré liberado de un coyote, de una serpiente venenosa. Tarde o temprano me lo agradecerán...

UNA DE VAQUEROS - CAPÍTULO II


La cama se acudía agitadamente en el cuarto del Grand Hotel;  Lily la pecosa contorneaba sus redondas nalgas arriba de su cliente, desnuda totalmente, con un collar de cuentas rosadas adornaban su fino cuello. Era de piel muy blanca, y rostro aniñado con muchas pecas, de allí su apodo, llevaba casi toda la noche con el recién llegado No le preguntó su nombre. Ninguno de los que pagaban para retozar tenían nombre. Debajo de los pantalones todos eran iguales. Salvo que algunos las trataban mejor y otros eran unos perros salvajes. Este ni hablaba ni expresaba nada. De músculos rígidos como el acero, se limitaba a que lo complaciera De ojos fríos y oscuros, apenas toco su cuerpo, como si le asqueara. No le gustaba nada ese mono. El hombre terminó de gozarla al fin. Y paró.
-Basta, bájate, me tengo que ir -sonó su voz seca y cortante. No había ningún tipo de sentimiento en esa voz. No es que esperara alguna delicadeza pero casi todos contaban algún chiste grosero o prometían volver y a veces hasta le hacían regalos.
-Claro, encanto, no quieres más? Insistió la pecosa tratando de ablandarlo
-No. Te dije que te bajes - Y le dio un empujón que casi la tira al suelo. Lily lo miró asustada y molesta a la vez, -que se creía ese petulante-
-Oye! A ver como me tratas! Gritó Lily mientras se ponía su vestido rojo de volados azules. -Vaya con tus modales!
El hombre se vistió rápidamente Llevaba un abrigo largo de cuero negro Pantalones con flecos marrones. Botas cortas de cuero de vaca. Se puso su sombrero marrón, arrojándole a la chica cien dólares arriba de la cama
-Gracias, muñeca, un gusto haberte conocido y cerró la puerta del cuarto No 6
-Lily se quedó mirándolo (-Cretino-pensó) - Vaya con el tipo. Espero que se pierda y no vuelva-. La chica aun sentía algo de temor, nunca lo había visto y le daba mala espina. Algo, no sabía, le causó rechazo, su mirada, su voz. No le habría caído tan feo a no ser por esa profunda cicatriz que cruzaba el costado de su rostro... Lo miró por la ventana. Aún estaba ahí en la esquina como esperando a alguien. A quién? Dejó la habitación para irse a tomar algo.  Le contaría a Kathy Lee su aventura con el bruto ese.
El del sombrero marrón bajo las escaleras atravesando el hotel. Caminó hasta la esquina, encendió un puro, miró el reloj, las 7:20 am; miro hacia todos lados y hacia el Trust Bank, faltaba una hora. (no vio a Lily que lo observaba desde la ventana)  Esos imbéciles no habían dado señales. Lo habían calculado bien antes de salir de Tombstone, el y Chucky perpetrarían el atraco. Sometería al cajero, a esa hora no debería haber gente. Manolo y Buster vendrían con los caballos para recogerlos y después  correrían sin parar hasta llegar al Cañón del Diablo. 1.000.000 de dólares para vivir tranquilos el resto de su vida. Debía ser un golpe limpio, sin muertos. Seria el último golpe de su vida. El último...

El reverendo Maccarthy ordenaba algunas provisiones que había recibido de su grey para llevar a las familias más necesitadas. Ropa, juguetes, alimentos. Se sentía muy agradecido a las familias Larson, Grant, a los Pelton, a la señorita Timmers que aunque era solterona y con menos recursos ayudaba con lo que podía. Era una mujer joven, de treinta años, él tenía tres años menos. A él también le abrumaba su soledad como a ella. Servir a Dios no significaba que no pudiera amar y ser amado. Samantha era la mujer perfecta para el. Seria una buena esposa y madre. Pero en el pueblo no faltaban las lenguas de víbora, como la señora Kent y sus amigas, Caroline Tuntorne y Cynthia Adams que vivían pendientes de los demás. Debía cuidarse de ellas si decidía alternar mas con Sammie
Un golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos. Caminó entre los bancos de la iglesia. No esperaba a nadie a estas horas. Al abrir la pesada puerta un hombre de camisa negra y pantalón negro con un pañuelo verde anudado en su cuello,  lo veía seriamente. Su figura le parecía un tanto lúgubre. Glenn se quito su sombrero, dejando ver su larga cabellera renegrida que caía sobre sus hombros. -Buenos días Reverendo, lo estoy interrumpiendo?
-No. Pero pase por favor Ud me dirá en que puedo ayudarlo Es para algún servicio? Creo que no le conozco.
-Llegué ayer en la diligencia desde Tombstone Estaré poco tiempo. Necesito que me escuche atentamente reverendo, si me lo permite
 
