sábado, 8 de noviembre de 2014

MARIPOSA


No me olvido cuando llegaste
te encontraron de pequeñita,
acanalada y manchas blancas.
Estabas un poco enferma
diminuta y huerfanita,
te trajeron de la calle.

Ibas inquieta por todos lados,
al principio dabas lástima,
de verte muy cachorrita
sin madre que te amamantara
Poco a poco fuiste creciendo,
en edad pero no en tamaño.

Al fin te pusieron un nombre,
que fue el más indicado:
Te llamaron ¡Mariposa!
por esa manera tuya
de perseguir las maripositas
blancas entre las flores.

Volabas con tus patitas,
brincando casi en el aire;
daba alegría mirarte,
de cara pícara y risueña,
casi hablabas al comunicarte,
para jugar o alimentarte.

Hoy ya nos has crecido,
sigues siendo juguetona,
mas no brincas en el aire,
persigues a los gatitos,
no tienes hogar para vivir
tienes este amplio jardín.

Amiga muy fiel de los niños,
desconfiada con los extraños.
A la hora del sol implacable
te recuestas en la tierra
a la sombra de los árboles.
Mi bella cachorrita, ¡estás grande!

Cuando de noche camino
te veo sentada en el banco,
mirando como sale la luna.
Te sientes dueña del parque
velando el sueño de todos,
vigilando por si pasa un gato.

Porque aunque no tienes dueño,
sabes bien que te queremos.
Nos recibes y nos despides,
serías incapaz de mordernos,
pues tienes la mejor cualidad
que tienen algunos perros.

Fidelidad, gratitud y confianza,
ternura, alegría y cariño
y por sobre todas las cosas
la amistad que nos demuestras,
a todos lo que te conocemos
Gracias mi pequeña Mariposa.