sábado, 22 de noviembre de 2014

DOS DEL SIGLO XIX - 1a PARTE

Juan Manuel Rivadeneyra era uno de esos tipos del siglo diecinueve; una especie en extinción. Muy alto, algo delgado, amable, educado, culto, no muy agraciado físicamente, pelo oscuro, algo rizado, con unos ojos azules muy lindos que  ocultaba detrás de sus quevedos; tampoco es que su físico asustara. Era profesor de literatura en una escuela secundaria. Así que siempre andaba con sus libros debajo del brazo. Le encantaba la música, aunque no era muy entonado; no le gustaba bailar, era un «pata dura» Era de esos que ceden su asiento a una mujer, que ayudan a cruzar la calle a una viejita, le encantaba la poesía, por eso digo que era del siglo XIX, ya que en este XXI vaya Ud a buscarlos. Salía muy poco, una que otra vez al cine, su sitio preferido era la biblioteca donde buscaba sus libros preferidos. «Algo aburrido» lo considerarían las chicas de hoy.  No era de muchos amigos, tenia un grupo pequeño, Sancho y Felipe. Esos dos sí eran de este siglo. Buenas personas, pero no tenían las finas costumbres de Juanito como le decían. Siempre gastándole bromas que Juan Manuel esquivaba como podía. Porque si algo tenia de bueno este Bécquer moderno, era su bondad y generosidad. Falto de malicia, no es que fuera un santurrón, pero era bastante inocentón. Y su peor defecto era su timidez. Le gustaban las mujeres pero no sabía como abordarlas. Algo trágico para él, por lo que se enterraba en sus libros y en sus audífonos oyendo sus baladas preferidas.
Sancho y Felipe querían conseguirle novia a toda costa. Su amigo ya estaba abordando los veintinueve y de relaciones, nada de nada... Así que decidieron llevarlo a una fiesta; allí le buscarían alguna chica más despabilada que lo sacara un poco de ese aislamiento. Aunque para Juan Manuel no era tan urgente eso de noviazgo y casamiento. Porque obviamente él era de esos que terminan en el altar; nada de relaciones modernas ni concubinato.  ¡Cuántas quisiéramos encontrar a alguien como él!
El día llegó, Juanito aceptó a regañadientes la invitación, pues él para bailar no era mandado a hacer e invitar a alguna chica ¡ni soñarlo! Sancho y Felipe lo llevaron a rastras. En el baile todos los chicos y chicas vestían a la moda, blusas escotadas, jeans, franelas, minifaldas, todo casual; cuando vieron entrar a los tres, fijaron su mirada en Juan Manuel, traje negro  y un moñito blanco. Todas las miradas fijas en el galán del siglo antepasado.
-Y éste ¿de dónde salió? De Marte?
-¿De qué siglo vino?
-Caro, ¿por qué no lo sacas a bailar?
-¿Yooo? Sácalo tú pajuata!