El reverendo Maccarthy le preguntó intrigado -Sucede algo? No entiendo nada ¿En que podría yo ayudar?. ¿De qué se trata señor...?
-Glenn Foxter Pero sólo para usted. Para todos soy Glenn el Forastero. Espero lo entienda padre. Nada ha sucedido pero va a suceder; en cualquier momento. Le resumiré en pocas palabras porque ya no hay tiempo. Han llegado a este pueblo cuatro pistoleros muy peligrosos. Son ladrones y asesinos. Tienen planeado robar el banco. Solo tenemos una hora. Debemos evitar heridos o muertos. Aunque no es domingo, es jueves, usted tocará la campana cuando yo salga de aquí; con el fin de atraer a la mayoría de las personas, usted inventará cualquier excusa.  Debe tratar por todos los medios de mantenerlos entretenidos con su sermón.
-Mi Señor! Esto es horrible ¿Cómo haré? Este sitio es tan pacífico ¿Por qué vendrían esos malhechores a querer robar y matar?
-Hay un millón de razones reverendo que los motivó a venir Tengo que irme ahora. El tiempo corre.
-Vaya con Dios. Haré lo que pueda y que el Señor me ilumine. Haré lo que me dijo ¡Buena suerte!
 
Glenn aseguró su cinturón con dos pistolas ... Tenía confianza en su puntería. Pero sabía bien a lo que se enfrentaba. Jack Forester era uno de los mas rápidos de Tucson, su ciudad de origen. Era uno de los mas veloces en desenfundar. Quería encontrarse cara a cara con esos bribones. En cuanto se alejó del templo, la campana comenzó a tañir fuertemente. La gente comenzó a mirar confundida  hacia la iglesia  Entendieron que era un llamado. De a uno, de a dos, de a tres y más salieron de sus hogares, de sus comercios, cerrando con prisa las puertas. Mujeres, niños, hombres fueron casi corriendo a la capilla. En la esquina del hotel el de la cicatriz observaba intrigado lo que sucedía. Eso podía trastocar los planes ¡Maldita sea! ¡Justo ese día y a esa hora! Pero debían seguir con su plan. O todo se iría al demonio. Aunque pensándolo bien  les ayudaría mucho que el lugar quedara vacío  En cuestión de minutos las calles del pueblo quedaron desoladas; sólo el viento levantaba el polvo de las calles. Cuatro o cinco quedaron en la cantina. El pastor hizo entrar a todos, se persignó y cerró las puertas...


