viernes, 23 de octubre de 2009

DE LAS HORAS


De las horas si sabré yo, de esas horas lánguidas que mueren agonizantes, mirando las agujas del reloj, viendo pasar un tiempo gris, gris como esta vida rutinaria, esta vida de solitaria jugando solitarios; acortando las esperas con un poco de Bach y otro poco de Troilo; de esas horas podría yo hablar, porque mujer como yo no habrá, ¿habrá? que huya tanto de la soledad, inútilmente... porque sería como escapar de una telaraña, sus tentáculos vuelven a atraparme desde las paredes, desde este silencio sepulcral que quiebra el quejido de un bandoneón; mi soledad la consuelo a veces con unos buenos tangos, horas de la soledad, de la nostalgia, de la oscuridad del alma.
Horas claras, horas oscuras, que cuento con las manos secas de hastío, que cuento con el corazón estrujado de esperas, de ilusiones muertas, de recuerdos viejos, horas que son solo mías, que arrastran mis pasos recorriendo el pasillo, barriendo las hojas secas del patio que amontona la brisa, horas que aguanto con el calor del mediodía, cuántas formas diferentes de pasar las horas, repetidas, aburridas, descoloridas, sin esperar nada.
Están también esas horas que retroceden con la memoria, mirando fotos, notas, cartas, todo lo que encuentro cuando desempolvo el pasado archivado, evocando esos años que se fueron, esos días que fueron más felices y que no atesoré; las horas que amé, que olvidé, que lloré. Que lástima que no las conté para saber exactamente cuantas horas he vivido, las que me faltan por vivir ni las quiero saber. Son las nueve y veinte, que rápido se van las horas, esperando qué? vaya a saber, una llamada, alguien que se acuerde de mí, algo que rompa la rutina de las horas, un soplo de brisa que alivie el calor, a lo mejor se va la luz (es lo que menos desearía), o un temblor de tierra que sacuda esta quietud, el silencio de mis horas. Tal vez espero que venga él...pero cuando yo escribo él duerme, cuando yo duermo, él va a su huerto, o estará en su pueblito, quizá pensando en mí como yo en él... El...sin nombre, sin futuro, él sin mí, yo sin él.
Estas son mis horas preferidas, las de las seis y media a las nueve y algo, sosteniendo una luna llena entre mi corazón y los recuerdos, quizá escribiendo un poema o pavadas como ésta; nada más que para animarme a mirarme un poco adentro y vomitarlo; son las horas en que hablo a solas, en que enciendo mi computadora y espero a que pasen las horas; horas de horas, es de lo que más puedo escribir, tecleteando como una loca, dejando salir el torrente de las palabras, rellenando espacios, rellenando horas, qué podridas son las horas que no me traen nada, que no me dejan saber cual es el futuro; que me separan de él...
Tengo media hora para ponerle fin a este testamento de horas en que escriben mis dedos neuróticos dejándose llevar por mi cerebro esquizofrénico de tantas horas sobre este teclado manchado y añejo; (mañana a primera hora lo cambiaré por un nuevo). La pucha... después de releerme ¿yo escribí esto? debí estar rayada, con esta soledad mañosa, que me está esperando para ver la novela de las diez, y despues una película vieja que grabé, Leave her to heaven (Que el cielo la juzgue) y si todavía no tengo sueño... tengo que aprovechar las horas... leeré el libro que está en mi mesa de luz.
Así seguirán transcurriendo las horas, todas iguales, igualitas, las del lunes, las del martes, las del miércoles, las del jueves, las del viernes, etc. etc., me alegran cuando se van, me deprimen cuando tardan, me desesperan cuando no llegan. Horas de mi desespero, de mi infortunio, de mi desolación, de mis cincuenta y cuatro, de mi desamor, qué de horas arrastra este cuerpo, contando y contando, lo que se fue, lo que perdí, lo que no vendrá, lo que no tengo ni tendré, horas de vida, horas de esperas, horas de muerte, horas que ora el alma a ese Dios impío que no me oye en las peores horas. ¡Perdón Dios mío, perdón!
Ya no son horas, son minutos que acortan este tiempo que cierra la mente, cerraré la luna de mi ventana, son casi las diez, el cansancio de esas horas me agotó, esperé a ver si venía él, seguro que al alba lo veré, cuando comienze a contar otra vez el reloj, carrusel imparable de las horas, volveré...a la madrugada porque sé que estará él....contando esas horas como hace mi corazón esperandolo a él.