El pobre Juan no era nada estúpido. Se sintió como sapo de otro pozo. Estaba arrepentido de haber ido. Ese lugar era una tortura, música estruendosa, los grupos de jóvenes gritaban, reían fuerte, no le pareció un ambiente agradable. -Muchachos, ustedes diviértanse, quiero irme, este lugar no va conmigo, además tengo que levantarme temprano
-Nada de eso, la noche recién empieza. Sancho búscate unas cervezas
-Cervezas? Para mi no. Yo tomo un refresco.
-¿Estás loco? Aquí solo sirven cerveza y whisky Anda chico, no seas »zanahoria«
-De veras, el alcohol me hace mal
-Pero una cervecita no te volverá alcohólico,
-Bueno, una, ¡pero una nada más!
Al rato vino Sancho con las tres cervezas y una chica. -Esta es Diana, mi chica - Juan Manuel le dio un beso en la mano. La amiga de Sancho quedó perpleja. Le susurró al amigo de Juan -¿De qué planeta es? -Es terrícola, no te preocupes, pero un poquito anticuado.
-No tienes una amiga para él? -Hablas en serio? Haré lo que pueda.
Al rato vino Diana con una chica pelirroja, un cuerpo escultural, un vestido ceñido,  mascando chicle, precisamente de las que Juan Manuel huía. Lo miró de arriba a abaJo, ya él le iba a besar la mano, pero la chica lo haló a la pista de baile. Juan quería decirle que era patadura pero era tarde... (¡Al fin! dijeron los otros dos, ya le conseguimos alguien...)
No tardó mucho en volver, vino Juan Manuel todo acalorado, medio molesto -Que pasó, no bailas más? -Me voy! dijo Juan Manuel
Detrás venía Diana cojeando -Mejor enséñenle a bailar!
Duró poco el entusiasmo de los amigos, ¿cómo harían para que se enamorara? Tendrían que darle una clase de baile. No hubo caso esa noche. Se lo llevaron sin haber tenido éxito.
Así pasaron los días, Juan Manuel como siempre, su vida transcurría sin sorpresas, monótona, pero a él le gustaba de ese modo. Que nada ni nadie la cambiara. Llevaba una vida simple, tranquila, era un hombre sano mental y físicamente. Un "zanahoria" como le decían sus amigos, no fumaba, no bebía, no se trasnochaba, no le faltaba el respeto a las chicas, no decía malas palabras; tal vez Dios lo había hecho nacer en la época equivocada; pero estaba en este mundo, en este siglo XXI, y ésta era su manera de vivir; así era él y así tenían que aceptarlo. La escuela le quedaba a cinco cuadras. Su clase era en quinto año. Hoy les tomaría un examen de literatura. Ya lo estaban esperando sus alumnos con cara de aburridos. -Guarden sus libros, se acordarán que hay examen.
-Profe, ¡no me acuerdo nada!
-¿Será muy largo?
-Silencio. Al que vea copiarse le anulo el examen
Mientras uno de los alumnos repartía las hojas, él fue escribiendo en la pizarra las preguntas. Todos en silencio escribían. Algunos intentaban ver los trabajos de sus compañeros -Julio, concéntrate en lo tuyo. - No era tan difícil, se trataba sobre autores, nombres de las obras, análisis de las mismas. A la hora, Juan Manuel le dijo al mismo alumno que recogiera  las hojas. -Pueden salir al recreo. Mañana les traigo las notas.
-Hasta mañana profe, no nos raspe
-Si estudiaron no los rasparé. Sino ustedes solitos se rasparon- Eran chicos y chicas de diecisiete a diecinueve años Algunos estaban repitiendo el año. Recogió todo los papeles y se fue a su casa. Tendría trabajo esta noche, era lo que más le apasionaba. Su vocación docente. Fue caminando hacia la puerta de salida. Para nada se dio cuenta que unos ojos lo miraron hasta que se perdió en la lejanía...

Esa noche se preparó bastante café para poder corregir los exámenes. Eran cuarenta y cinco  alumnos. Vaya lo que le esperaba, una montaña. Montaña que se redujo a la mitad como a las once de la noche. Alguno que otro rebotado, iban bastante bien, tenían que reforzar mas la materia. De repente, un sobre mezclado llamó su atención. Lo abrió (que raro, quien lo pondría allí?) Sus ojos comenzaron a leer, los restregó con sus dedos, estaría viendo mal? ¿Un poema?

«Cada vez que te miro
algo en mi corazón renace
cada vez que tú te alejas
una tristeza en mi alma dejas

Amado, tus ojos de azul mar
son mi ensueño más claro
los miro sin que te des cuenta
te amo sin que tu lo sepas»

DOS DEL SIGLO XIX - 2a PARTE


Juan Manuel se dijo -¿y esto? Es muy bonito, pero ¿para quién sera? ¿Era para él?  Miró el sobre nuevamente Tenía las iniciales J. M. El tenía los ojos azules. Definitivamente alguien de sus alumnas gustaba de él. Trató de recordar los nombres de las chicas, pero eran como veintipico, a ver, Marta, Corina, Mariana, Silvana, Norma, Liliana, imposible, la letra, debería ver si coincidía con la de los exámenes. Le ponía nervioso que una de sus alumnas estuviera así enamorada. Si lo supieran Sancho y Felipe. Esos dos rufianes lo volverían loco. Se guardo el sobre. Tendría que averiguarlo ¡Pero cómo!
Al dia siguiente entro al salón, escudriñando disimuladamente a todas las chicas. -Bueno salieron todos...más o menos. Espero que la próxima estudien más.
-Que lata profe, yo soy mala para la literatura
-Jorge, 15 , Silvana, 13, Oscar, 9, Dante, 15 y así fue entregando los exámenes, hasta que llegó a un 20, se había olvidado con el cansancio, Inés, -Inés, 20 ya ven la que más nota sacó- ¿Donde está Inés?
-No vino profe, está enferma
¿Sería ella? ¿Como sería? Con tantas no podía recordarlas a todas Y tampoco recordaba a ninguna que fuera muy linda. Tendría que esperar a que viniera. Ya no podía más con tanta incertidumbre.
- A ver vamos a ver. ¿Quién se anima a escribir un poema?