Salomón Liebermann no sintió  las campanadas, ni el alboroto. además el no abandonaría su trabajo, por nada del mundo. No se dio cuenta que era prácticamente la única persona que había quedado en todo Cutton City. Hombre sumamente pequeño, pelado, encorvado, de aspecto desagradable, contaba los billetes desde sus ojos diminutos escondidos detrás de sus lentes. La caja fuerte estaba guardada oculta detrás de un cuadro en la pared. Ese dinero debía ser transportado antes del mediodía en la diligencia que iba a Los Angeles, California. Miró el reloj colgado, las 8.15 aun sobraba tiempo, siguió contando sin perder concentración 80, 90, 100, 200... Algo lo sacó de su conteo, levantó sus ojitos un poco... Un enmarascado con pañuelo le sonreía desde la ventanilla apuntándole con un arma. -¡Arriba las manos viejo! No te lo esperabas, eh? ¡No!, ni se te ocurra hacer ningún movimiento. Tampoco sueñes que vendrán a ayudarte. En el pueblo no hay nadie ¡Te dejaron solo! Jajaja Todos se fueron a rezar a la iglesia. Ahora muy lentamente ábreme la puerta de vidrio, despacio, y no intentes nada porque te abriré un hueco en esa calva sudorosa.
Liebermann abrió la puerta No lo podía creer. No podía estar pasando. Dejó entrar al tipo quien lo sujetó con fuerza por su cuello -Camina anciano, rápido, ¡muévete!  Chucky vigilaba la puerta del banco. Todo parecía ir como querían.
El banquero le mostró los billetes que tenía en la taquilla -Aquí tiene señor, se puede llevar todo -le dijo temblando como una hoja
-Vamos imbécil, ¿me quieres tomar el pelo? ¿Crees que vinimos aquí para eso? Dónde está la caja fuerte? Hablaaaa! ¡Que se me termina la paciencia! Lieberman apuntó con el dedo hacia el cuadro 
-Ahhhm ¡con que aquí estaba! -Exclamó el hombre quitando el cuadro- Dame la combinación! ¡Que esperas ! Apúrate, dímela!
-Espere, no me acuerdo bien -Tenía tanto miedo que su memoria se bloqueaba El enmascarado le dio un golpe fuerte en la cabeza -Más vale que te acuerdes viejo cuervo y si crees en Dios mejor que empieces a rezar, porque si no hablas, seré lo último que veas en tu cochina vida.- Salomón comenzó a decir los números despacito.. 30 izquierda 18 al centro...

En la Comisaría Kevin Troy, el ayudante de Duggan estaba intranquilo. Algo pasaba ahí afuera. Mucho silencio Miró por la pequeña ventana ¿Dónde estaba todo el mundo? Las calles estaban solitarias y Duggan jugaba un solitario como si existiera él nada más -Marshall Ud no se ha dado cuenta de que no hay nadie en las calles? Tengo un mal pálpito y la sensación de que me he perdido de algo
-Pues sal afuera y averigua . Será que este calor los tiene adentro de sus casas
 
-No lo creo... Es otra cosa
-Ok Cuando lo sepas me lo dices Ahora no me interrumpas el juego chico
 
Pero una voz dijo desde la puerta:
-Pero yo si se interrumpiré su solitario, Marshall Kenneth Douggan Creo que es hora de que desempolve sus pistolas Empezará la acción en este sitio.
Douggan no podía creer lo que veía. Ese tipo era sordo o era mas terco que una mula. Ya lo creía a kilómetros de aquí y ahí estaba como un justiciero buscando venganza. -Vaya! Como que Ud y yo no nos entendemos forastero. Me pareció haberle dicho que se fuera de Cutton. O a lo mejor quiere que lo encierre ahí adentro
-Lo lamento Douggan se acabó el tiempo Mientras Ud está ahí sentado jugando con sus naipes, y recitándome sus estúpidas amenazas, en este mismo momento están asaltando el Trust Bank
-Oiga payaso, ¿Por quién me toma? Invéntese otra cosa mejor. Asaltando el Trust Bank ¡Por favor!
 
Glenn sacó de su bolsillo del pantalón un papel doblado. Un aviso de búsqueda: "Vivos o Muertos",  mostraba los retratos de cuatro individuos -Jack Forester, Chucky el niño, Manolo Fierro y Buster Curtis -Convencido ahora? Forester y el Niño están adentro sometiendo a su banquero y los otros dos están esperando afuera con los caballos para huir hacia el desierto con un millón de dolares. Toda una fortuna. Y quién sabe si el señor Liebermann salga vivo de todo esto. Son muy sanguinarios
Me parta un rayo! Desde cuánto sabe esto?
-Hace meses les vengo siguiendo la pista. Esos sujetos son míos Tengo órdenes de llevarlos a Tombstone, con vida si es posible, para que sean juzgados y condenados por el Juez Clipton Stalon. Seguramente los espera la horca.
-Lo lamento, desde que llegó su actitud era muy sospechosa. Que plan tiene para capturarlos?
-Laméntese después, tome su rifle o su pistola. O las  dos cosas. La gente está en la iglesia reunida por el reverendo.
- ¡Ya me decía yo!
  -  habló el chico Troy
-Tú quédate aqui, estás muy novato; El Marshall y yo nos dirigiremos hacia el banco. Cierra bien y no  asomes tu nariz.

