miércoles, 21 de agosto de 2013

EL PRIMER AMOR


Dedicado a dos que se amaron y que la vida separó


Estoy acá sentado pensando en estos días que pasaron, que me hicieron retroceder a mis años juveniles, es decir una chorrera de años… ahora no voy a sacar la cuenta. Tenía trece o catorce, no más. Y fue en esa época cuando la conocí, a esa niña-mujer que fue el amor de mi vida. Nadie me dará la razón sobre esa locura de pasión juvenil, éramos de la misma edad, el mismo signo, es decir, dos pendejitos, dos muchachitos que abrieron a las puertas de la vida del amor, del deseo, de la rebeldía típica de nuestros años. Fue nuestra primera vez, esa primera vez que no volverá a repetirse. Cómo nos conocimos no viene al caso, creo que por nuestros padres que eran amigos, nos conocimos, nos miramos, y supimos que ya no había regreso. La locura y el impulso de nuestra juventud hizo estragos con nuestros corazones, nos volvimos locos el uno por el otro. Nada pudo contenernos, ella era una muñequita, chiquita, dulce, era una mujer en un cuerpo de adolescente, con unos ojos oscuros inmensos que brillaban como dos luceros, una boca fresca y roja como una fruta que me volvía loco por devorarla, y que fue sólo para mis besos. Yo era un chico medio alto (todavía estaba creciendo ahora soy mucho más alto) tenía, pelo oscuro, medio pecoso, con una nariz muy bonita, recta, perfilada, y bueno era así, no lo voy a negar, era un chico lindo.

Nuestra historia duró como un año, cumplimos juntos los catorce, nuestro lugar preferido era el zaguán de la casa de ella, para abrazarnos, besarnos, y ... bueno... poco faltó para llegar al desenlace final. Pero no pasó porque todavía yo era un mocosito y no sabía bien cómo podíamos llegar a la culminación final de nuestro deseo (o calentura como vulgarmente muchos prefieren decirlo) era así, teníamos la edad de las hormonas revueltas, la edad de la primera vez. Dicen siempre así, "el primer amor nunca se olvida" y que verdad encierra esa frase. A ese club pertenecimos mi noviecita y yo.

Como todo en la vida nada dura para siempre.  Esa locura, ese amor desenfrenado, llegó a su triste final,  fuimos como un Romeo y Julieta de los años sesenta, no tuvo un final de muerte, pero tuvo el fin de la separación, nos descubrieron dos o tres veces dando rienda suelta a nuestros besos ardientes, la sirvienta, la hermanita que se yo, (como las odié después) total que nuestros padres lo supieron y decidieron ponerle punto. Nos separaron para toda la vida.  A todo el mundo le parecerá una estupidez, para ella y yo es y sigue siendo una tragedia. Marcó nuestras vidas de forma  traumática y definitiva. Y aunque a nuestros padres que ya están muertos les pese, no lograron su objetivo. Nos separaron en esa realidad de hace tantos años, pero nunca lo lograron en el olvido, ni en nuestro pensamiento. Y ahora les voy a decir por qué.

Bueno, para finalizar la primera etapa, a ella la internaron en un colegio de monjas, (que doloroso fue), que crueldad para una criatura de catorce años y para un chico que con toda su impotencia no podía hacer ni resolver nada. Habrán tenido sus razones, quizá para que ella no saliera embarazada. Pero de todas formas, se extralimitaron, creo que no se dieron cuenta de los crueles que fueron con los dos. No le guardo rencor a nadie, ya perdoné lo que tenía que perdonar. Ese último día la acompañé con sus padres hasta el colegio de las monjas que quedaba en la loma del diablo, y después que la dejamos su padre me fulminó con la mirada y mejor no digo lo que me dijo... en pocas palabras me desterró, me sacó de sus vidas. Me prohibieron volver a verla. Me fui con la cabeza baja, con el alma desolada, sin rumbo, sin horizonte. Y a partir de ahí mi vida fue un desastre que no viene al caso contarla.

