miércoles, 7 de enero de 2015

VENGANZA

Dicen que la venganza es un plato que se come frío y en silencio... Hace años que me casé con el que hoy es mi ex. La pucha que nos queríamos; me enamoré como una colegiala, fue el gran metejón de mi vida, nos conocimos en la época de la universidad; él estudiaba arquitectura, yo filosofía y letras. Iba por el tercer año. Salimos un año, loca por él, ilusionada, metida hasta las patas, me propuso casarnos; al carajo la filosofía y nos casamos. Luna de miel en Bariloche, fueron dos años divinos de amor, éramos jóvenes. Tuvimos dos hijos, Javier y Whinona (por Whinona Ryder) El se recibió de arquitecto, yo de ama de casa. Todo perfecto.
Hasta que empiezan los defectos a flotar, la convivencia, la rutina, los ruleros, los ronquidos, el mal aliento, los chicos al colegio; los problemas económicos, las peleas; la luna de miel terminó siendo un recuerdo en el álbum de fotos. Se acabaron los besos, los mimos, el «te quiero mi amor». la invitación a cenar o a bailar, algún fin de semana al cine y te olvidás. Sexo dos veces a la semana si él tenía ganas; después una vez al mes si se acordaba. En algún punto empezó a fallar, yo era el florero de la casa; puras obligaciones, que todo esté en orden; el café a la mañana, las camisas planchaditas, la ropa lavada  y la comida lista para cuando llegara. Despues pasó a ignorarme. Miraba más al perro que a mí. Solo vernos en el desayuno, en el almuerzo, a veces en la cena  y al acostarnos. En algún punto empecé a sospechar. Llegadas tarde, camisas perfumadas, mensajes raros en el teléfono Y las evasivas:
-Rodrigo donde estuviste?
- Ya te lo dije, en el trabajo
-Las oficinas trabajan hasta las once de la noche?
-Déjame tranquilo, traeme un café
Mi intuición de mujer no me mentía. Algo  o alguien... había...  Hasta que un día una amiga me lo soltó al pasar: el otro día lo vi a tu marido con su secretaria. Me callé, disimulé, me aguanté y cuando volví a casa rompí dos o tres platos:     ¡la puta que te parió!   ¡Hijo de puta!
Los cornudos son  los últimos que se enteran
Pero eso no se quedaba así. Resolví no decirle nada. Tenía ganas de acuchillarlo, de envenenarlo, de caparlo. Renuncié a tanto por él, dejé mi carrera,  le di dos hijos, le di mi vida y ahora se iba detrás de una yegua más joven. La sangre me llegó al cerebro. Estaba ciega de rencor, odio y celos. Eso no se quedaba así, Rodrigo. Mi honor y mi amor propio serían vengados. La sangre iba a llegar al río. Pero a mi manera, sin cuchillo ni cianuro.
A partir de ese día me hice la estúpida, como si nada; pero hubo un cambio, comencé a salir con mi amiga Natalia los viernes mientras el señor trabajaba hasta las once con su secretaria. Natalia, Clarita y yo, íbamos a las confiterías, al teatro, lo pasábamos genial; me sentía con derecho; los chicos con mamá; cuando estaba con mis amigas, me acordaba que él se estaba cogiendo a su amante y me desahogaba llorando con las chicas. Creo que me dejé llevar por los «sabios» consejos de Clarita, -por qué no le pagás con la misma moneda? Sería justo,  no?-
Primero no me pareció mala idea; él me engañaba y yo la cornuda boluda? Pero en esta vida todo tiene su valor y un precio que pagar. En una de las salidas Clarita, la buena amiga, me presentó a Arturo. Era buen mozo, encantador, seductor. Me invitó a salir el próximo viernes. No me decidía pero como una tarada me dejé llevar. -Dale! ¿Que perderías? Es un churrazo.  Insistieron y me convencieron. Pudo más el despecho. Total que terminé en la cama con el tipo. Sexualmente me colmó. Cuando me hizo el amor, sentí renacer en mí la mujer que ya nadie veía, mucho menos mi marido. Me acarició y excitó en todas las formas posibles. Sexo oral y las posiciones del kamasutra completo. La verdad, mis fantasías las llenó Arturo  Me dejó loca pero no de amor. En el fondo quería y querré siempre a Rodrigo, mi marido, mi único hombre. Pero ya no había marcha atrás. Lo hecho estaba hecho y a lo hecho pecho.
Los próximos días fueron de desasosiego, remordimiento, miedo, habría hecho mal? Me sentía reculpable, sobretodo por mis hijos. ¿Y si se enterara mi marido? De repente él sufrió un cambio del día a la noche Estaba como más cariñoso. Más considerado. Pensé: Tiene su rabo de paja también.  Quiso hacerme el amor. Lo abracé con desesperación, con un deseo loco, sentía que lo había recuperado, pero no podía olvidar lo de Arturo. Supe que metí la pata. Lo suyo fue un desliz, aunque eso no lo justificaba. Algo entre nosotros también se había perdido, como volvería a confiar en él. El que la hace una vez, la vuelve a hacer.
Para mi maldita suerte, no sé como se enteró, "alguien" le fue con el cuento. Un día. cuando llegó del trabajo me encaró: 
-Sos una perdida, una zorra. No tenés perdón de Dios, Me hiciste un cornudo, el hazmerreír de todo el mundo!
-Y vos?  Le dije yo- Todo lo que te aguanté con esa yeguita de tu secretaria?
Se sorprendió, no se lo esperaba -Ah me querés decir que por eso te fuiste a putonear?
-Claro!, habló el macho, el cavernícola, la mujer en la casa y el hombre callejeando!
Me quiso pegar pero se contuvo.
-Mejor callate, andá a lavar los platos
-Y vos andate a la mierda. ¿Ahora la víctima sos vos? Decí lo que se te de la gana. ¿Quién engañó primero? ¿Vos o yo?
-No quiero saber nada más de vos. Sos una rifada, me das asco
 
-Ni yo tampoco te quiero ver más.  Sos una basura. ¿Duele que te paguen con tu misma medicina, no? Hasta nunca
Y hasta ahí llegamos. No hubo sangre, solo una dolorosa separación. Me separé queriéndolo. Me engañó y se quedó mi contento.  Mi venganza fue la peor decisión.  Sé que estuvo mal hecho, pero actué por rabia, cegada por los celos. Mi nombre corrió por boca de todos los amigos, la aventura de él, fue una hazaña vitoreada. Porque así es este mundo de machistas. Las mujeres infieles no tenemos perdón. Terminamos lapidadas por las lenguas viperinas, hasta por la misma familia. Igual, no se lo aconsejo a ninguna mujer. Y no porque no se lo merezcan, sino porque uno se siente mal con uno mismo. Al ser infiel somos primero infieles a nosotros mismos. Algunas mujeres perdonan ser engañadas, o se hacen las que no saben para conservar al marido. Yo no. Yo no perdono. Si te ponen los cuernos aguantate o separate.
La venganza no es fría ni dulce. Es bien amarga.

Terminamos en divorcio, los chicos en la semana conmigo,  los fines de semana con Él. Ya casi ni nos hablamos, solamente para cuestiones de la pensión alimenticia o del colegio de los nenes. Para los que nos conocen, él es el pobre cornudo, el marido burlado y traicionado y yo siempre seré una puta de mierda.

EL TIEMPO PASA