Mientras tanto Duggan sacó una estrella de plata para darle al forastero -Tenga, póngasela, para cumplir con la ley. Glenn, sonriendo,  sacó una placa dorada reluciente del interior del bolsillo de su camisa.
-Gracias,  pero tengo la mía.    La estrella tenía las siglas de «Ranger de Texas»

Me lleva el diablo! Gritó Kevin Troy ¡Se lo tenía bien guardado! El Marshall cargó rápidamente su Winchester 73 y su vieja pistola calibre 38 Cuánto hacía que no tenia un día de éstos. De vez en cuando no venía mal algo de disparos. Se había acostumbrado a esa paz rutinaria y de repente unos locos se habían apoderado de Cutton City. Esta vez el Ranger tenía el control de la situación. Ambos salieron a la calle. Empezaría la acción...


UNA DE VAQUEROS - CAPÍTULO III


En la iglesia todos estaban molestos, angustiados, querían saber el motivo por el cual estaban todos acuartelados allí. El reverendo Maccarthy intentaba calmarlos pidiéndoles que se mantuvieran en sus bancos.  Louis Grant, el barbero, hombre de grandes bigotes, de mejillas sonrosadas y pelo ensortijado se levantó de su asiento y pidió la palabra
-Estoy seguro que todo este asunto tiene que ver con ese recién llegado
-¡Si,  el forastero! ¡Ya se sabía! ¡El tipo iba a traernos problemas!
-Si! -
Gritó uno de atrás
-Vamos Reverendo díganos de una vez ¡Qué nos están ocultando! 
Las mujeres lloriqueaban al unísono -Nuestros niños, ¿qué pasará con ellos? ¡Ay Dios mío! ¡Qué está sucediendo!
El reverendo alzó las manos para aplacar los gritos -Hermanos, tranquilícense, debemos guardar la calma. Les aseguro que mientras estemos aquí no correremos peligro alguno. El sheriff nos aclarará luego; por el momento mejor oremos con fe y sin miedo «El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace reposar...tu vara y tu cayado me conducen...descansaré en la casa del Señor todos los días de mi vida... Todos hicieron silencio diciendo -Amen.
En eso un fuerte disparo rompió la oración, cortando la respiración de todos los presentes. Nadie se movió. Se miraban unos a otros -Continuemos orando hijos míos, todo acabará pronto- fueron las ahogadas palabras del pastor.

Glenn corrió velozmente hacia la esquina, se escondió dentro del galpoó de un establo para protegerse. El sol brillaba, la temperatura era fuerte como el mismo infierno.  Pudo distinguir a uno de ellos vigilando la puerta desde adentro. Era el Niño, armado y enmascarado. Alzó su voz desde donde estaba y  gritó fuertemente -Jack Forester! ¡Están rodeados! ¡Salgan con las manos en alto! ¡Si te rindes prometo no matarte, pero de lo contrario no saldrán vivos de allí!
El eco de una voz algo lejana le respondió: - ¡Muérete Foster! ¡Si me quieres ven a buscarme! - El primer disparo sonó desde el tejado del Grand Hotel, Glenn miroóhacia arriba, estaba otro de ellos con un rifle, le pareció que era el mexicano, por el gran sombrero característico de esa gente. El respondió con otro, -donde estaría el Marshall- necesitaba que lo cubriera, faltaba otro del grupo, Buster Curtis, seguramente estaba aguardando con los caballos. Sonaron repetidos disparos, el zumbido de las balas le ardian en sus orejas; vio moverse al Marshall Duggan. El Marshall en la otra esquina del banco, se asomó para hacerle ver donde estaba. El mexicano gritó -Los tengo manitos! ¡Quién quiere morir primero!
-Túu, bastardo!l.  -le respondió disparándole el Sheriff Duggan. El mexicano cayó del tejado al medio de la calle
Glenn corrió rápidamente para unirse con el Marshall - Falta el otro - le dijo al comisario- Vaya a buscarlo, yo trataré de entretener a Forester y a el Niño Hay que hacerlos salir pero tienen un rehén.
Los caballos deben estar en el corral, esta mas lejos. Si no vuelvo, Foxter, usted  deberá arreglárselas solo
-Suerte amigo
Esta situación ya le estaba cansando. No podía imaginar como se encontraba el banquero, pero siendo la única carta que tenían para escapar, no les convenía matarlo.
- ¡Forester! ¡Ya perdiste a uno de los tuyos! ¡Curtis también va a morir! ¡Están atrapados, no te dejaré salir de este pueblo! ¡Vivo o muerto vendrás conmigo! -  Hubo silencio. El suspenso cortaba el aire caliente del mediodía. Para Forester y sus compinches se les acababa el tiempo.
Foxter vio movimiento adentro del banco, Forester traía a Liebermann apuntándole con el revólver en la cabeza, el Niño cargaba dos bolsas en los hombros y empuñando un arma también. Glenn se preparó ocultándose detrás de la pared lateral del Trust Bank. Los separaban apenas unos cinco metros. Los vio caminar hacia la esquina, hacia donde él se encontraba. Los tenía en la mira, pero no quería que mataran al viejo Liebermann que venía temblando. Buster Curtis era el primero en venir, Glenn sin pensarlo, agarró una piedra y la arrojó hacia una de las ventanas de un edificio de en frente. Curtis se movió rápido disparando hacia donde había sonado el cristal roto, Glenn aprovechó el movimiento y le disparó tres veces seguidas con su Colt, el hombre quedó tendido, muerto.
Yo tengo al viejo, Forastero! ¡Si muere será por culpa tuya! ¡Vamos! Camina estúpido!  - Gritó Jack Forester furioso y desesperado por huir.