Nunca más la volví a ver, no sé cómo ni cuándo me envió una cartita de despedida, donde me ponía entre otras cosas que su vida sin mí no tenía sentido. Y la mía sin ella tampoco la tuvo, pero nunca se lo pude hacer saber. Lloré como un hombrecito, estreché la carta sobre mi pecho tratando de arrancarla de mi amor, sabiendo que sería imposible, y la quise, y la amé más que nunca. El primer amor nunca se olvida, deja un lazo indestructible, no hay barreras, ni distancias, que los destruyan, el mismo tiempo lo hace más fuerte.

Ahora después de casi cincuenta años volví a tener noticias de esa niña-mujer que ahora es una mujer mayor, casada, con hijos y nietos. Me contaron que estaba cerca de mi pueblo y algo loco se apoderó de mí. Será porque ahora estoy separado, solo como un perro, y siempre sin rumbo fijo. Me fui a verla, estuve días esperando el reencuentro, días que se me hicieron una eternidad, matándome  la ansiedad, la angustia y el desespero de volver a verla. ¿Cómo estaría? Mas vieja, y yo también,  claro, ¡no me importaba nada!, las arrugas y las canas no cuentan, tenía que verla o reventaba. La vida nos estaba dando esa oportunidad única que no se la da a cualquiera. Bendije a Dios, a la misma vida, me sentí un elegido, qué pasaría cuando la viera ya lo sabría en su momento. Cuando llegó el día, me miré al espejo, y volví a ver mi rostro de quinceañero, de enamorado, de Romeo de los sesenta, me vino a buscar un amigo y nos fuimos. El camino fue otra eternidad hasta donde la encontraría. Iba a tenerla en mis brazos nuevamente, sentiría ella lo mismo? Algo en mi interior me decía que sí. Al llegar, me abrieron la puerta, mucha gente reunida, no me interesaba saber quiénes eran, mis ojos solamente buscaban a mi mujercita adorada, ahora una señora.

 …Busqué desesperadamente con los ojos y allí estaba… detuve mis ojos ahí, quedamos paralizados como si el tiempo no hubiera pasado, mirándonos como hace cincuenta años. ¡Cincuenta años! Otra eternidad había pasado entre nosotros, ya ni me acuerdo que nos dijimos, nos fundimos en un abrazo que nos hizo sentir, revivir que todo aquello seguía ahí, latente entre nosotros. El capítulo final no había sido escrito todavía. Había tanta gente entre nosotros que no tuvimos oportunidad de nada… pero esta vez no me callé, esta vez nadie me atajaba, aunque alguien se revolviera sobre la tumba, le diría que la amaba, que siempre la había amado, que era y seguiría siendo la mujer de mi vida, ya está, se lo dije, se lo grité sin pudor, sin prejuicios, no había más que decir. Esa era mi verdad, le doliera a quien le doliera. Y ella también sorpresivamente me devolvió un “también te amo”. Sentí el corazón quería salírseme del pecho. Poco me faltó abalanzarme sobre ella y hacerle el amor ahí delante de quien fuera. Ante todo soy un caballero, me contuve y lloré por dentro de felicidad. Cuando la pude ver detenidamente, vi su rostro adulto que los años cambiaron, pero en el fondo de sus ojos, vi el mismo brillo de sus catorce años, eso me hizo amarla, saber que nada había cambiado entre ella y yo.


….Hoy la vida sigue siendo injusta con nosotros, esa fue una corta noche de reencuentro, de miradas que nos cruzamos, de rozarnos la piel, de abrazarnos, de tomarnos la manos, de un beso de encuentro y despedida que quedó ahí… asomado… desesperado… suspirando quedo en nuestros labios. Esa noche la volví a encontrar y la volví a perder. No pude entender porqué me pasaba esto a mí. Siento rabia conmigo, con la vida, con todo el mundo, rabia de tragarme este deseo de apretarla contra mí, de que aún sigamos siendo un amor prohibido. Cuando quise acordar ya no estaba, se había desvanecido, nos prometimos amarnos para siempre, no olvidarnos, escribirnos, mas sin una esperanza, sin una ilusión que alimentar, porque todo este amor preso en nuestra piel sigue siendo más prohibido que nunca. Se fue y aquí me quedé con este frío de invierno y del alma, estrujando su foto y su recuerdo junto a mí. De todo este dolor de hombre me queda una certeza: sigue siendo mía, sólo  mía, nos seguimos perteneciendo el uno al otro. Es el único sentido que me queda en esta vida para seguir caminando, con su amor, con su recuerdo y con el brillo de sus ojos declarándome su amor. Aquí estamos mi perro y yo preguntándonos por esta soledad, esperando no sé qué, una llamada, una carta, u otra mueca del destino que la regrese a mis brazos otra vez.