-¡Profe! ¡Qué difícil! Dijeron las chicas
-Con rima o sin rima?- Preguntó otro
-Para mañana intenten traer uno, Aunque sea una estrofa Inténtelo Ah y le avisan a Inés que traiga el suyo.
Cuando se fue Juan Manuel comentaban -Ese profe anda medio raro. ¿Qué le dio por los poemas? -Estaba como algo nervioso - Qué fastidio, ¡yo odio la poesía! Todas las chicas hablaban hasta por los codos, los muchachos les gastaban bromas. Alguien, una que no se unía al grupo, escribía... Cuando todos se fueron dejó un papel en el escritorio de Juan Manuel. Alguien que no era Inés...
Otro día de clase. Era viernes. ¿Qué habrían hecho los chicos? -Ya me imagino los poemas. ¿Habrá venido Inés? En el salón estaban todos al parecer.
-Buenos días alumnos
-Buenos días profe
-¿Qué tal esos poemas? ¿Qué me trajeron?  A ver Julio lee el tuyo
-jajajaja bueno profe no se ría eh?
-Solo es una experiencia
-ejemmm jajajajaja
«Me encantan las rosas
me gustan las margaritas
pero mas que cualquier cosa
adoro las papa fritas»
-Jajajajajajaja
-Jojljojljojo
-hahahahahajejejejeje

Todo el salón se retorcía de risa. Juan Manuel no podía contenerse, pero se aguantó -Muy poético. Te costó mucho tiempo hacerlo?
-Ah no profe. Yo se lo dije. No soy poeta
-Bien. Al menos hiciste buena rima.  Marta, el tuyo
-Ay profe Me da pena!
-Vamos, lee
-«En la tarde voy al mar
como me gusta nadar
ver volar las gaviotas
y mirar el cielo azul
-Bonito, sin mucha rima, pero te quedo bien (sin duda ella no es 
-se dijo Juan
Y así siguieron sus poemas. Todos se reían y se burlaban de los «poetas» -Bueno Inés, el tuyo -No profe, Inés sigue enferma, no pudo mandar el suyo - Que decepción -pensó el profesor- Hasta el lunes no podría averiguar si era o no era su poetisa enamorada. Al parecer todos leyeron.
Escribió unas tareas en el pizarrón para que copiaran. Mientras todos trabajaban, él se sentó en su escritorio. Abrió la gaveta para buscar su bolígrafo... Un sobre igual al otro descansaba adentro... J.M   Otro poema:

Extraño tus ojos que me esquivan
pienso en como será tu beso
cuando te vas de mí no tengo vida
y solo quisiera decir un Te quiero

Eres tu mi sueño imposible
eres tú el anhelo de mi alma
Te quiero así con un amor simple
Te quiero y te querré mañana

¿Cuándo dejaron eso? ¿Acaso se estaban burlando de él los alumnos? Si Inés no había sido ¿quién fue? Puso el sobre en el escritorio, ninguno demostró alguna reacción. Ya comenzaban a retirarse, algo tenía que hacer. Quedaban Corina y Marta -Corina, Marta, vengan un momento.
-Aja profe, aquí nos tiene
-Alguien del salón dejó este sobre en mi escritorio.
-Yo no fui, le juro- yo tampoco - respondieron las dos
-De todas sus compañeras, ¿a quién le gusta la poesía? como Ines no ha venido, ¿quién puede ser?
-La verdad, del grupo a nadie nos gusta mucho, aunque...
-¿Aunque qué? ¿Quién más hay? Corina miro a Marta Te acuerdas de Susanita? -Aja, si, la bobita
-¿Susanita? ¿Bobita? ¿De quién hablan? - Preguntó intrigado Juan Manuel
-Susanita, profe. Ella siempre se sienta atrás. Habla poco y se la pasa escribiendo.
-¿Y hoy vino? ¿Leyó el poema?
-Creo que no. Ud no le preguntó -dijeron las chicas
(Entonces tenía que ser ella; pero ¿por qué no la recordaba? ¿Por qué le pasó desapercibida? ¿Sería fea? (Pero era una poetisa en potencia) No había otra forma que esperar hasta el lunes. Les pidió a las alumnas que no comentaran nada en la clase. Llegó el fin de semana, monótono, no hizo más que leer los dos poemas de su poetisa. Algo en el corazón le hacía latir apresurado. Saber que alguien lo amaba, lo enternecía, lo ilusionaba, él, que era otro desapercibido para todos. Pero que fuera una alumna, lo incomodaba un poco, no seria ético corresponderle. Felipe y Sancho quisieron llevarlo a otra fiesta, pero se negó rotundamente. ¿A pisar a otra de esas loquitas? Rotundamente no. Fue a la biblioteca a buscar un libro de Cortázar y tal vez fuera al cine a ver un estreno Con eso tenía suficiente. Pero en todo el fin de semana no pudo quitar de su mente a Susanita, la desapercibida. No revisó el examen de literatura ¿Sería otro 20?
Hasta que llegó el lunes No sabía como resolvería ese acertijo, pero tendría que ser más listo que ella, su enamorada. Dio los buenos días. Estaban completos. Trató de ver hacia los bancos de atrás. Pero su mala vista lo traicionaba. Corina y Marta lo miraban sonrientes. -Hoy voy a tomarles revisión de ortografía. En los exámenes hubo muchas faltas Hay que leer más.