Se oyó el sonido del galope seco de un caballo acercándose con velocidad desde atrás de su escondite, vio al otro que venía disparándole, apenas pudo responder, se armó un fuego cruzado,  sin saber cómo, una de las balas le alcanzó el hombro, la sangre comenzó a chorrear de su camisa. Tuvo que detenerse un momento para hacerse una venda atándose con su pañuelo que se tiñó de rojo. Que habría pasado con el Marshall? Volvió a intentar salir de su escondite, para alcanzarlos, estaba solo; tenían un solo caballo, y habían perdido una de las bolsas de dinero. Sin que lo vieran corrió agachándose detrás de un gran abrevadero a un costado de la calle,   disparó hacia el compañero de Forester, le dio en una pierna, se tambaleó, le disparó otra vez hacia el pecho, quedó inmovilizado; eso tomó desprevenido a Forester, -¡Corra Lieberman! Pero Forester lo sujetó fuertemente Habían quedado los dos solos, a una distancia de un metro, la Comisaria estaba hacia un costado de la calle, -¡Déjalo ir Jack! ¡No seas cobarde! ¿Tienes que escudarte detrás de un inocente para protegerte?
-¿Crees que soy tan tonto? Estás esperando una oportunidad para matarme pero no te la daré. Me lo llevaré conmigo. ¡Mejor no intentes nada, Foxter, te lo advierto!

Caminó de a  poco hacia atrás con su rehén, agarrando las riendas del caballo, apuntando a Lieberman; Glenn seguía apuntándole con el revólver, sentía un intenso dolor en el hombro, tenía la bala incrustada, no era de gravedad, pero la herida era lo suficientemente profunda para darle problemas con su puntería; necesitaría algo más que un milagro para herir a Forester. De repente como si el Cielo lo escuchara, un disparo sonó en el aire.
El pistolero trastabilló soltando al rehén. Esa fue la ocasión que esperaba Glenn, en cuestión de segundos apretó el gatillo, lo alcanzó en el estómago. Forester dando un grito de dolor cayó herido. Liebermann corrió a toda velocidad a cualquier parte.   Había terminado todo. Aún debía saber que había pasado con el sheriff. Pero se había olvidado de algo, ¿quién fue el que disparo?
La respuesta la tenía delante de su vista, miró sorprendido a  quien lo había hecho: -Kevin Troy. Gracias a Dios no me hiciste caso muchacho y no te quedaste ahí adentro. Te debo la vida amiguito.
El joven ayudante con cara sonriente se sentía más que satisfecho. Había tenido su primer tiroteo. -Qué bueno verlo Forastero. Creí que no terminaría nunca. ¿Y el Marshall?
Iré a ver que fue de él. Tú ve a la iglesia y saca a toda esa gente de ahí. Diles que ya no hay peligro, pero antes ayúdame a llevar a esta sabandija a la celda, está herido pero con la ayuda del médico, se podrá curar y llevarlo vivo a su juicio.
Enseguida sin tiempo que perder se dirigió al corral, Duggan había dicho que iría allí a buscar al que él mató después. Desde lejos pudo divisar al sheriff inmóvil, tirado boca abajo. Cuando se acercó lo asió por el hombro para darlo vuelta. Los ojos de Duggan se abrieron lentamente -¡Hola compañero,! ¿me creía muerto?
-Qué bueno verlo Marshall. El pueblo todavía tiene comisario. Donde le dieron?
-En el costado. Pero sobreviviré. Todavía no ha nacido el que me mande al hoyo. -se quejó haciendo una mueca de dolor
Lo ayudó a levantarse como pudo. El también tenia una maldita bala en el hombro y dolía bastante. Aún era temprano. Pensó que sería un día para recordar,  un día que Cutton City no olvidaria.