sábado, 3 de agosto de 2013

FINAL

The most lasting love is unrequited love " W. Somerset Maugham


Fue un algo que no llegó a romance, algo que duró tan poco tiempo, cuando pude reaccionar estabas lejos, en realidad nunca estuviste cerca, pero  por esas cosas el destino te trajo a mí, sin preguntarme, sin pedirme permiso, fue algo que no se pareció al amor, ni a la ilusión, sólo una pequeña alegría que quiso instalarse en el corazón, para restarle un poco de soledad, de rutina; el insomnio igual me hacía trampas, estabas en mi cabeza, en mi mente, me preguntaba que llegarías a ser, cuánto tiempo estarías; los latidos en mi pecho parecían explotar. Aún me sigo preguntando, que pasó? ¿Acaso te soñé? ¿Te imaginé? O fuiste un loco impulso que no me llevó a nada. Era feliz. Esa era la única certeza que tenía.
De repente, no sé qué  hubo, una confusión, un malentendido, una palabra mal dicha, una respuesta que no llegó, ¿algo así puede alejar a dos que quieren forjar un sueño? El alma se me llenó de dudas, de desconcierto, de repente todo fue silencio… de repente sentí como un rencor oculto, absurdo, sin palabras, que me quería hacer sentir culpable. ¡Ilusa de mí! Cómo no recordé que las ilusiones tienen alas cortas. Como tantas veces olvidé que la palabra ilusión es palabra prohibida en mi diccionario. Tuve la necesidad imperiosa de pedir perdón, pero ¿qué debes perdonarme?.
Aún no encuentro la causa de mi supuesto crimen. Tal vez mi crimen fue no hablar el mismo lenguaje,  aunque pensé que hablábamos una misma lengua, que teníamos un mismo anhelo.  Mas en cuestión de minutos, de segundos, el castillo de naipes se derrumbó, no más palabras, te desintegraste en el aire, sin despedidas, sin excusas. Y allí me quedé sentada. Petrificada en la silla. Sentí sólo una pesadez en los párpados, como si en cualquier momento mi cuerpo fuera a desplomarse en el piso. Me había quedado sin fuerzas, la tensión de mi cuerpo atravesó el suelo. Supe que hasta en mi salud habías causado estragos. Retomé algo de fuerzas. No dejaría que me hicieras esto. Ni siquiera eras amor, ni siquiera eras una fiel amistad. ¿Qué eras? ¿Sólo querías herirme?  Me fui a casa. Me derrumbé en la cama, allí estaba a salvo de ti, mas allí recordé cuando me diste ese poquito de felicidad, y simplemente lloré.

Hoy es otro día más, otro día que me da más valor para superar esta nostalgia que quiso devorarme, otro día más de tu ausencia, otro viernes más en que el olvido te llevará al limbo como a otros recuerdos. Aunque en el corazón te quedes tatuado, como un pequeño barquito navegando por los mares de la ilusión. Y tus ojos marinos se hundirán en el horizonte dejando una estela indeleble en el mar de mi tristeza. Mañana me levantaré volviendo a la rutina de esta vida, donde ya no hay nada que buscar ni que esperar. Nada más me diré a solas, cuando el corazón me pregunte qué me pasa, que me está viendo llorar. Le responderé muy despacio para que nadie escuche: será porque tenemos que reconocer fiel amigo, que él fue otra equivocación más…