- Escriban... Tomó un dictado medio largo, de una hoja entera. ¿Ya? ¿Terminaron?

DOS DEL SIGLO XIX - ULTIMA PARTE

-Listooo
-¡Que largooo!
Dijo Julio -Recojo profe?
-No, que recoja Susanita.
(Silencio absoluto) Juan Manuel levantó la vista, nadie se levantó .-Susanita, te estoy esperando,  tráeme las hojas.
Del fondo del salón, una chica de pelo negro con colita de caballo y de lentes, comenzó a recoger las pruebas. Juan Manuel no la perdía de vista, de a poco se venía acercando. Vestía su uniforme, su pelo recogido con un mono, lentes más o menos grandes, piernas bien formadas, tendría unos dieciocho años, contra  sus veinticinco, no era mucho la diferencia, pero él era el profesor, ella la alumna. Llegó hasta su escritorio, dejó el montón de hojas quiso volverse a su banco.
-Susanita dime una cosa, tú hiciste el poema de la otra clase? Trató de verle los ojos, pero la chica miraba hacia abajo. Pudo ver unas pecas en su mejilla derecha y su nariz medio respingona. Parecía una niña
-Ud no me preguntó profesor
-Mi pregunta es si lo hiciste
-Si, pero después lo rompí
-¿Por qué? Quiero que me lo hagas de nuevo.
-Profesor...yo...
-Mañana, no te olvides
La chica se retiró sin decir nada. Se sentó en el último banco donde nadie pudiera verla. Tímida resultó mi poetisa- porque estaba seguro que era ella. No podía ilusionarse pero algo lo incitaba a ello. El tímido, ella tímida, ¿cómo podrían comunicarse? Uno de los dos debería tomar la iniciativa y ella no le iba a confesar la verdad. ¿Le haría el poema? Posiblemente intentaría evadirlo como efectivamente ocurrió. Susanita le dijo que olvidó hacerlo. Entonces ya decidido a develar ese enigma planeó algo para hacerlo; él escribiría un poema que preparó así:
Me amas como yo a ti
Se que me piensas igual
No puedo ver aun tu mirar
Si será  azul, verde o gris

Mas mi gran ilusión es verte
mirar el rubor de tus mejillas
estar en tus sueños presente
besar tu rostro de mujer-niña

¡Vaya! ¡Susanita hizo de él un poeta! ¿Se estaría enamorando?  Dejó el sobre debajo del banco de la muchacha sin que nadie lo viera.
Ese martes estaban esperándolo, Susanita siempre oculta, escribiendo (para él?); caminó entre los bancos mientras explicaba el tema del día. Cuando llegó a la última fila, pudo ver el rostro de Susanita, rojo como la grana, ¿sonriente? Mostró sus dientes con frenillo, él le devolvió la sonrisa guiñándole uno de sus ojos azul-mar, los de Susanita eran verdes. Al terminar la clase todos se fueron retirando. -Susanita por favor antes de irte puedes borrar la pizarra?
-Si, profesor
A espaldas de ella, Juan Manuel puso el sobre de la chica en el escritorio. Al terminar el trabajo fue a dejar el borrador y vio al profesor con algo que Susy conocía... Quiso dar la vuelta enseguida para irse.
-Ah ah, no tan rápido mi poetisa encantadora. ¿Esto es tuyo?
-Yo... Yo...yo...
-Por qué Susanita?
En los ojos de la chica asomaron una lagrimitas -Perdóneme, profesor. No lo quise ofender.
-Mi poema también te ofendió?
-¿Era suyo? Lo miró con los ojos sorprendidos de felicidad
-Acaso hay alguien más a quien le escribas poemas?
-Noooo solo a Us... Perdón, no
-¿Lo que escribiste es cierto? Le preguntó dulcemente Juan Manuel
-Si -dijo Susy escondiendo la mirada
-Vamos, te invito a tomar un café ¿Te gusta hablar de poesía?

-Mucho y de música y de lectura también
-Tú eres de las mias! Un dia te voy a presentar a dos amigos locos que tengo
- Se sentía como un adolescente frente a esa pecosita.
Terminó la tarde, Juan Manuel 
y Susanita se alejaron perdiéndose en las calles. Dos desapercibidos para el mundo,  dos del siglo XIX; algún futuro los esperaba. En el último pupitre del salón se hallaba marcado  en rojo un corazón con una flecha  J. M y S.

martes, 4 de noviembre de 2014