UNA DE VAQUEROS - EPÍLOGO

Todo Cutton City estaba reunido en la Cantina de Bert Larson, e incluso el reverendo Maccarthy. Todos hablaban sin parar, del espectáculo que les habían ofrecido esos dos Marshall; una vez más la justicia había ganado en el pueblo, y nadie había salido muerto, salvo los tres pistoleros. Algunos felicitaban al banquero por el rol de rehén que le tocó vivir. El que antes había temblado de miedo, ahora se creía un héroe.
El reverendo Maccarthy hablaba al lado de la maestra Samantha Timmers, sin que Georgette Pelton y sus amigas los perdieran de vista; pronto serían la comidilla cuando anunciaran su boda, pero hoy nadie tenia ojos y oídos más que para el suceso del tiroteo.
La pianola tocó su música alegre, alguien cantaba una de esas canciones famosas del Oeste;  la paz y la seguridad habían regresado a Cutton, todos querían celebrar. Sam Pelton el tendero hablaba con unos y con otros. -Amigos, ya pasó el susto, ¡esos forajidos no se salieron con la suya!
-¡Si Sam! ¡Tienes razón!
- ¡Que viva el Marshall Duggan!
- ¡Que viva Foxter el for...! Que viva el Marshall Foxter!
- ¡Que viva Cutton City y los Estados Unidos de América!
- ¡Hay que festejar ! Bert Larson, ¡sirve cerveza para todos!
- ¡Yahoooooo! ¡Que viva Sam Pelton!
En la Comisaría los dos Marshall jugaban una partida de póker - ¿Cuánto quieres apostar Forastero?, a que después de que te lleves a Tombstone al de ahí adentro, volverás en la próxima diligencia?
- ¿Y para qué quieres que vuelva? ¿Necesitas otro ayudante? Ya tienes a Kevin que es todavía casi un niño pero sabe disparar muy bien.
- Yo sé que volverás Glenn Foxter. Yo lo sé.
- No me animo a apostar. A mi me gusta la acción. Aquí me aburriria, yo lo sé- Le mostró sus cartas - Póker de Ases
- Bueno Glenn, esta vez ganaste. Te espera la revancha cuando vuelvas- Gracias por todo Forastero, pero ya no eres tan forastero jejeje
Duggan se levantó un momento para fumarse un puro. Al salir al pasillo de madera, notó que su mecedora  estaba ocupada. Pluma de Águila fumaba su pipa tranquilamente.
- ¡Vaya, vaya!, a quién tenemos aquí, cuándo volviste? Pensé que no regresarías. ¿Que no te habías ido  con tu pueblo?
- Allá ser muy lejos.  Gran Águila blanca volar sobre colina. Decir que regresar. Pueblo ya no necesitar
- Esa águila tuya no se equivoca nunca, ¿no? Viejo taimado. ¿Quieres fumar un puro?
- Muy bien, yo fumar tu puro. Tú fumar mi pipa. Eso ser amistad.
- mmmm Claro, Pluma de Águila, tú ser mi gran amigo. Pero dime, estás seguro que no volviste por otra cosa?
- Aja, tú ser sabio como yo. Tú tener pelo blanco como yo. Tener razón, Marshall amigo, Pluma de Aguila volver también, porque extrañaaar...¡extrañar tu mecedora!.
Se miraron por un instante los dos - jajajajajaja- y estallaron en risas como dos viejos amigos.